"¿Qué les pasó?"

jueves, 29 de septiembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Desafortunados vivientes: veo, con contradictoria mezcla de complacencia, estupor y angustia, que el andar de la historia va dando la razón a su servidor y me la quita al mismo tiempo. Me halaga, ¿por qué negarlo?, que la historia, con sus hechos incontrovertibles, me haya dado la razón y confirme lo que tanto pensé y expresé a través de mis conferencias, obras de teatro y otros escritos: que no, que no había lucha de clases, que más bien lo que existe y persiste es el combate sin fin entre los que están en el mundo para aprovecharse de él y quienes están en el mismo para mejorarlo y hacerlo habitable para todos, por lo que también fui, lo digo con orgullo, uno de los tantos que combatió la ilusión religiosa de la apocalíptica visión marxista de una lucha final del proletariado que terminaría con los males sociales e institucionalizaría una sociedad sin clases, sin guerras y sin gobernantes, por lo que también me opuse y fui enemigo de esa visión melodramática y sentimentaloide de la oposición a muerte entre virtuosos obreros y abominables capitalistas, pues siempre pensé que el ser pobre y explotado no hace de por sí buena a una persona. Esas mis ideas, como es natural, me llevaron a ser miembro de la Sociedad Fabiana, la cual propugnaba la evolución lenta y pacífica hacia el socialismo, por estar convencido de que esa política de reformas progresivas bien podían terminar con la abolición de la propiedad privada, contribuir a un más justo reparto de la riqueza producida y terminar en un gobierno que, en la base, mantendría contactos y respetaría la dignidad de los que lo habían legitimado con elecciones libres y, en la punta o cabeza, estarían estadistas que con sus decisiones favorecerían a todos, sobre todo a los menos favorecidos, como dicen en esos sus tiempos; estadistas que estarían sujetos a la rendición de cuentas. ¡Ah! Eso de la rendición de cuentas iba para todos, pues mi pensar no tenía debilidades, no estimaba más que a los que se consagraran al trabajo y a los que se entregaran a mejorar la vida de sus prójimos. Estaba, y estoy contra los parásitos, contra los que no producen, contra los desidiosos y los pusilánimes que vegetan en todas las clases sociales. En ese su hoy, desafortunados vivientes, veo y compruebo con perplejidad, dolor e incluso enojo, que las actividades de la Sociedad Fabiana y las de otras parecidas, de los partidos políticos, del proselitismo desplegado por tantos y por este servidor de ustedes a favor de un mejor mundo para todos, no han prendido entre ustedes, y que tampoco les ha enseñado nada las brutalidades y los horrores que ha tenido que sufrir la criatura humana por innovaciones o revoluciones dizque salvadoras –nacionalismo, comunismo, fascismo y nazismo y la que padece ahora por parte del neoliberalismo rampante en esa su llamada globalidad–, que todos esas experiencias no les han servido para nada, ya que los que están en este mundo para aprovecharse de él, que son los menos, son los que siguen dictando las normas de conducta en el mismo, así perjudiquen a los más. ¿Qué les pasó? ¡Ay! En verdad que me desencanta y encorajina su actual situación en la globalidad que viven, en la que la mayoría y la fuerza del número no ha sabido, no ha podido, ¿o será que no la han dejado? ¿Qué dicen? Organizarse para tener posibilidades de defender sus derechos y poder elegir a los políticos más capaces, más idóneos de defenderlos, para cumplir con la doctrina de la Sociedad Fabiana, las ideas de tantos como las de este servidor. Tal situación afirma y confirma mi desconfianza hacia la democracia, de su incapacidad para establecer un sistema que garantice la elección de los mejores gobernantes, porque de que los hay, los hay. Ya lo dijo un personaje de una de mis comedias: “En cada país debe haber hombres capaces para gobernar…todo consiste en saber escogerlos. Nadie sabe cómo hacerlo y por eso el mundo está vilmente gobernado…el enigma de cómo elegir al gobernante todavía está sin respuesta, y es el enigma de la civilización”. Vuelvo a preguntar: ¿qué les pasó? En lo personal considero que es porque entregaron y entregan el gobierno a los incompetentes, a los aventureros, a los prácticos hombres de negocios, esto es, a los que se hacen ricos anteponiendo sus muy particulares intereses a los de la colectividad. ¡Cuidado! Están recorriendo un camino que los lleva inevitablemente a una orgía de belicosidad, sangre y locura…si no es que ya están en ella. ¿Qué dicen? Por el bien que les deseo, que la fuerza de la vida o, como la llamaba el filósofo Bergson, el elan vital los acompañe por el bien de la especie. BERNARD SHAW

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