Georges Brassens o la libertad

jueves, 16 de junio de 2011 · 18:20
MÉXICO, D.F., 15 de junio (apro).- Desde el 15 de marzo y hasta el 21 de agosto, La Cité de la Musique de París (La Villete) recuerda tres décadas sin Georges Brassens (1921-1992), uno de los chansonniers consentidos de toda Francia y cuyas 200 obras poeticomusicales grabadas se vieron enriquecidas con el reciente descubrimiento de varias inéditas suyas en la exposición Brassens o la libertad, a cargo de Johann Sfar. En La Villete se habían expuesto anteriormente muestras de varias figuras emblemáticas de la música francesa y mundial, como We want Miles (Acerca de Miles Davis, en octubre del 2009), Gainsbourg 2008, John Lennon, unfinished music (2005), Pink Floyd Interstellar (2004), y Jimi Hendrix Backstage (2003). La Cité rinde ahora homenaje a este monumento de la canción popular gala. Brassens tendría actualmente 90 años de edad. Entre sus canciones más recordadas se encuentran: “El gorila”, “Los amores en las bancas públicas”, “Bajo mi árbol”, “La canción del Auvergnant” y “Marinette”. El hombre de bigote y pipa está instalado en la memoria colectiva con una imagen a la vez paternal y un tanto descuidada; es tiempo de redescubrir en Brassens o la libertad al individualista campirano y anarquista letrado quien detestaba la fama, al amante de los gatos y fino musicalizador para comprender su arte mayor. El dibujante Sfar (director del largometraje Gainsbourg: una vida heroica) y la periodista Clémentine Deroudille trasmiten su pasión por Brassens en una secuencia de un recorrido lúdico y, a la vez, didáctico; van incitando al espectador a deambular por un bosque lleno de árboles donde se van descubriendo un montón de documentos y sorpresas nunca antes publicados y otras gemas prestadas por la familia y amigos del cantor para esta exposición; recreación de imágenes televisuales, fotos, guitarras… La escenografía de esta primera retrospectiva dedicada al artistas se le confió a los decoradores cinematográficos galos Christian Marti, Antoine Fontaine y Gladys Garot, quienes han imaginado una pantalla inmensa llena de materiales desplegables donde crearon un mundo de atmósferas virtuales, cuyas estrellas son las fotos del rostro de Brassens inmortalizado por la cámara de Robert Doisneau, Jean-Pierre Leloir y Pierre Cordier. Los diseños de Joann Sfar se reparten por doquier y la puesta en escena alterna con grafismos de Philippe Ravon, que sirven de diálogo amable y maravilloso entre los sonidos de sus canciones. Así se va reconociendo al Brassens que uno ama y se devela el inédito cantautor de los archivos sonoros que armó Clémentine Deroudille, en una pléyade sonora del universo musical seleccionado Olivier Daviaud, ilustrado por un legajo de escritos jamás antes publicados. En Brassens ou la liberté (título original), los niños pueden hacer aquellas cosas que normalmente se les prohíbe en otros museos: robarse algunas joyas del cantor, jalarles la cola a los gatos del autor, tocar las reproducciones de sus guitarras y dibujarle bigotes o pipa a sus retratos. La experiencia es, por lo tanto, una sorprendente diversión para los infantes. Asimismo, hay miniconciertos que se vienen celebrando los fines de semana en La Villete, para gozo popular del visitante. Un tributo merecido al inolvidable Georges Brassens en La Villete.    

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