Repartiendo culpas

miércoles, 27 de julio de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Ante un mundo de obstinado narcisismo, tanto personal como colectivo, causa de la indiferencia, falta de respeto, envidia y hasta de odio a muerte de tantos hacia otros por ser diferentes o no pensar como uno, motivo, por tanto, de brutales atentados terroristas, de atroces guerras incubadas y justificadas en la mentira, de democracia y paz impuestas a balazo, hechos todos que, junto a otros, como el mal reparto de la riqueza, están religiosa, política y éticamente sumergiéndolo en una angustiosa problemática que amenaza al futuro mismo de la vida sobre el planeta, pienso que es oportuno, estimados lectores, darles a conocer un escrito atribuido a un inquietante y temible personaje: el diablo. Escrito que este servidor de ustedes encontró, junto a otros de la misma autoría, en un portafolios rojo abandonado en un transporte público. He aquí una copia del citado manuscrito para que lo lean, pues creo que merece la pena y reflexionen sobre el mismo. “Cansado y molesto de ser señalado por tantos como el autor de todo mal que hay en la Tierra, ¡oh, gran señor de todo lo creado!, es por lo que escribo la presente, con la intención de que se reconozcan y repartan responsabilidades, por lo que, de inicio, hay que empezar por admitir que los creyentes de las tres religiones que te reconocen y admiten, con sus diferencias, como su dios –judíos, cristianos e islamistas–, son los seres que más tercamente están contribuyendo con su conducta a convertir en un infierno a la tierra, pero echando, ¡hipócritas!, a mí la culpa de todos las malignidades que cometen cuando de victimarios se convierten en víctimas, descargando así sus malas conciencias. Sí, judíos culpan a Satán o a Belial; cristianos, a Satanás o Belcebú; islamitas, a Iblis o a Sahytan, esto es, que criaturas hechas a tu imagen y semejanza siempre culpan a este servidor de sus atroces malignidades y marranadas. ¡Bonita manera de demostrar que fueron creados por una divinidad de justicia, amor y misericordia¡ Pregunto: ¿está bien, es justo, legal y sobre todo lógico el odio a muerte que me manifiestan esas tus criatura creadas por y con amor? Dicen que me lo tienen porque los tiento. ¡Insensatos! Lo son porque ellos, como nosotros dos, no ignoran que eres omnipotente, omnisciente y omnipresente, a tal punto que no se mueve la hoja de un árbol si esa no es tu voluntad. Insisto: si saben, reconocen y proclaman en todos los tonos y a todos los niveles de su existir tu omnipresencia, omnisciencia y omnipotencia, ¿de que se quejan? ¿De qué soy su tentador? Pues sí, ¿y que? ¡Ilógicos! Pues si los tiento, si tan convencidos están de tu omnipotencia, no ignoran, no pueden ignorar que si los tiento es porque esa es tu santa voluntad, porque Tú lo quieres y lo permites, como lo muestra, demuestra y ejemplifica sin vuelta de hoja la historia de Job. “Ya me cansó y me molesta, lo confieso, que tus amadas criaturas me tengan y señalen como el autor de toda maldad sobre la Tierra, de que me acusen de tentador maligno, olvidando, como tienen bien sabido, que con esas mis tentaciones permitidas tienen en sus manos la posibilidad de la salvación eterna cuando las rechazan, cuando no sucumben a las mismas. “Ante esta verdad innegable me pregunto si tantas de tus amadas criaturas humanas que no rechazan mis tentaciones lo hacen por ignorancia, por debilidad o bien porque, resentidos por no haber consentido que Adán y Eva comieran del árbol de la vida, con lo que hubieran heredado la inmortalidad, no pueden ser como Tú, pues de otra manera me es imposible explicar que con tanta frecuencia y facilidad, tantas de tus bien amadas criaturas me invoquen para que pacte con ellas para que les conceda poder, riqueza, fama y ¡amor!, bueno, fortuna en el amor. “Espero en tu bondad que no vayas a mal interpretar la presente, pues tu omnisciencia comprenderá que la misma no es más que un alegato en mi defensa, el ejercicio de un derecho que puede y debe utilizar todo acusado. Eso deseo y espero”. EL DIABLO Estimados lectores, este es el escrito prometido, de ustedes es el veredicto. Sin más. EL ABOGADO DEL DIABLO