"Volupta"

martes, 28 de junio de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Tres mujeres en un Table Dance bailan, esperan a los clientes, pelean, se cuestionan, se resignan o anhelan un cambio de vida. No hay mucho que hacer en un espacio vital tan restringido donde el futuro es muy corto y su llegada se debe principalmente a situaciones límite. Las actrices de Volupta se lanzan con atrevimiento a interpretar a estos personajes y bailan, hacen streaptease y expresan, al mismo tiempo, su mundo interior. Difícil reto del que salen airosas. En Volupta, de Luis Santillán, con las actuaciones de Vicky de Fuentes, Nubia Alfonso e Iliana Muñoz –esta última también directora de la obra–, se muestran tres formas de vida que confluyen alrededor de un objeto base: el tubo para bailar, punto de reunión, objeto que abrazan, escalan, mojan y donde entregan su vida. La historia parte de la llegada al Table de Agatha, la nueva bailarina, la cual es rechazada por las otras al temer ser suplantadas por ella. Ninguna le dedica tiempo para enseñarle a bailar y ella tiene que hacerlo por imitación después de haber pasado una desagradable experiencia de selección; Maia, que viene del baile clásico, lo único que quiere es irse de ahí y probar fortuna; trata de convencer a Raica, bailarina brasileña, para que vayan a su país y hacer un negocio, pero Raica es la estrella del Table, con su lugar asegurado, aunque por poco tiempo… mientras dure su belleza. Las líneas dramáticas de Volupta están planteadas, pero no se da un desarrollo sólido; las historias son mínimas, las problemáticas pobres y sin mucha diversidad. La elaboración de la obra se fue dando en el proceso y tal vez eso provocó que no se pudiera construir una trama progresiva, con misterios que se fueran develando poco a poco. Son más bien escenas salpicadas sin una visión totalizante. Los personajes no llegan a profundizar en sí mismos. Los monólogos que ellas interpretan mientras bailan son sugerentes, pero terminan siendo descriptivos y no ponen un escalón para llegar a más. Podemos observar la capacidad que tiene el joven dramaturgo Luis Santillán para tocar personajes femeninos. Ya había tenido un par de notables aciertos en obras anteriores como Autopsia de un copo de nieve y Polvo de hadas, y en Volupta también se aprecia esa capacidad. El problema es la estructura y el desarrollo de la trama y los personajes; pareciera no tener todos los hilos en la mano para poderlos tejer. Es muy atractivo el juego de las escenas en el foro y las escenas en los camerinos. Desgraciadamente a éstas se le quita toda fuerza y dramaticidad al presentarlas en cuatro pantallas proyectando un video. Aunque pretende ser un video de circuito cerrado, un ojo espía colocado en la intimidad de los vestidores, las entradas y salidas de las actrices, su estado de ánimo y lo que va sucediendo, no concuerdan con esta intención. Hubiera sido más propositivo el jugar sobre el escenario con el espacio de los camerinos y el lugar del baile; dos espacios simultáneos, dos realidades de calidades completamente distintas. Acciones simultáneas, contrastes, momentos muertos en uno, mientras la vida está en el otro. El Foro la Gruta del Centro Cultural Helénico, donde los sábados se presenta la obra, es el lugar ideal para desarrollar estas búsquedas. Las escenas que suceden en los camerinos con la Mami y las bailarinas están muy bien logradas dramáticamente. Son diálogos coloridos, a veces tiernos, a veces crueles, que exponen una realidad a la que podemos acceder sólo como voyeurs. La propuesta actoral parece ser la estilización de los movimientos y las intenciones, lo cual quita verosimilitud a las escenas; muchas poses que dificultan apreciar la verdad de los personajes. Lo admirable es su capacidad de baile, el manejo de su cuerpo en el tubo; los juegos y las coreografías que se dan en este subir y bajar, en este relacionarse “voluptuosamente” con el objeto que, los que observan, quisieran ser. l

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