"Así es la suerte"

jueves, 1 de septiembre de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Por más racional que alguien pretenda ser, el tema de la buena o mala suerte siempre inquieta. ¿Quién no tiene un punto supersticioso? En el ambiente de teatro existe un sin número de objetos o actitudes asociados a la adversidad o la buena fortuna; en Macbeth, por ejemplo, pesan todo tipo de desgracias y accidentes, algunos grandes actores ni siquiera la mencionan por su nombre. El comentario es pertinente porque la anécdota de Así es la suerte (México, 2011), tercer largometraje de Juan Carlos de Llaca, se centra en un actor de teatro que pasa por una mala racha. Basta con correr la voz o insinuar que Ramiro (Mauricio Isaac) trae la mala suerte para que todos lo traten como un apestado. Inspirado en una película argentina, La suerte está echada (2005), de Llaca trabajó el guión de su propia versión durante más de un año en el taller de Vicente Leñero. El resultado es una comedia agridulce, de humor inteligente, siempre con una dosis de inquietud, que busca sus propias causas más allá del azar o la superstición y las encuentra en el pasado, los lazos familiares y una actitud hacia la vida. La crisis de trabajo, la convicción gradual de ser poseído por una entidad llamada mala suerte, abren el camino para que Ramiro revalore sus afectos hacia el padre (Patricio Castillo) y el hermano (Alfonso Herrera). La formulita de que hay que aprovechar las crisis para crecer encaja bien aquí. Que el resentimiento acumulado influye en la suerte es una tesis ambiciosa, pero el director sale adelante gracias al buen trabajo de sus actores que aprovechan los diálogos al máximo, casi todos crecen a lo largo de la cinta. De Llaca combina en todo momento lo amargo con lo cómico. Incluso la escena más chusca (bien explotada de principio a fin), Ramiro acudiendo a una limpia con un curandero (Silverio Palacios, perfecto en el filo del guiñol y el chamanismo) lleno de aspavientos, hierbas y lumbre, conserva un dejo de miedo. El lado emotivo en relación al padre internado en un asilo y al hermano distanciado no cae en el sentimentalismo; es este recurso, bien empleado, del anticlímax, lo que provoca la sonrisa; sin carcajadas porque siempre hay una ecuación que entender. La lista de situaciones que se resuelven en sentido opuesto a lo esperado es larga pero habría que revelar la trama. Así es la suerte explota, en general con buena fortuna, situaciones que en principio parecen un tanto forzadas, como la puesta vanguardista en el Polyforum de un Otelo en patines que termina pareciendo no tan descabella; de la misma manera que debió ser difícil para los actores decir con naturalidad sus diálogos shakespearianos haciendo malabares, el asunto de la suerte, el azar y la superstición ponen a andar en patines al guión y termina por parecer natural.

Comentarios