¿Rey en peligro?

miércoles, 22 de junio de 2011
MEXICO, D.F. (apro).- Queridas apariencias de la perfección que soy: en verdad que me satisface el ver y comprobar que, de manera directa e indirecta, están viviendo una reivindicación de las posibilidades que por siglos fueron. En esa realidad que viven los humanos, la del dominio de la cultura de la imagen, ganados por y hundidos en los dichos “más vale ver una vez que oír ciento”, “dice más una imagen que mil palabras” y otros parecidos, fueron llevándolos a un desafecto constante de lo que ustedes pueden y han sido por centurias para ellos; qué bueno que los creados a imagen y semejanza de la divinidad se están dando cuenta de la importancia de ustedes. ¡Ya era hora! Lástima que es su renovado interés por las posibilidades que ustedes encierran y ofrecen se deba a la intranquilidad e incluso alarma causada por su futuro, sus niños y adolescentes, al ver y comprobar que los mismos, por lo general, se expresan oralmente con pobreza, que tienen dificultad para exponer sus sentimientos e ideas por escrito, el ver y comprobar que con harta frecuencia sus vástagos se sienten como náufragos a punto de ahogarse ante la palabra escrita. Averiguarás que sus hijos, seducidos por la imagen, por los medios audiovisuales, ya no disfrutan tanto como sus mayores del trato con las palabras en forma de letras, de las palabras impresas, que no pocos de ellos poca o ninguna relación tienen con ellas y que no faltan los que las rechazan porque dicen que los aburre. Alarmados, están descubriendo que ahí está el motivo, en el desafecto cuando no indiferencia y rechazo a la palabra escrita, se debe en gran medida el que tantos de sus hijos sean incapaces de enfrentarse de manera eficaz a las mismas, esto es, analizarlas e interpretarlas de manera competente, reflexiva, crítica, lo cual les impide en gran medida a que puedan ir formando su propio criterio, su propia manera de pensar el mundo que heredaron, en el que viven, lo que poco o nada les posibilita su toma de decisiones y de acción acertadas o convenientes, y cuando así proceden corren el riesgo de hacerlo de manera impropia aunque les asista la razón en el mejor de los casos; en el peor, que se equivoquen, que no la tengan, cayendo así en el peligro de que, en ambos casos, ni sean atendidos ni entendidos y, en consecuencia, se sientan minimizados, frustrados y que esto les lleve al resentimiento y al deseo de desquite, actitudes todas que en poco o en nada va a ayudarlos a ser sujetos y objeto del tejido de la comunidad y sí a todo lo contrario. Me alegro que así sea, no por espíritu de malignidad, no, sino porque esos hechos están haciendo que los confusos y confundidos humanos se estén volviendo más conscientes de lo que su filosofía del lenguaje ya había descubierto tiempo ha, de que “la palabra, abstracción suprema, es el único signo omnievocador y omnisignificante, mientras que la imagen, lo visible, por concreto y limitado le va a la zaga”. Ante estos acontecimientos y otros parecidos, queridos reflejos de la sólida verdad que soy, se puede afirmar que su reinado sí está en peligro, mas no se apuren ya que no es de muerte. Creo que lo más que les va a pasar es que, en vez de reyes absolutos que fueron durante varios siglos en eso de contribuir al registro en forma precisa, eficaz y permanente de las necesidades, tomas de decisiones y hechos de los humanos, están pasando y terminarán por ser algo así como reyes institucionales, o sea, que tendrán un poder limitado, un poder que van a tener que compartir con otros medios de comunicación e información: radio, foto, telégrafo, teléfono, cine, Internet. ¡Animo, no se me arruguen! Su permanencia, aunque un tanto mermada, está asegurada, ¿pues quién como ustedes puede ser tan manejable, con tanta economía de medios y con tanta permanencia? Y si eso no fuera suficiente, está que todos los otros medios de comunicación e información, de un modo u otro más que otros, participan de la evanescencia de la palabra, del lenguaje oral, a lo que hay que añadir lo que dijo un célebre escritor, Jorge Luis Borges: que “no podía imaginarse un mundo sin ustedes… por ser una extensión secular de la imaginación y memoria” del hombre. Por eso, como despedida, les digo: ¡ánimo y adelante!, pues todavía hay muchos como Borges, por lo que ustedes como servidor, tenemos una larga vida. EL LIBRO PLATONICO

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