Del comer y beber

jueves, 18 de agosto de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Respetables aunque inútiles heterótrofos pensantes: sí, a ustedes, los humanos, me dirijo. ¡No! En modo alguno les estoy faltando; el que tal piense, ese su pensar no será más que fruto de su ignorancia, pues con esa palabra se refieren ustedes a lo seres que no pueden utilizar la energía que necesitan para vivir extrayéndola directamente de la luz, sino que tienen que tomarla, directa o indirectamente, de los vegetales verdes. ¿Enterados? Aclarando ese punto, pasemos a esclarecer el de su inutilidad aunque se sobreentiende por lo ya escrito. Fácilmente se puede entender que si no fuera por los vegetales verdes: árboles, hierbas, arbustos, pastizales, etcétera, no existirían heterótrofos sobre el planeta tierra, y que si los verdes desaparecieran de su faz, también se extinguirían los segundos en ella. Esta su perentoria necesidad de nutrirse, de comer, común a todo bicho viviente y que a todos acosa, de manera señalada los distingue a ustedes, los racionales, pues ninguno de los otros guisa, cocina sus alimentos. Ustedes, los humanos, son los únicos que lo hacen. Estas dos cosas, su lucha diaria, no pocas veces angustiosa para muchos de ustedes, por aplacar su hombre para unos, para satisfacer de la mejor manera la necesidad de nutrirse para otros, origen de ese su saber condimentar los alimentos, han ido dando forma a toda una serie de pensamientos, refranes y otros dichos y dicharachos que reflejan fielmente su preocupación y habilidad, por lo que con toda razón pueden decir que “los duelos con pan son menos”, pues por experiencia saben que “de la panza sale la danza” y que no miente el dicho de “barriga llena, corazón contento”, ya que bien saben que si no comen, se irán debilitando hasta morir. Siguiendo con la materia, bueno será que recuerden, heterótrofos racionales, que uno de sus más brillantes estudiosos del tema, francés él, de nombre Antelmo Brillat-Savarin, autor de una obra fundamental en eso del buen comer escribió: “dime lo que comes y te diré lo que eres”, sentencia que a mi parecer redondea y afirma el dicho popular que corre entre ustedes de “… si de lo que se come se cría…”, y ambos reflejan la vieja creencia de la magia simpática o relacionista, que presume, entre otras cosas, que si se consumen determinados alimentos con ciertas peculiaridades o características las mismas pasarán a los que las infieren, torpe creencia, ya que la misma ha llevado, lleva y, según todos los indicios, llevará en el futuro a individuos y grupos de ustedes, heterótrofos racionales, al absurdo de consumir carne, por ejemplo, de tortuga, por considerar a la misma emblema de la longevidad; de elefante, por creer a este animal símbolo de la fuerza y de la potencia de la libido, es decir, del instinto sexual según psicólogos; de toro, por verlo como signo de la fuerza y del principio activo masculino; de tigre, por percibirlo como representación del valor, la astucia, de la decisión rayana en la crueldad y del vigor sexual. La torpe creencia en la magia simpática igualmente ha llevado a preferir platos especiales, como los de corazón, riñones, pene y testículos de tigres y toros; a sazonar alimentos y a mezclar bebidas con polvos de cuerno de rinoceronte, ponzoña de la cascabel o el veneno de otras víboras. ¡Qué surte tienen surte tienen! Lo digo porque, al juzgar por los resultados, los aficionados a tan exóticos platillos y tragos no adquieren las características de lo que comen y beben. ¡De lo que se han librado! ¿Se figuran de los sobresaltos y angustias que se han liberado los que entre ustedes no consumen dichos guisos y cocteles del temor hasta el terror, de la repulsión incluso que les ha evitado el que la magia simpática no funcione? ¡Qué pánico no les embargaría si se tropezaran con individuos que, gracias a ella, se habrían convertido en seres grotescos, demoniacos, espantosos como las gárgolas creadas por la fantasía atormentada de los escultores del gótico o sujetos de primitiva brutalidad en acción como el de SACRICIO, escultura de Jacques Lipchitz. Bien, admitido: la magia simpática o relacionista no hace honor el dicho “de lo que se come se cría”. Comprobado: hay muchos entre los humanos aficionados a los huevos, que consumen gran cantidad de los mismos sin miedo al colesterol… y a la vista no se les nota. Bueno eso en lo que se refiere a la imagen, a la figura, ¿pero qué decir en lo que se refiere a lo psíquico, a lo mental, a lo espiritual? La verdad es que muchos de los consumidores del corazón y veneno de víboras son astutos, crueles y ponzoñosos. Respetables y respetados lectores de la presente: por su bien, espero que no conozcan ni tengan que aguantar a tipos como los que acabo de citar. Con la esperanza de que al haber comido de mi fruto les sirva para librarse de los mismo, su viejo conocido y servidor. EL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO

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