Así se siente el amor (Beginners)

viernes, 16 de septiembre de 2011
El difunto Hal (Christopher Plummer) murió de cáncer, justo cuatro años después de haber salido del clóset al quedar viudo. Oliver (Ewan McGregor) reflexiona sobre la vida de sus padres mientras limpia la casa donde murió su progenitor y dialoga con Arthur, el perrito que le dejan en adopción; poco después conoce a Anna (Mélanie Laurent), una actriz tan afectada por su infancia como él; ambos intentan una relación. Beginners, así se siente el amor (Beginners; EU, 2010), se basa en una episodio autobiográfico del director Mike Mills; como ocurre con el padre de Oliver, el de Mills le anunció que era gay a los 75 años. La historia de amor en el presente avanza a contrapelo de la memoria; episodios del presente se alternan con momentos del pasado, como si Oliver no pudiera avanzar en la vida si no digiere el pasado. La formación como diseñador y publicista de altos vuelos del realizador no parece obstáculo en la búsqueda de un lenguaje propio; la apuesta de Mills era demasiado personal para arriesgarla con una cinta de corte comercial. La libertad del cine independiente le acomoda para experimentar con el lenguaje visual; fotografías del pasado, imágenes icónicas de la evolución del movimiento gay que cobran sentido en contraste con el presente, se alternan con el estilo del 2003, en plena era Bush marcada con una foto de ese expresidente. Lo retro con lo postmoderno. Blanco y negro, abstracciones de color, o letreros de los pensamientos del perrito Arthur (Cosmo). Una frase de García Márquez, “la realidad se parece demasiado a la mala literatura”, me queda como clave esencial para entender el proceso de ficción narrativa. Por muy calca que sea de la vida del director, el coming out del padre de Oliver parece forzado, y al filo de lo inverosímil verlo en una disco gay o lleno de tubos de hospital celebrando su cumpleaños con su nuevo grupo de amigos; pero la entrega de los actores a su papel le va dando cuerpo a la anécdota hasta hacerla verosímil y disfrutable. En la medida que el personaje que interpreta Christopher Plummer, magnífico a sus 80 y pico con su bufanda de arcoiris, adquiere el derecho de piso para expresar su orientación sexual y recuperar aquello de lo que le privó el prejuicio de la época, el conflicto del hijo se hace más interesante para el expectador. Con su interpretación, Christopher Plummer supo leer entre líneas lo que el director intentaba decir con su propio guión, la expresión de un doble derecho, el de la orientación y el de la posibilidad del disfrute sexual en la vejez, más allá de cualquier problema de género. El personaje de Ewan McGregor dependía completamente de que su progenitor nunca perdiera la dignidad. El conflicto de Oliver no proviene de la vergüenza, sino de la admiración ante ese tipo que resulta ser su padre y que nunca había llegado a conocer auténticamente; la tristeza y el abatimiento que lo invaden son la secuela de la imposibilidad de pasión entre sus padres.