EL INBA: opaco y caduco

martes, 23 de agosto de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Con una estrategia de comunicación diferente, basada ya no en el silencio y el aislamiento mediático sino, por el contrario, en una constante presencia pública que permite plantear argumentos que desvían la atención de aspectos sustantivos, Teresa Vicencio, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), continúa gestionando la opacidad. En entrevista con Judith Amador publicada por este semanario la semana pasada, la funcionaria se muestra hábil para disimular, mediante el discurso, dos fallas evidentes en su administración: la complicidad con la falta de transparencia y el apoyo a la ausencia de rendición de cuentas. En lo que respecta a la difusión de información, si bien la funcionaria considera no haber sido, probablemente, “lo suficientemente eficientes”, la normativa señala que no es cuestión de eficiencia sino de obligación. Con base en la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, Vicencio debe transparentar su gestión poniendo a disposición del público los nombres, costos y pormenores de las concesiones, contratos, bienes adquiridos y servicios contratados. (Artículo 7). Otro asunto que debe aclarar la funcionaria es el relacionado con la rendición de cuentas. Si bien ella considera que “ahora es difícil que los funcionarios queden exentos”, las prácticas administrativas del INBA confirman lo contrario. Con base en la solicitud de información 11116100016910 presentada a través de Infomex, la Subdirectora General, Alejandra Peña Gutiérrez, informó que en el “Instituto no hay un proceso de rendición de cuenta como tal”. Ante esta contradicción, que además justifica la inexistencia de indicadores de evaluación que regulen y controlen tanto el desempeño como las decisiones arbitrarias y discrecionales, ¿qué responde Teresa Vicencio? Si es verdad que en el INBA se han propuesto ser más “proactivos” en la información, como se apunta en la entrevista mencionada, es indispensable que la institución responda, sin necesidad de recurrir a Infomex, todas las dudas que genera su administración. Entre ellas, las causas y argumentos que han llevado a contratar, durante el sexenio de Calderón, a cinco Coordinadores Nacionales de Artes Plásticas: dos durante la administración de Teresa Franco (2007-2009) y tres bajo el mandato de Vicencio. Con sólo siete meses en el puesto, de enero a julio de 2011, Fernanda Matos fue sustituida por Mónica López Velarde. Con tan poco tiempo de desempeño, ¿qué puede hacer un funcionario? Notoriamente débil en lo que respecta a la administración de las artes visuales, el INBA no responde a las necesidades contemporáneas de una gestión gubernamental que sea capaz, tanto de servir a los ciudadanos, como de posicionar al país y a sus artistas en los principales centros internacionales. Ocupados en justificar actividades con argumentos que derivan en la desconfianza –como la afirmación de que en sólo 23 días, la pésima y caótica muestra Cimientos. 65 años del INBA, legados, donaciones y adquisiciones, que se presenta en el Museo del Palacio de Bellas Artes, recibió la visita de 30 mil personas (Boletín 656), aproximadamente mil 304 por día–, Vicencio y su equipo no han logrado renovar o reestructurar a una institución que, día a día, comprueba su ineficiencia y caducidad.