El grabado como parte de la lucha social

miércoles, 29 de junio de 2011
  MÉXICO, D.F. (apro).- Una mano izquierda levantada y empuñada con indignación ha sido el símbolo de un sinnúmero de luchas sociales. Y lo es ahora de la exposición Denuncia gráfica. Realidades contrastantes en el México de principios del s. XX, que se presenta en el Museo Colección Blaisten, en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT). La obra elegida como presentación de esta muestra lleva por título Plebe y fue realizada por Ramón Alva de la Canal en 1926 para la publicación Poemas de rebeldía, del estridentista German List Arsvbide (así aparece su nombre debajo de esta imagen que tiene como fondo las chimeneas humeantes, símbolo del “desarrollo industrial”). Es uno de las 170 grabados elegidos para plasmar no sólo la historia del grabado en México de la primera mitad del siglo XX, sino de las realidades sociales que esta expresión artística y sus autores captaron con particular maestría en el dibujo. Se pueden ver, entre otras obras, el Homenaje a Posada, que Leopoldo Méndez hizo en memoria del grabador del siglo XIX, José Guadalupe Posada, realizado en 1953, en el cual se ve al artista plasmando con su buril en la madera la represión que ve por su ventana. Detrás de él los hermanos Flores Magón, con Ricardo al frente que sostiene un documento en el cual se lee: “No habrá leva, ese pretexto con que los actuales caciques arrancan de su hogar a los hombres a quienes odian”. Una imagen de Alberto Beltrán que muestra a las clases populares, carentes de medio de transporte propio, tratando de abordar un autobús repleto de gente que incluso va colgando por la puert a. La lucha sindical representada por Isidoro Ocampo con obreros y campesinos levantando la hoz y el martillo, un obrero al frente lidera el levantamiento. Está representado el campo idealizado con sus magueyes y paisajes campiranos, pero también árido y en la miseria; sus campesinos raquíticos y hasta cadavéricos; obreros que sostuvieron co n su trabajo el desarrollo industrial del país sin obtener los beneficios que contribuyeran a elevar su nivel de vida; las prostitutas orilladas a vivir de su cuerpo; la burguesía representada con el buen vestir y las cenas de gala. Pero más que dividida en temas, explicó en conferencia de prensa el pasado 23 de junio la curadora Mónica Ashida, la exposición está presentada en forma lineal, “aunque evidentemente van a encontrarse similitudes y ciertos temas que están conjuntos”: Primero el campo, luego viene la Revolución Mexicana, el mom ento de la industrialización y el progreso, las luchas sindicales, los movimientos sociales, la modernización de la ciudad, su suntuosidad y cómo se convierte en una capital de nivel mundial, están los vicios y los perdiciones que conlleva esta misma suntuosidad a la que están expuestas las personas. En la segunda parte, continuó, las demandas de justicia, de apert ura, de acceso a la educación y al trabajo, las realidades urbanas y cómo la nueva ciudad atrae “como un imán” a toda la gente que vive en el campo, deslumbrada por estas realidades de la nueva urbe. La última parte es tal vez “fuerte” u ofrece una visión “un tanto dramática” de la ciudad, consideró la curadora al ofrecer una disculpa por su “escepticismo”, pero añadió que finalmente se logró concluir con un atisbo de aliento y mostrar que al final de cuentas y luego de tantas vueltas “la educación pública es lo que puede brindarnos una especie de respuesta y de esperanza. Tristes realidades En la información ofrecida por el Museo Colección Blaisten se refieren los antecedentes históricos de estas imágenes: “En el México de finales del siglo XIX, la crítica social mediante estampas satíricas generó un enorme potencial de imágenes donde la gráfica como denuncia se manifestó en una realidad mordaz, sarcástica y punzante… El cartel callejero como medio de denuncia dio la voz al pueblo y trastocó la palabra mediante el grito… “El grabado pretendía cambiar al mundo, sacudirlo y transformarlo mediante la democratización de la imagen; sin embargo, de la Independencia (1810) a la Reforma (1859-1861) y a la Revolución (1910) se anda en el camino natural de la tierra prometida.” Pero el coleccionista Andrés Blaisten, propietario de la colección que se exhibe en el Museo que lleva su apellido y parte de la cual entregó en comodato a la UNAM para su exhibición en este recinto, aclaró que se quería mostrar en realidad la gráfica producida después de la Revolución, aunque esté el antecedente inmediato del gran grabador que fue Posada. Y para resaltar la importancia del grabado de la primera mitad del siglo XX, dijo: “El grabado es una técnica muy antigua que se usó para ilustrar desde el siglo XVI en las publicaciones. Quedó en desuso cuando apareció en el siglo XIX la litografía, que se usó para la reproducción. Cuando a finales del siglo XIX entra el fotograbado, a través de la fotografía, las impresiones tanto con la litografía como con el grabado quedan en desuso completamente. “Es hasta la década de los años veinte cuando llega Jean Charlot de Europa que introduce la idea, junto con otros artistas, de utilizar la gráfica para la producción artística. Es entonces que se empieza a producir grabado en madera, que no se había producido ya probablemente en más de medio siglo, y litografía, pero ya con un propósito de producción artística, ya no con un propósito ilustrativo; también se usó, pero básicamente era para expresarse, como una nueva técnica para los artistas.” La exposición, añadió, viene a mostrar la inquietud de los artistas del periodo por esas técnicas. Y lo interesante, a decir suyo, es ver a un México “que estamos aprendiendo a entender: sobre quiénes somos, entonces hay una búsqueda de los artistas de la identidad, esta nueva identidad industrial, progresista, pero también con la realidad de la pobreza y del atraso. “Ahí es donde se ven esos contrastes que seguimos viendo hoy en día, pero es ahí donde se empieza a conformar su característica, y en donde todos los mexicanos comenzamos a entender quiénes somos. Acá en esta muestra se ve muy claramente que en ese periodo, más o menos entre 1910 y 1950, se produjo una gran cantidad de gráfica. Casualmente había quedado en desuso y ahora nuevamente se está retomando entre los artistas. Son periodos cíclicos.” Algunos de los autores expuestos son David Alfaro Siqueiros, José Guadalupe Posada, José Clemente Orozco, Francisco Díaz de León, Leopoldo Méndez, Isidoro Ocampo, Fernando Leal, Alfredo Zalce, Feliciano Peña, Federico Cantú, Alberto Beltrán, Pablo O’Higgins, Ignacio Pacos, Julio Prieto, Roberto Montenegro, Emilio Amero, Howard Cook, Roberto Salgado, Celia Calderón, Andrea Gómez, María Luisa Martín y Tamiji Kitagawa, entre otros. El espejismo de la modernidad El etnólogo Sergio Raúl Arroyo, director del CCUT, destacó que hay autores no tan conocidos o desconocidos (incluso hay anónimos) que la Colección Blaisten ha rescatado, como parte de un trabajo sistemático, para mostrar este universo “que no está hecho de íconos sino de valores que nos dan una idea muy profunda y general de lo que es el arte mexicano”. Más que querer mostrar nombres famosos, o a los “grandes nombres” del muralismo y la llamada Escuela Mexicana de Pintura, la exposición muestra el desarrollo de la modernidad en México. Cada uno de los artistas, en su opinión, hace valiosa la muestra. Y aunque se ve retratado ese México de las tremendas realidades que no cambian pese a los movimientos de rebeldía, el etnólogo destacó que “no está exclusivamente centrada en el elemento político, sino en esta emergencia de la modernidad que va acompañada de varias vertientes, de varias formas de pensamiento; esa modernidad mexicana, que es modernidad irreducible, tiene un potencial político, pero también un potencial religioso, y un potencial cultural que se va expresando. “Yo creo que lo que también nos da es una enorme reflexión del desarrollo del arte. Una gran reflexión sobre lo que es el arte y la historia, el papel del arte en la historia, no solamente la historia política sino la historia del universo mexicano.” La directora del Museo Colección Blaisten, Vannesa Bohórquez, dijo a su vez que el grabado es la expresión artística que más se ha acercado a los movimientos sociales: “El arte siempre ha estado vinculado a todos los contextos históricos y es el traductor más claro de todo la vida social y la historia de un país, pero el caso del grabado --particularmente en México-- siempre se asoció a todas las prácticas, tanto de movilidad social como de la vida cotidiana. De forma más puntual, el grabado en México tuvo que ver con el establecimiento de los derechos de los trabajadores, los derechos humanos, los derechos de los niños, de las mujeres. “El grabado ha sido un motor, un panfleto, un magazine, un todo que ha estado presente y que permitió comunicarse a todas las clases sociales… Este arte que habló por todos y llegó a todos, y en este caso yo creo que esta muestra nos permite hablar de esta denuncia, que es una denuncia maravillosa, la denuncia del arte, que por suerte podemos seguir viendo gracias a museos como el Museo Colección Blaisten.” Coincidió en ello la curadora Ashida, quien destacó que el papel de los artistas ha sido ser portavoz de la sociedad para señalar situaciones que probablemente resultan molestas o incómodas o que nadie más quiere sacar a la luz y los artistas son los únicos que se dan la libertad y tienen la credibilidad para hacerlo. “Su misma creatividad les da todas las herramientas necesarias para ser los representantes de una época. Me parece que los artistas de ese periodo siguen teniendo la misma vocación y el mismo sentido que tuvieron en ese momento… Les tocó vivir todas esas realidades y más allá de si venían de una corriente política o de una ideología, de un movimiento en específico, todos eran testigos de lo que estaba sucediendo. “Y hasta como seres humanos su deber (de los artistas) es ser aquellos que denuncien todo lo que está sucediendo, quienes den la cara por una generalidad que no tiene voz, que no tiene nombre y que necesita que haya alguien que saque a la luz estos temas y que cree una especie de conciencia para poder mover la mente de aquellos pocos que pueden tener injerencia.” La exposición estará abierta al público durante junio, julio, agosto y septiembre. En forma paralela se llevarán a cabo talleres, visitas guiadas, conferencias y mesas redondas. El Museo puede visitarse de martes a domingo de 10:00 a 18:00 horas. Cabe mencionar que parte de la Colección Blaisten, integrada por más de seis mil obras, se presentará del 1 de julio al 25 de septiembre próximos en el Phoenix Art Museum, con el título Modern Mexican Painting from Andrés Blaisten Collection. Luego, esta muestra viajará al San Diego Museum of Art, de noviembre de 2011 a enero de 2012, y de febrero a junio del próximo año al Meadows Museum of Art en Dallas. Y, finalmente, se está preparando para el mes de noviembre en el Museo Colección Blaisten en Tlatelolco la exposición Dr. Atl, cien obras maestras.

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