El animal rebelde de Burdon

domingo, 22 de mayo de 2011

MÉXICO, DF., 22 de mayo (apro).- En una fiesta contracultural convirtió  Eric Burdon el Club Bleu la noche del sábado desatando los Animales del Rock que reposan en el inconsciente colectivo esperando ser convocados por la música para volver a ser Lobos Esteparios salvajes unidos por el rito de una voz que removió fibras emocionales tatuadas en los huesos de la audiencia.

Desde el inicio el orgasmo musical que no disminuyó de intensidad y llegó a varios clímax, hizo olvidar al respetable la incómoda espera de hora y media de retraso. Estamos hasta la madre, se escuchaba, parafraseando al poeta Sicilia.

La Voz de Eric Burdon conserva los bajos profundos que proyectó desde los sesentas y que ahora muta en un bramido musical, una herida del blues, "un llamado a ser siempre joven" que confirma la frase de García Márquez "la edad no es la que uno tiene sino la que siente".

La primera canción When I was Young, fue el primero de muchos himnos generacionales como La Casa del Sol Naciente y Noches de San Francisco que conmovieron a la audiencia y la remitieron a un tiempo sin tiempo de valores esenciales que se extrañan ahora en un mundo calculador y mercadotécnico deshumanizado.

El animal rebelde de Burdon está intacto y congruente con su carga histórica de Leyenda Viviente del Rock de los Sesentas. Su atuendo suelto y tropical hizo recordar a Goldfinger cuando le advierte al 007, No espero que cante, sino que Muera.

Asi mató Burdon a base de buen rock rebelde, la inercia que el tiempo acumula en las vidas de las gentes orilladas a vivir dentro del sistema por razones de supervivencia.

Cuando apareció La Casa del Sol Naciente la familia rockera aulló, coreó y se estremeció. Los solos de la guitarra y los teclados, renovados y ampliados dejaron ver el virtuosismo y la consistencia de los músicos, una banda de potencia y bríos acordes a The Animals de la era post moderna.

El final se convirtió en el vuelo de un águila con la pieza Piloto Espacial, donde se sintió el espíritu ya a esas alturas volatizado por acordes de séptima y ampliados por el alma del blues progresivo experimental.

La textura sonora a piacere y adlibitum de la sapiencia de los maestros de la música más la presencia auténtica voz cavernosa y metálica de Eric Burdon, hicieron de este concierto una fiesta inolvidable para los sentidos, los oyentes y el corazón de una generación condenada a permanecer siempre joven.

 

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