Dery Fazio

jueves, 11 de agosto de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Dery Fazio es una bailarina con un cuerpo escultural que siempre se ha sentido atraída hacia los bailes populares. Nacida en el Uruguay, pasó toda su vida en México hasta que en 1997 se casó con el coreógrafo Bruno Dizien, codirector de la compañía Roc in Lichen. En Francia desarrolló una nueva carrera en la que trabajó con grandes creadores, entre ellos el afamado Daniel Larrieu. De visita en México, la artista recibió la invitación de José Rivera, director de la Cebra Danza Gay para compartir funciones en el espacio de la “eFeL Danse”, adaptado en una pequeña “Black Box” (caja negra) para presentar su pieza Con humo en los ojos y en el corazón, inspirado en las rumberas. Según Dery, su obra tiene como punto de partida su “admiración por la belleza, la femineidad, fuerza, danza y el enorme talento de las rumberas. Los años cuarenta y cincuenta, época de oro de las rumberas, quedaron registrados en revistas, libros, discos, testimonios, fotos y principalmente películas, ya que las reinas del México nocturno de aquellos años inspiraron a los mejores directores fílmicos, creando un género propio llamado ‘cine de rumberas’”. Para dar vida a su rumbera, la bailarina se creó su propio argumento y se imagino la génesis de su admirada alter ego: “Tuve que imaginar su nacimiento creando una ficción que explica sus poderes de ‘encantadora’. La vida avanza generando día a día movimiento, transformación, mutación. Mi rumbera atestigua estos cambios; la danza en ella es más que vocación, religión. Su destino fue escrito generaciones atrás, y al no poder cambiarlo, ella derrama en el presente su pasado milenario. “Su presente se construye de rituales dictados por fuerzas del más allá. Detrás de sus vestuarios de luz se esconde una fuerza animal, bella y monstruosa, con todos los atributos de ‘la tumba hombres’, y cual mosca que vomita en su cena antes de tragarla, ella devora sin conciencia a esos hombres que la desean sólo por lo que su imagen sugiere. Sí, mi obra se basa en una diosa, rumbera, mosca sensual y cruel, ella le pide a la vida un desquite del cual se sabe vencedora.” En el pequeño foro, vestida con un abrigo y con una enorme y bella sonrisa, la rumbera confiesa que nació de “de dos perros, que se quedaron atorados” y que ella, a manera de un gusano, se desarrollo desde allí. Posteriormente, enfundada en su bata, hace todo un ritual de belleza para después pasar detrás de un plástico donde realiza un desnudo total y se viste con un discreto pero bello vestido de rumbera, la cortina de plástico se transforma rápidamente en la cola del vestido que de manera más que efectiva queda colocado para darle un singular toque de excentricidad. La rumbera tiene su piñata de la cual caen huesos de fraile, y mientras suenan las notas distorsionadas de un mambo su espectacular cuerpo se mueve apenas para acentuar o para contrapuntear. Finalmente realiza su último ritual en el que busca en la cocina hacer un amasijo que simboliza la posesión del otro. Lo cual se consuma cuando se unta en el cuerpo pelo humano. Es notable que en sólo 45 minutos el solo de Fazio sea tan contundente e impactante. Y de lo que pudo ser una ilustración un tanto “simpática y voluptuosa” la creadora haya sido capaz de descubrir otro universo tan brutal y descarnado. Y tal como ella lo define, su rumbera devora al hombre que se le pone enfrente pero antes lo vomita. Se sabe bella pero eso ni siquiera importa. Simplemente sigue un ritual atávico entre prehispánico y católico --voltea a su San Antonio con la esperanza de encontrar el amor. Y finalmente, esta mujer que tiene un hermano león que la persigue con un machete, encuentra en la danza, en su danza, su purificación y su religión. Es un hito ver montajes tan interesantes y tan poco complacientes, sería un verdadero acierto que las autoridades culturales se acercaran a la joven artista mexicana que ha hecho exitosas residencias artísticas en Grenoble, París, Bruselas, Tardenois y Bourgogne.