Los apuntes de José María Velasco

jueves, 7 de julio de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- El pintor José María Velasco, autor de las célebres vistas del Valle de México con los volcanes al fondo, decía que “el artista necesita más bien hacer poco y observar mucho… Y hacer esto poco con verdadero juicio, caracterizando los lugares que se quieren representar”. Así lo rememora la crítica e historiadora del arte, Teresa del Conde, investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la introducción de la edición facsimilar de la Libreta de apuntes del pintor nacido en Temascalcingo, Estado de México, el 6 de julio de 1840, y quien falleció en Villa de Guadalupe Hidalgo, Ciudad de México, el 26 de agosto de 1912. El volumen, que conserva las dimensiones originales (17.5 x 11cm. y 1.4 de canto) del cuadernillo de papel cuadriculado, empastado y cosido, es un rescate de la editorial Siglo XXI en coedición con el Instituto Mexiquense de Cultura y otras instancias. Reúne apuntes de dibujo y texto en 82 páginas realizados por el pintor en tinta sepia o lápiz. En su ensayo introductorio, Del Conde va explicando los dibujos del creador: “El primer dibujo conclusivo corresponde a la Cañada del Río Blanco en Tuxpango, cerca de Orizaba, y es un trabajo de excelencia, lo mismo el que corresponde a una cascada en sitio vecino. Siguen otros de flora, que traen indicaciones… Después, en discretas dimensiones, ‘retrata’ a lápiz a una serpiente acompañándola de datos respecto a su tamaño, diámetro y aspecto. Al parecer en ese mismo contexto registra su visión del Pico de Orizaba visto, escribe, desde Orizaba y Ezcamela. También quedó ilustrado el Pico de Orizaba (al parecer durante otro viaje) desde San Agustín de las Palmas y la Sierra Negra. En distinto dibujo, muy tenue, las nubes ocultan la cumbre del volcán.” Y así describe la investigadora otros trabajos: “el notable” dibujo del Popocatépetl, hecho sin ver la hoja, solamente el objeto dibujado; personas trabajando la tierra, mujeres con sus vestiduras características; el Molino de la Cañada de Ixtapa y Chapultepec, donde detalla “ciertos motivos arquitectónicos del Alcázar”. Destaca justo en este dibujo de la parte alta del Castillo de Chapultepec la notación “de su puño y letra” hecha por Velasco en la parte superior de la página: “Encargo recibido del Alcázar de Chapultepec del Emperador Maximiliano 1º.” Del Conde comenta al respecto que aunque haría falta una investigación “detectivesca” y ella no tiene “competencia para proseguir con este tema, sólo cabe imaginar que el pintor estuvo dispuesto a ir considerando los imperiales encargos y a consultar, tal vez, con don Manuel Orozco y Berra, cuya dirección en el Portal de San Diego se consigna”. La investigadora recuerda que Orozco y Berra fue consejero de Estado y director del Museo Nacional durante el Segundo Imperio y por tanto, al ser derrocada la monarquía se le encarceló en su domicilio por breve tiempo y anota: “Velasco también hubo de experimentar algunas represalias debido a la misma razón, ya que no pudo ocupar en la Academia la cátedra de paisaje, tal como su maestro Landesio lo deseaba, sino hasta 1872. Sí fue nombrado profesor de perspectiva en 1868, año en el que ingresó a la Sociedad Mexicana de Historia Natural y en el que publicó La flora en el valle de México.” Hay antes que los comentarios a la libreta, una presentación de la historiadora donde hace una breve semblanza de Velasco y da mayor cuenta de la relación de este con el Segundo Imperio, con base en lo consignado por otros investigadores como Arturo Cardoso Vargas quien establece que la producción del pintor mexiquense “era cotizada entre el selecto grupo de intelectuales que se identificaron con Maximiliano y su aventura”. El libro es, pues, más que un acercamiento a los dibujos de José María Velasco.

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