Carolyn Carson, vivir para bailar

jueves, 15 de septiembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- A sus 68 años, Carolyn Carson se sigue moviendo en el foro como si tuviera treinta y fuera de él como si tuviera 20. Su energía sigue siendo juvenil, arrebatada. Alta y delgada, la estadunidense emigrada a Francia se declaró durante su estancia en México como un “espíritu libre” que sigue disfrutando bailar como lo hizo desde joven en Nueva York, bajo la dirección de Alvin Nikolais: “Todo el arte viene de la memoria y de la experiencia, pero no es algo personal sino universal. Es como cuando vemos salir el sol entre las montañas y sentimos la belleza, cómo expresar esto en palabras. Tenemos experiencias extraordinarias a diario pero no siempre podemos explicarlas, en ese tipo de energía no hay palabras. La mía es un tipo de danza que se trasmite a través del corazón, no es algo racional sino que sale del corazón”, declaró en exclusiva para APRO. La coreógrafa estuvo el pasado sábado 10 y domingo 11 en México, con el propósito de mostrar su programa Short Stories, a mystic journey, en la sala Miguel Covarrubias de la UNAM, no todo puede surgir sólo de la emotividad, sino que el pensamiento profundo y la búsqueda de nuevas formas de ver la vida: “Todos los días me entreno sola durante veinte minutos, me gusta hacer chi kung, respirar y después me dedico a dar una clase rigurosa de la técnica que aprendí con Nikolais. Todos trabajamos de las diez de la mañana y hasta las seis de la tarde. Después me marcho a casa y sigo trabajando escribiendo. Me gusta pintar.” Directora de Bienal de Venecia durante varios años, la artista confiesa que tiene una visión pesimista del mundo actual, que no entiende la violencia que existe en lugares como Libia, y considera que con tan sólo “un poco de voluntad la vida podría ser totalmente diferente, pero eso no puede detenernos a los artistas, debemos seguir adelante”. “Lo mío más que danza es poesía visual, lo superficial no es mi línea, yo busco a partir de una idea y de ahí surge el movimiento”, señaló Carson durante la conferencia de prensa efectuada en la dirección de Danza de la UNAM, en la que estuvo presente su compañía y Cuauhtémoc Najera, responsable de que la artista se presente en México, en colaboración con el Instituto Francés de América Latina (IFAL), la embajada de Francia en México y la Federación de Alianzas Francesas. Las obras presentadas fueron Li (2007), interpretada por dos bailarines que buscan completar sus energías a manera del ying y el yang, las artes marciales y la contemplación zen. “Es una historia de amor y perdida, para entenderla hay que verla dejarse fluir”, apuntó Carson. Mandala (2010), basado el trascendental círculo en el que confluyen todas las energías, “un acto de meditación a través de girar y girar”, y Giotto (2002), un solo interpretado por la artista casi en inmovilidad y centrada en el minimalismo. Todo a partir de diferentes cuadros, como si fueran cartas del tarot. Para Carson, sus bailarines son sumamente especiales “son como monjes, juntos hacemos poemas” por lo mismo no suele contratar a nadie hasta no haber trabajado a su lado por una temporada. En la actualidad dirige el Centro Coreográfico Nacional Roubaix Nord-Pas de Calais.

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