Peter Pan

martes, 16 de agosto de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- El miércoles 10 se estrenó el musical Peter Pan en los teatros Telmex, bajo la producción de Ocesa. Un montaje vistoso, con video, voladoras, bailes y canciones que impresiona. Una historia aparentemente llena de aventuras pero aburrida; con escenas larguísimas y poca intriga. Concebida, coreografiada y dirigida originalmente en Brodway por Jerome Robbins, Peter Pan fue ideado para teatro por el escocés James Barrie a principios del siglo XX. y posteriormente la trasladó a la literatura. El personaje es conocido principalmente por la versión cinematográfica de Walt Disney, lo cual ha dado pie a considerarlo como un símbolo del hombre que no quiere dejar de ser niño: “el complejo de Peter Pan”, lo llamaron en los ochenta las feministas. Inmerso en este planteamiento, Wendy es visitada por Peter Pan y la lleva, junto a sus hermanos, a la isla de Nunca Jamás. Allí los niños perdidos quieren que Wendy sea su mamá, la ama de casa, y adopta el rol tradicional de madre de familia, nombrando a Peter Pan como padre. Parecería entonces que a Wendy, más que vivir las aventuras, le gusta más organizar la casa y a los niños y al final del día contarles cuentos. Entonces pensamos que Wendy es la que debería rebelarse y que, como Peter Pan, no querría dejar de ser niño (y no digo niña, porque las niñas son adultas desde pequeñitas). Pero a ella le gusta el papel y es lo que nos hace reflexionar respecto al síndrome de Peter Pan en el que, efectivamente, no es ella sino él, junto con el autor, el que quisiera que su amiga, su pareja o cualquier otra acepción, fuera su madre. Si bien la película está llena de peripecias, aquí se quedan con unas cuantas y la estructura se basa en números musicales y extensas escenas dialogadas. Los obstáculos que atraviesan los personajes son minimizados, pues el énfasis está en el espectáculo. Las acciones que emprenden los personajes están deslavadas y los conflictos no están bien resueltos. Difícilmente armonizan la coreografía y el entrenamiento de combate, por ejemplo. Los actores sólo marcan sus acciones y las peleas se ven falsas. Esperan el momento de darse la vuelta o asestar un golpe. El trazo coreográfico parece un corsé que les impide apropiarse de las situaciones conflictivas. Cuando los niños perdidos salen de la guarida y son apresados, es un ejemplo donde se nota cómo fingen luchar, tratar de liberarse, amenazar con espada en mano unos y en silencio otros –porque abajo Wendy y Peter se despiden–, y esperan el “quiú” para salir. Lolita Cortés es Peter Pan y Adrián Uribe el Capitán Garfio. La actriz, con su voz espléndida, sostiene su interpretación, aunque su esfuerzo por masculinizarse vuelve al personaje un poco duro y antipático. La interpretación de Adrián Uribe, casi en farsa, es exagerada y con demasiada conciencia del espectador. La dirección de Jaime Matarredona resuelve el movimiento escénico con solvencia. El marcaje prioriza el proscenio y el área central vuelve la propuesta demasiado convencional. Peter Pan es un musical para toda la familia, aunque son los niños los que lo disfrutan. Llaman la atención los efectos y las voladoras, el teatro iluminado y la interacción de los actores con las proyecciones. Y nosotros nos impresionarnos cuando los niños salen volando por la ventana y se elevan sobre la ciudad, proyectada en la pantalla, para recorrer grandes distancias: montañas, mares y hasta el universo. Volamos con ellos para llegar el país de Nunca Jamás y nos quedamos con una mera obra de entretenimiento.