"La tiendita de los horrores"

jueves, 11 de agosto de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Después de la temporada en el Teatro Arlequín de El show de terror de Rocky, el espectáculo La tiendita de los horrores cumplirá esta semana 400 representaciones. La obra de teatro está basada en la película de Roger Corman y guión de Charles Griffith, y el argumento es tan simple que difícilmente causa miedo. El horror se basa, más bien, en la idea que provoca el tener que alimentar a una planta con seres humanos. La situación parte del momento crítico en que vive una florería en un suburbio de Nueva York en los años cincuenta. Un huérfano, tratado como esclavo por el dueño de la florería, exhibe en el aparador una extraña planta que le regaló un chino un día de eclipse solar y causa sensación en los transeúntes. La tienda se ve beneficiada por este interés y mágicamente empieza a obtener grandes ganancias. El problema surge cuando Seymour descubre que su planta es carnívora y no basta con las gotas de sangre que él le da cuando se lastima. La tiendita de los horrores es una comedia musical que se mantuvo en cartelera con mucho éxito durante cinco años en off-Brodway y tres años más en importantes teatros de Brodway. A pesar de eso el libreto, las letras y la música original de Howard Ashman y Alan Menken son completamente anodinas y en la puesta en escena realizada en México la coreografía es tan elemental que llega al aburrimiento, ya que son veinte números musicales a través de los cuales se nos cuenta la historia. Tal vez lo que más llama la atención en este ámbito es el grupo coral constituido por tres chicas, Lorena Olguín, Naidelyn Navarrete y Gloria Tova quienes, con llamativo vestuario, resaltan por su voz. La escenografía es práctica con estilo realista donde se representa la florería y el exterior a ella. Una pared se mueve para dar paso a uno u otro espacio dependiendo de las necesidades de la acción. En el exterior e interior vemos que transitan cuatro personajes anodinos, a reserva del cubículo de dentista donde ocurre el primer previsible crimen. Seymour se ha enamorado de la tonta e ingenua empleada de la florería, cuya interpretación de Anabel Dueñas la hace aún más desagradable. Su novio, el dentista, lo lleva a cabo el actor Antonio Escobar, cuya falsedad y protagonismo hacen insostenible su intervención. Tal vez la actuación de David Tort en el personaje de Seymour es de las más rescatables, pues a pesar de la dificultad de comprender la letra de algunas de las canciones que interpreta, su veracidad y la generosidad de su personaje lo salvan. Tal vez una de las dificultades de la realización de La tiendita de los horrores sea la estrechez del espacio que impide realizar con holgura la coreografía y dejar que, por ejemplo, la planta crezca y crezca sin invadir el lugar en su totalidad. La puesta en escena bajo la dirección de Alejandro Medina resuelve los problemas que enfrenta el llevar a cabo esta producción de Brodway, pero no hay en su propuesta un trazo dinámico en el movimiento escénico ni un trabajo más a conciencia con los actores en cuanto a la comprensión y no ridiculización de su personaje. La comedia, con personajes en tono de farsa, se vuelve irregular en su interpretación y aleja al espectador de lo que ocurre en la historia. La dependienta de la florería es tan tonta o intenta utilizar gags humorísticos tan obvios que no logra la risa franca del público. A pesar de todo La tiendita de los horrores se ha mantenido en cartelera una larga temporada y con beneplácito, no con grandes aplausos, de los espectadores.

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