Ensayo para cortar cabezas

miércoles, 24 de agosto de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Tres jóvenes, hartos de la violencia que viven en su lugar de origen, deciden irse, buscar otro y librarse de lo que está a punto de alcanzarlos. La tragedia los rebasa y detrás de su inconformidad se nos revela cuán sumergidos están en la oscuridad de la que huyen. El riesgo es inminente y ellos se encuentran involucrados a diferencia de muchos otros que sólo son víctimas. Ensayo para cortar cabezas, que se presenta los jueves en el Foro Shakespeare, es una propuesta que aborda la violencia en una ciudad fronteriza y crea dos líneas discursivas. Nos muestra a tres jóvenes buscando… buscándose, y a la vez una realidad expresada a través de tres personajes griegos: Orestes, Paris y Prometeo. Mauricio Pichardo, el autor, cuenta con material interesante para construir una obra, pero la estructura se convierte en su propia prisión. Las escenas son ricas, como resultado de improvisaciones, en cuanto a la cotidianidad de los jóvenes; y dramáticas por el paralelismo de la tragedia griega y nuestras tragedias mexicanas. Sorprende el lenguaje del inicio de la obra, la trivialidad y realismo de las conversaciones de estos tres jóvenes; su idiosincrasia y su “filosofía”. Cada escena tiene su función: presentan primero a los personajes y lo que quieren hacer, después el cómo, luego el dónde, y finalmente el hecho. Pero se quedan ahí. No hay una acción dramática interna, conflictos de y entre los personajes; no hay un desarrollo que provoque tensión, transformación, develación de misterios. Los personajes se conocen en las escenas que representan “la tragedia griega a la mexicana”. El retrato del mito es externo, anecdótico. Disociado de su presente en cuanto a proceso emotivo. La analogía de Orestes, Paris y Prometeo es tan básica, tan al pie de la letra del mito, que no asombra, sólo ilustra el traslape de historias. Por eso es que la obra resulta atractiva por un lado, pero cansada y sin profundidad por el otro. Resalta la naturalidad de los actores, su fuerza y su versatilidad: Alex Perea en el papel de Orestes, Emmanuel Orenday en el de Paris, y Guillermo Avilán como Prometeo. Actores de telenovelas, principalmente, incursionan en el teatro mostrando sus capacidades histriónicas. Son guiados por la mano del director escénico Eric Morales –con más de diez años trabajando en Televisa–, con buenos resultados. Confía en sus actores y permite y orienta su expresión. Llama la atención la propuesta escénica donde en un espacio minimalista estéticamente asertivo y con unos cuantos objetos, sucede todo. Blanca la pared del fondo y blanco el piso, manchado tan de repente por un chorro de sangre o por una planilla con nombres que corren hasta el infinito. Serán los desaparecidos a los que sólo les quedó el nombre o el transitar perpetuo de lo que ya no existe. Espacio diseñado por Félix Arroyo que nos eleva a la abstracción del viaje con una triada de maletas antiguas; espacio convertido en un mar sin fondo a través de la iluminación y el video de Daniel Primo. Acompañan el montaje José Raúl Vallejo y su saxofón, enriqueciendo la imagen, y Mireya González con el acordeón que, a pesar de su encantadora presencia, requería de un mayor apoyo en cuanto a su participación musical y su efecto vocal. Ensayo para cortar cabezas es una puesta en escena con atractivos visuales y actorales que nos sumergen en nuestra violencia nacional. Quisiéramos huir, como estos tres jóvenes, compartimos el impulso en un país en el que ya no hay para dónde moverse sin ver muerte, tortura y desapariciones. Lo que queda es, entonces, tomar cartas en el asunto y manifestarse.