"El que mueve los hilos...", de Woody Allen

jueves, 1 de septiembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- A lo largo de su trayectoria, tanto en sus películas como en algunos textos, Woody Allen se ha planteado --siempre con humor e ironía-- diversas preguntas acerca de la naturaleza de Dios. Las primeras datan de 1974, en dos textos titulados “El gran jefe” y “Los condenados”, publicados en la revista The New Yorker y recopilados en el ensayo “Cómo acabar de una vez por todas con la cultura”. Actualmente en la Sala Xavier Villaurrutia se presenta El que mueve los hilos (o cómo acabar de una vez por todas con las dudas sobre la existencia de Dios, las historias policiacas y las propagandas subliminales de cerveza), versión libre para teatro de títeres basada en “El gran jefe”. Rafael Curci, reconocido titiritero y escritor de origen uruguayo, es el director y adaptador de esta obra de títeres para adultos que, de manera inteligente y divertida, parodia el cine negro policiaco de la década de los cuarenta. El protagonista de la historia es el detective Budweiser, quien recibe la visita de la seductora señorita Heineken con la petición de que dé con el paradero de Dios. Así inicia un periplo que lleva al detective a contactar desde un soplón de barrio hasta el mismo Papa, pasando por la experiencia de su propia muerte para poder encontrar a Dios. Destaca la calidad de la marionetas de mesa, personajes que a su vez evocan la imagen de otros Budweiser (Woody Allen), la señorita Heineken (Marlene Dietrich), el soplón Joe Corona (una especie de Silvester Stallone sin piernas), el rabino Carlsberg (Groucho Marx) y el Papa (Marlon Brando en su caracterización de El Padrino). Isahí Ramher, artista poblano egresado del Colegio de Arte Dramático BUAP; Susana López Pérez, actriz, titiritera y productora; y Moisés Cabrera, director y titiritero con más de 20 años de oficio, son los manipuladores de estos títeres con los que incluso interactúan en diferentes momentos de la obra. La escenografía es de Germán López Pérez, el vestuario de Verónica Olvera, la utilería de Susana López Pérez, la banda sonora de Miguel Ángel Méndez y Jesús Romero, elementos que redondean esta breve pero muy divertida historia, que incluso tiene sus toques filosóficos, imprescindibles en una obra que tiene como planteamiento central la existencia de Dios. El que mueve los hilos --afirma Rafael Curci--, “es una clara alusión no sólo al Altísimo, sino también al titiritero, quien desde su desdoblamiento objetivado, neutro, elimina cualquier gesto residual para adentrase en la interpretación de la forma, de la imagen plástica resultado de esa indagación poética. “Así, los elementos del montaje crean una partitura de gestos, acciones, signos y sonidos. Los textos, sintéticos, buscan que el público se aplique al trabajo dialéctico de construir o completar la historia en su mente. No hay verborrea ni objetos sacudidos compulsivamente. Hay sutileza y precisión, una concepción del teatro de títeres que esperamos sea disfrutada por los jóvenes y adultos.” Las funciones se realizan jueves y viernes a las 20:00, sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00 horas, en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque.

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