"Incendios" y "Bosques", de Mouawad

viernes, 16 de septiembre de 2011
MÉXICO, D.F. (Proceso).- La tetralogía La sangre de las promesas del autor Wajdi Mouawad ha causado gran revuelo en nuestros escenarios. La búsqueda de los orígenes como una necesidad humana, el descubrimiento de los ancestros para recuperar y liberarse del pasado, y el romper la cadena de promesas incumplidas y reconocer el presente, ha tocado los corazones de muchos. En la Ciudad de México se han presentado tres obras, y dos de ellas están actualmente en cartelera: Incendios en el foro Shakespeare de viernes a domingo, Bosques en el teatro Benito Juárez los martes. Mouawad, radicado en Montreal desde muy joven, aborda la tragedia lindando con el melodrama y da dimensiones universales a sus problemáticas. En Incendios, la chispa que prende el fuego es, como en Antígona, un muerto reciente que no encuentra descanso. Nawal, en su testamento, deja un mandato a sus hijos gemelos: han de buscar a su padre, que creían muerto y a un hermano cuya existencia ignoraban, para entregarles una carta. La búsqueda se realiza en Líbano, lugar de origen del autor, y los hermanos se transportan al pasado de su madre para descubrir realidades dolorosísimas. Verdades que llevan a temas como el incesto, igual que en la tragedia de Edipo. En Bosques también hay incesto, crimen, persecución e historias casi fantásticas. Es el viaje de una joven, llamada Lobo, hacia los antepasados de su madre para romper la cadena de odios y promesas a medias. Un paleontólogo la convence; compañero de viaje el cual también tiene misterios familiares que resolver. El árbol genealógico y la estructura dramática de Bosques es la más compleja e Incendios la más emotiva. En Incendios dos hermanos descubren los porqués de su madre desde que tenía 15 años hasta su actualidad. Bosques se desarrolla en el presente, durante las dos guerras mundiales y la guerra francoprusiana de 1870. La propuesta de Mouawad, dirigidas ambas obras con excelencia por Hugo Arrevillaga, es rica en recursos dramáticos. Juega con el tiempo más allá del flash back cinematográfico. Escénicamente se da la simultaneidad, la narración y el diálogo, la lectura de cartas y el cambio inmediato de espacios. Vamos, venimos, nos trasladamos libremente sin el rigor lineal del tiempo, y nos dejamos llevar por esta búsqueda de nuestra esencia. Mouawad encuentra sentidos en un pasado personal capaz de transformar y cambiar la visión del presente; sentimiento profundo para un migrante que vivió el terror de la guerra y tuvo que desarraigarse de su país y su cultura natal desde niño. El espacio escénico y la iluminación, diseñadas por Atenea Chávez y Auda Caraza, son sintéticos y, con pocos elementos, dan la ambientación y la ubicación necesaria. La madera es la materia fundamental. En Incendios una pasarela, una mesa o una barca se transforman en los múltiples espacios donde sucede la acción. Bosques sucede en un ruedo con un entarimado para ubicar al público y un escenario circular de cuyos límites salen y entran mesas bancas o sillas. Karina Gidi es la actriz que interpreta a la madre en Incendios y lo hace de una manera sorprendente. Su capacidad emotiva y de transmitir el dolor consigue sensibilizar al público presente. No necesita de grandes movimientos ni marcados gestos; la energía que genera es suficiente para compartir su realidad a los demás. Concepción Márquez y Pedro Mira la acompañan en esta travesía y también participan en la obra de Bosques junto con Úrsula Pruneda, Rebeca Trejo y Alejandro Reza, entre otros, cuyo trabajo es eficaz.

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