"Ni de aquí ni de allá"

miércoles, 8 de junio de 2011
MÉXICO, D.F.- (Proceso).- Revisando documentos personales de su difunta madre, Mahmud Nasir (Omid Djalili), padre de familia londinense, taxista de profesión y musulmán de religión, descubre su verdadera identidad: judío adoptado. Se confunde porque su primogénito pide la mano de la hija de un predicador fundamentalista que exige la estricta observancia del culto, Nasir recurre al único judío que conoce, un taxista estadunidense, quien intenta ayudarlo a entender su identidad judía al estilo Violinista en el tejado. Crisis y juegos de doble identidad, malentendidos y prejuicios de ambos extremos, judíos y musulmanes. He aquí una comedia inglesa que depende más de su premisa, un musulmán que descubre su identidad judía, que del llamado ‘humor inglés’, ese eufemismo aplicado a las comedias británicas que no recurren a los sempiternos gags hollywoodenses. Consciente de su propósito, combatir la ofuscación del extremismo religioso desde la nota ligera de un inglés normal, que vive y piensa como tal con la única diferencia que tiene raíces en ambas religiones, que algunos viven o perciben como irreconciliables, Ni de aquí ni de allá (The Infidel; Reino Unido, 2010) evita a toda costa la provocación. Si existe un humor inglés, el mejor es ese que depende de un tono satírico que no conoce respeto por tabúes o prejuicios, y menos sentimentalismos; modelo a la mano, los comediantes Matt Lucas y David Walliams (sic), creadores de Little Britain (entre otras), un show televisivo de sátiras geniales de las que ni el Primer Ministro ni los minusválidos se salvan; la BBC sin tapujos. En este respecto, Ni de aquí ni de allá desaprovecha la oportunidad de ejercer el aspecto más ácido y saludable de la comedia de tradición británica; para evitar el melodrama sin herir susceptibilidades, no le queda otra salida que recurrir a la farsa, única manera de jugar con la serie de lugares comunes de todo lo que se supone que dice o hace un musulmán o un judío. Pero la cinta, independiente y de bajo presupuesto que escribió David Baddiel y dirigió Josh Appiganesi, tuvo éxito en Inglaterra, y distribuidoras de 60 países la compraron; el público, principalmente inglés de ambos lados, judío o musulmán, aplaudía en las exhibiciones. La  evidencia  del  discurso bien  intencionado  y  conciliador, constantemente en guardia de no atacar a ninguna de las dos religiones, preocupado por exponer los excesos de manera graciosa, no impide disfrutar el trabajo del cómico Omid Djalili, ni el retrato de una cierta clase media atrapada en sus prejuicios y pequeñeses, como cualquier otra, en el mundo. Si Ni de aquí ni de allá da  un pasito  hacia  la  propuesta  de tolerancia, y rompe tabúes con sólo tocar el tema, la intención que se delata, la propuesta auténtica, es la reivindicación de un tipo, musulmán o judío, común, integrado a la sociedad más allá de sus creencias; y esta  es la realidad de la gran mayoría, temerosa siempre de ser reducida e identificada con los escándalos y juegos mediáticos antisemitas o musulmanes. De ahí el éxito de la cinta. Algunos críticos británicos, ansiosos de polémica, se quejan del excesivo cuidado que impone el guión de David Baddiel para evitar la provocación; pero Nasir, el personaje principal, es un tipo medio alcohólico, poco religioso y maldiciente; en suma, un tipo normal sacudido por el descubrimiento de  provenir de un lado que representa, para su grupo social, todos los males de mundo; algo así como despertarse siendo parte del equipo contrario. La toma de conciencia del personaje a duras penas consiste en el reconocimiento del otro como tal; esto, en una sociedad que se alimenta de prejuicios, es ya un gran paso.