Onirika ¿Sueño o pesadilla?

sábado, 14 de mayo de 2011

TIJUANA, BC. 14 de Mayo (apro).-Pasamos la mitad de nuestras vidas durmiendo, y de ese dormir sólo durante ciertos periodos se sueña. La fase MOR o de movimientos oculares rápidos (REM en inglés) sigue siendo un misterio científico. Se sabe que durante ella se pierde el tono muscular, la actividad cerebral se incrementa al grado de que es similar a la vigilia y los ojos, sin abrirse, se mueven alocadamente. Pero de lo que pasa en el cerebro y en el alma, nada.

         Dentro del mundo onírico, afirmaron Freud y Jung, se encuentran símbolos personales y colectivos que revelan aspectos del subconsciente. Reprimido en la cotidianeidad de la vigilia, durante la fase MOR, éste se da vuelo para traer desde el pasado vivencias que se creían olvidadas, aspectos premonitorios, resolutivos. Es otro universo.

         Onirika: Historia de una ciudad que no duerme de Gregorio Coral, interpretada por el colectivo Subterráneo Danza Contemporánea en el teatro del CECUT, es una producción que según su autor “es un discurso metafísico donde el sentido común y lo absurdo están separados por una frágil y delicada línea, como metáfora de las relaciones humanas”.

         Pero no es así, Onírika,  en estricto sentido aristotélico, es una imposibilidad metafísica que implica la contradicción de que una cosa sea y no sea al mismo tiempo.

         Es decir, que en este limpio trabajo de Coral, no se sabe cuándo se está en una pesadilla, cuándo se duerme y cuándo se esta despierto. La existencia ha entrado al caos y la entropía de las acciones implica que toda y cada una de ellas tiene un significado oculto que sólo el espectador podrá adivinar.

         Pero como se trata del sueño MOR de Coral, es claro que él y su grupo de bailarines proyectan sus propios miedos, enuncian sus verdades más terribles sin darse cuenta.

         Interpretación correcta, diseño de producción acertado, diseño de luz efectivo –la atmósfera onírica es precisa--, vestuario que acentúa la acción, etc. La pieza de Coral merecería verse en otras latitudes más allá del Festival Cuerpos en Tránsito que mañana llegará a su fin