Estrena "Post mortem", los días del golpe a Allende

A dos semanas de que en Chile sean exhumados los restos del presidente Salvador Allende para determinar si fue asesinado por militares, se proyecta en México la nueva película de Pablo Larraín (Santiago de Chile, 1976) Post mortem, que sostiene la versión más aceptada: el suicidio. MÉXICO, DF., 3 de mayo (Proceso).- El chileno Pablo Larraín filmó su tercer largometraje, Post mortem, con la intención de descifrar lo que pasó en su país los días que rodearon al golpe militar contra el gobierno de Salvador Allende en 1973, “pero la conclusión es que no comprendo nada”. A decir suyo, “era un paseo sin destino y sigue siendo interesante, porque es un proceso político y social que marcó la historia de Chile de una manera muy fuerte, y eso me importa”. Ganador como el mejor filme iberoamericano en la 26 edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, Post mortem estrena en el Distrito Federal y Guadalajara desde el pasado 29 de abril, para después recorrer el resto de la República Mexicana. También en ese festival, la cinta obtuvo los premios a mejor actor (Alfredo Castro), mejor fotografía (Sergio Armstrong) y una recomendación especial para ser considerada en los próximos Globos de Oro. Su exhibición internacional fue en agosto de 2010 en el Festival de Cine de Venecia. Ya se estrenó en Chile, Francia e Italia. Sigue su proyección comercial en Alemania, Bélgica, Holanda y Reino Unido. Luego, Estados Unidos y Canadá. En Chile, durante la segunda quincena de este mes se exhumarán los restos del presidente socialista Salvador Allende a petición de sus familiares, para establecer si fue asesinado en medio del golpe de Estado que encabezó Augusto Pinochet en 1973 o se suicidó, como sostiene la versión histórica. Justo en la película hay escenas en una morgue donde se le practica la necropsia al cuerpo de Allende y a cientos de civiles liquidados. Allí, una doctora forense cree que Allende fue asesinado y el personaje principal de la historia Mario Cornejo (Alfredo Castro) argumenta que se suicidó.   Un caso vigente   Larraín, nacido en Santiago de 1976, cuenta vía telefónica que le interesa “aproximarme desde un encauce más fantasmal, que dé batalla revolucionaría; merodear algo con lo que crecí escuchando, que no conocí ni viví, de alguna manera era pretender aproximarse a un fantasma y ver si lo podía contactar o espantarlo, pero no creo que sea posible”. El actor Alfredo Castro cree que directores jóvenes como Larraín “han hecho largometrajes que vale la pena ver, no sólo de cosas dolorosas de Chile, sino en varios países”. Larraín estudió comunicación audiovisual en la UNIACC. Es socio fundador de Fábula, compañía dedicada a la producción de cine, televisión y comerciales publicitarios. En 2005 dirigió su primera película larga, Fuga; y en 2007 la segunda, Tony Manero, las cuales obtuvieron varios reconocimientos en festivales internacionales. Post mortem es una producción de Canana (México) y Fábula (Chile). El caso de Allende fue reabierto en Chile el 27 de enero pasado, luego de que la fiscalía dispuso indagar la muerte de, al menos, 726 de las más de 3 mil víctimas que dejó la dictadura y de las que nunca se realizó una investigaron judicial, entre ellas, la del propio Salvador Allende. Para el 15 de abril, el juez Mario Carroza fijó el peritaje para que sean analizados por forenses del servicio médico legal los restos de Allende en la segunda quincena de este mes. El cineasta comenta que lo único que existe es un informe de autopsia de Allende; pero no hay peritajes ni sentencia judicial que permitan saber exactamente qué aconteció: “Se reabre el caso y está pasando un montón de cosas que coinciden con el tema de la película. Me parece muy sano, sobre todo para la familia de Allende y tal vez para toda la sociedad, saber un poco más de lo que sucedió. En su momento, los militares intervinieron todo el poder judicial y todo el sistema, y por lo tanto no fue posible saber qué ocurrió.” –¿Usted cree que el presidente socialista se suicidó o lo mataron? –No tengo ninguna duda de que se suicidó, al menos que haya información nueva, que cambie el curso de todos los hechos, pero lo dudo. Creo que la conclusión será esa. –Pero usted en la película es neutral, no está la opinión suya de que se suicidó. ¿Por qué? –Porque Post mortem es un merodeo en torno a un tema, no es un panfleto. No es un largometraje que intente instalar un discurso determinante, final, sólo se intenta mostrar algo que conmueve y que resulta extraño. Cualquier forma de guerra civil o cualquier golpe de Estado, donde aparece un grupo militar armado y empiezan a eliminar sistemáticamente a gente, es tan absurdo, tan inmoral y tan violento...   Juan Pablo II y Pinochet   El juicio histórico “ya está hecho”, añade Larraín: “En el caso de los muertos, la película se queda corta. La mayoría de las personas que cometieron los crímenes caminan por la calle libremente. Hay un estado de impunidad porque están libres y eso me parece una vergüenza, y la cinta intenta denunciarlo.” –En el filme usted ofrece un panorama que no es claro con respecto al golpe de Estado, y hay mucha desolación y personajes sin futuro, ¿por qué? –La película está instalada es un espacio de desconcierto, esa es la palabra que más define ese momento de 1973, me imagino porque yo nací tres años después. Los personajes de la cinta piensan que el entorno político no les afecta en su comportamiento y su manera de ver las cosas, pero sí les afecta. Es imposible negar el proceso político de un país, por mucho que no te interese siempre te afecta de una manera inconsciente. –En  Chile, ¿qué comentarios generó Post mortem? –Es una filme que produce opiniones muy polares, muy pocas medias tintas, a la gente le gusta o no, pero no produce indiferencia, eso es lo peor que le puede pasar a un filme. –¿Qué opina de que Juan Pablo II, beatificado este 1 de mayo, apoyó a Pinochet? –No sé si la palabra sea apoyarlo. El Papa vino a Chile en 1987 a hablar con el pueblo chileno; pero no tengo constancia de que apoyaba al dictador… “De lo que sí tengo constancia es que siempre supo lo que estaba pasando con Marcial Maciel y con un sacerdote chileno que cometió una serie de agresiones sexuales a personas que estaban cerca de él. Juan Pablo II me parece un personaje bastante delicado. Es una persona muy valiosa; pero en la medida de que uno se empieza a enterar de cosas como estas, sobre todo lo de Maciel, que me parece espeluznante, me parece muy malo todo.” También habla sobre el poeta chileno Gonzalo Rojas, fallecido el pasado lunes 25 de abril: “Es una enorme pérdida para la poesía en español, incluso mundial. Es uno de los grandes chilenos porque afortunadamente es un país que ha dado a Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Enrique Lihn, y tantos más. Rojas, en mi opinión, fue un poeta bastante clásico; pero, al mismo tiempo, sus grandes poemas son en torno al amor y eso siempre es valioso.” Por último, Pablo Larraín manifiesta a Proceso su deseo porque la situación de México con el crimen organizado “se solucione pronto”.  

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