Martínez Palomo, la Sinfónica del IPN y los genios musicales

miércoles, 31 de agosto de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Desentrañar las causas de muerte de varios compositores como Mozart, Tchaikovsky o Beethoven y la relación de sus capacidades o debilidades físicas con su genio creativo, ha sido la pasión del médico e investigador Adolfo Martínez Palomo, quien este miércoles 31 de agosto a las 19:00 horas participará en el concierto didáctico Como por arte de ciencia, en el Auditorio Nacional. El concierto estará a cargo de la Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional (IPN), bajo la dirección de Gabriela Díaz Alatriste, y dará inicio formal al ciclo escolar 2011-2012 de la institución fundada por el presidente Lázaro Cárdenas en 1936. Se interpretarán obras de Rossini, Beethoven, Bach, Mozart, Tchaikovsky y Berlioz, a las cuales el doctor Martínez Palomo, profesor emérito del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN y miembro de El Colegio Nacional, dará una introducción comentando aspectos de su vida y de las circunstancias en las cuales compusieron esas obras. El investigador ha profundizado también en la vida de Haydn, Schubert, Schumann, Bellini y Chopin. Comenzó hace 20 años, recuerda en entrevista con Proceso, al conmemorarse el bicentenario de la muerte de Mozart (1991), pues aparecieron entonces numerosas publicaciones sobre el compositor, algunas de las cuales se referían a sus aspectos médicos, pero también psicológicos y psiquiátricos. Martínez Palomo siempre ha sido melómano y Mozart es su compositor preferido. Se percató de que mientras más conocía al personaje más disfrutaba su música y se interesó por la vida de otros compositores. En todos encontró aspectos interesantes: algunos murieron enfermos muy jóvenes sin una causa explicable de enfermedad, y otros padecieron siempre algún mal. Schumann, dice, padeció un problema psiquiátrico y su obra no se entendería sin el conocimiento de su enfermedad. Tchaikovsky murió inexplicablemente una semana después de haber terminado su sexta sinfonía, cuando días antes estaba en perfecto estado de salud. El caso, continúa, es “como una novela policíaca más que una investigación médica: ¿suicidio?, ¿asesinato?, ¿contaminación por cólera?”. Cuenta que hay dos investigadores rusos que han dedicado su vida a analizar las causas de su fallecimiento. Uno de ellos afirma que fue un “suicidio inducido” por el zar Alejandro II, y una biógrafa afirma que murió de cólera. Como médico, indica Martínez Palomo, él sólo toma los datos para interpretarlos, y si bien no tiene una conclusión definitiva, sostiene que las manifestaciones médicas que tuvo Tchaikovsky no fueron de cólera. Subraya que al investigar clínicamente a los autores busca saber si hay relación entre el genio y sus condiciones de vida. Eligió a ese grupo de compositores no sólo por gustar de las obras, sino por sus vidas en sí, que le parecen dignas de investigarse, todas desarrolladas en ambientes muy distintos aunque perteneciesen a la misma época. Entonces menciona que siendo Verdi un gran compositor, “famosísimo”, no le inquietó en lo más mínimo, pues tuvo una vida “bastante aburrida desde el punto de vista psiquiátrico y psicológico, fue un señor hacendado que hizo unas óperas fabulosas, pero no me interesa a pesar de que me gusta muchísimo su obra”. Para él los tres grandes de la música clásica son Bach, Mozart y Beethoven y sus historias le apasionan. Siempre hay algo nuevo: refiere que basta entrar a la National Library Medicin, poner en el buscador Mozart y obtener cientos de artículos médicos sobre él. Existen registradas más de 141 causas de su muerte; la más resiente, por falta de luz solar. Pero el médico considera que murió de una enfermedad renal por haber padecido de las anginas desde niño. Los tres desarrollaron su genio en condiciones distintas, exlica: Mozart tuvo un ambiente muy favorable y se puede seguir su vida casi día con día, pues sus padres escribieron muchísimas cartas, e igualmente los hijos. Beethoven padeció a un padre alcohólico que le daba manotazos en las orejas para obligarlo a tocar el piano, si bien, aclara, eso no influyó en su sordera, aunque sí para algunos biógrafos, quienes dan así un toque “romántico” a la historia. Bach es quizá el de la vida más adversa pues fue huérfano de padre y madre, y él solo se empeñó en aprender a leer partituras hasta que “ya grandesito”, a los 18 años, comenzó a componer música. –¿Cuál le parece más admirable por haber desarrollado su obra en condiciones contrarias por la enfermedad? –Beethoven. Tenía un ambiente cultural muy favorable, pero una constitución física deplorable. A los 24 años empezó con manifestaciones de trastorno intestinal muy complicadas que lo llevaron hasta la tumba; era un enfermó crónico, pocos años después empezó su sordera... Y el tercer problema muy grande es que era poco atractivo, pero muy enamoradizo... “Parece broma pero tenía una vida íntima muy frustrante y una vida física de enfermo crónico... ‘A pesar de todo dijo: Me voy a sobreponer a todas las limitaciones que tengo porque sé que soy capaz de dejar una obra importante para la humanidad’. Y vaya que lo logró.” Los politécnicos interesados en el concierto pueden solicitar sus boletos, gratuitamente, al teléfono 57-29-60-00 extensión 53623 o al correo eventos_ddfc@ipn.mx.