"La casa de Betty"

miércoles, 3 de agosto de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Con La casa de Betty, el coreógrafo Duane Cochran celebró 20 años de su compañía Aksenti Danza Contemporánea. El festejo no fue pequeño. Las puertas del Palacio de Bellas Artes se abrieron para el artista de origen estadunidense, nacionalizado mexicano, y la placa alusiva fue develada por los músicos Sergio Vela y Mario Lavista, la coreógrafa Isabel Beteta y Sergio Ramírez, subdirector del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Se trata de un experimento escénico que el artista –reconocido como uno de los mejores pianistas del país y miembro de la Ofunam– elaboró inspirado en el cuadro La casa de Betty, del pintor y coreógrafo Rafael Zamarripa. Al visitar la casa del artista plástico y director del Ballet Folklórico de la Universidad de Colima, Cochran quedó fascinado con las imágenes, que parecían hablarle desde el lienzo, Con varios premios nacionales, becas del Fonca y múltiples temporadas en diversos teatros del país, Cochran tenía una sola seguridad: no quería repetirse ni volver sobre sus propios lugares de comfort. Dueño de una musicalidad notable e interesado en exponer --en algunos momentos de manera confesional-- conflictos, absurdos y sinrazones del ser humano, la pintura de Zamarripa le disparó la necesidad de incursionar en el teatro. Así, según sus propias palabras, “en el foro se presenta una casa y cada habitación muestra un estado diferente de cómo es el amor, la frivolidad, la conciencia, la identidad propia del ser humano, el apego a las memorias y los recuerdos. Es como un viaje de habitación en habitación para ver las situaciones que experimenta el ser humano en la actualidad. “Dentro del espectáculo hay mucha gestualidad teatral, donde la música va dando el estado emocional de cada escena, mezclándose además con comicidad y drama, a fin de que sea una obra accesible y amena.” Pero Cochran se equivocó. Su pieza no es accesible, ya que cae en la ilustración, y tampoco es amena. En algún sentido es difícil de seguir, porque es tal el melodrama que se desarrolla en el foro, que de inmediato se sabe que se trata de un lugar común sobre los estereotipos del amor, la homosexualidad, la violencia en la pareja y las drogas, entre otras temáticas. Si bien la propuesta de utilizar el espacio de una casa para mostrar lo que sucede en ella puede ser interesante, habría que mirar un poco atrás y recordar el portentoso montaje Rooms de Anna Sokolow, en el que en cada habitación se desarrollaba un drama humano. En la casa de Cochran, los problemas están en el montaje mismo. El guión es disparejo, poco interesante y retórico, la actuación es fingida, chillona y, en el peor de los casos, absolutamente superficial y llena de clichés. Mucho tienen que ver los integrantes de la compañía, en particular Rodolfo Aguilera y Fernando Miranda, quienes no sólo actúan pésimo, sino que además no respetan la técnica de movimiento que exige siempre Cochran. Ahí hay que apuntar entonces un error de casting. Ni el mejor director de teatro o coreógrafo podría haber hecho algo mejor con ellos. Otro problema es que frente a lo que se puede ver en la televisión, las peripecias que ofrece Cochran resultan pueriles. No hay drama, y lo más grave es que la danza, que es el fuerte del creador, queda supeditada a ilustrar lo que el teatro no logra hacer surgir. En lugar de retomar sus complejas secuencias llenas de braceos, que exigen un oído experto para acentuar compases y armonías y que caracterizan su muy particular estilo, el artista ilustró a manera de relleno ciertos momentos de la pieza. Y nada más. Cochran no es un artista banal y es digno de destacar su interés por tirarse sin paracaídas y tratar de investigar otros lenguajes. Su honestidad es clara, y es una lástima que semejante esfuerzo no haya logrado ser algo más contundente. Y más: es importante entender cuando un espectáculo es sólo para adultos. Decenas de niños fueron a la celebración, de la mano de sus padres, para ver algo --lenguaje soez explícito, agresiones sexuales, diálogos vulgares-- que no necesitan mientras son eso: niños.

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