De verdad y ocultamientos

jueves, 16 de junio de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Respetados vivientes: van a perdonar mi vanidad, pero considero que tengo motivos suficientes para mostrarla e incluso alardear de la misma, pues yo fui aquel que en los inicios de los 40 del siglo pasado hice época porque discutí, puse en tela de juicio y hasta negué la tesis de Marx de que el comunismo desbancaría al capitalismo como forma social, por lo que fui celebrado y muy comentado por los capitalistas y sus partidarios… lo que no hicieron con otras de mis teorías tan importantes como la citada. Servidor, razonando como economista, esto es, con la idea de que los hechos económicos son los que rigen la evolución de la historia, pronostiqué que la sociedad capitalista tendría que desaparecer en el futuro, como también lo profetizó Marx pero, a diferencia de él, señalé que no sería sustituida por el comunismo y mucho menos por la dictadura del proletariado. ¿Las razones? En primer lugar, para crear una sociedad comunista es preciso que todos sus integrantes tengan un espíritu de colaboración y abnegación verdaderamente seráfico, esto es, un espíritu muy superior, como nunca se ha dado ni demostrado por el grupo que gusten y manden en el curso de la historia, y un grado de educación y conocimientos igual para todos, hecho que nunca se ha visto. (¿Ustedes creen que se verá algún día?). Esa es una, entre otras, de las razones por la que los obreros no tiene ni pueden tener preparación suficiente para hacerse cargo de la dirección de la sociedad, ya que la sociedad capitalista no les ha dado la oportunidad --¿se las dará algún día?— de que, como clase, adquieran esa preparación; oportunidad que sí le dio la sociedad feudal a la burguesía, la de ir estableciendo progresivamente su dominio e iniciarse, poco a poco, en el ejercicio del poder. El trabajador, como clase, insisto, no ha tenido ni tiene esas facilidades. Todas estas razones de peso contra el marxismo y un futuro triunfante de los obreros, como dije, fueron muy celebradas y comentadas por los capitalistas y sus partidarios. Igualmente fue muy aplaudida por las mismas personas mi teoría de que la sociedad futura sería dominada por una nueva clase privilegiada: los directores (manager-class) –o como quieran llamarlos; ejecutivos, funcionarios, gerentes, etcétera— de las altas burocracias del Estado, empresas, sindicatos o de cualquier otro tipo, individuos que no son capitalistas ni propietarios ni accionistas, sino personas que toman decisiones y administran recursos financiero, empresas y mercados desde un punto de vista técnico. Formarán una nueva clase privilegiada porque controlarán, en menor escala que el resto de la población, el acceso a la concesión de préstamos e inversiones y administrarán los medios de producción y la distribución de productos, bienes y servicios, todo lo cual les dará mayor poder que el de la clase burguesa, por lo que llegarán a controlar tanto la vida económica como la vida política de la sociedad, ya que la clase burguesa, por su parte, cada vez más tiende a desinteresarse de los negocios y prefiere pasar su tiempo en sus yates, playas, casinos y en reuniones de la alta sociedad. Los ricos y los que se alimentan en sus comederos, también festejaron esta teoría de este servidor, pues, de alguna manera, les liberaba de tener conciencia culpable… si es que la tenían… y les daba la oportunidad de descargarse de responsabilidades en otros; en los administradores de los negocios. Su buen juicio, respetados vivientes, les dirá, ante los hechos, si en ese su tiempo se han o están cumpliendo mis predicciones y, por lo tanto, si tengo o no motivos para envanecerme como profeta. Algo me molesta, lo confieso, y es que los capitalistas y sus partidarios no mencionaran mayormente lo que dije en mi libro The managerial Revolution: que la permanencia de los gobiernos burgueses y la aparición de la nueva clase privilegiada de los ejecutivos, directores o funcionarios, como quieran llamarlos, se debe a que “ya no son suficientes las barricadas, las espadas y los mosquetes para hacer frente a los tanques, las ametralladoras y los bombarderos”; igualmente me molesta que esas mismas personas no hicieran ni hagan mayores comentarios sobre mi pronóstico de que la sociedad de los directores sería en sí más tiránica que la capitalista y la misma tendería cada vez más a ser fascista en lo político y lo económico. Respetables vivientes: ¿cuál es su juicio sobre lo que les he expuesto en la presente? Antes de expresarlo, les pido por favor que vean, si así no lo han hecho, el documental titulado DINERO SUCIO, del estadunidense Charles H. Ferguson. Gracias por adelantado. Con la debida consideración que merecen, de ustedes. JAMES BURNHAM

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