De hombres y algunos dioses

martes, 10 de enero de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Llegada de Italia, la bailarina, coreógrafa y maestra Rossana Filomarino nunca abandonó México. Formada dentro del rigor de la técnica Graham, fue parte del Ballet Nacional y participó en él lo mismo como intérprete que como creadora. Su carrera profesional suma ya 45 años. De hombres y algunos dioses es su última propuesta escénica, vista por muy poca gente en el Centro Nacional de las Artes. Se trata de dos solos que se destacan particularmente por la capacidad, tanto de la propia Rossana Filomarino, como del notable Rodrigo Angoitia, que en una suerte de tour de forcé muestran que para bailar, lo primero que se necesita saber es “estar” en el foro. Pasos andados, interpretado por Filomarino, es un ejercicio de tensión dramática que tira por el suelo la idea de que las mujeres mayores de 50 años no deberían estar en el foro. Con gran disciplina y convencimiento, la intérprete logra tesituras que ninguna jovencita lograría, por más que domine la técnica. Filomarino la tiene y, además, posee la experiencia de miles de horas haciendo clase bajo la tutela de Guillermina Bravo y de toda la elite profesores de la escuela de Martha Graham que visitaron México. Su solo es de gran belleza. Tal vez lo único que podría cuestionarse es el vestuario. No obstante, si bien no resalta las acciones, es obvio que bailarinas como Filomarino, Cora Flores y Ema Pulido nunca deberían bajarse del foro. La segunda parte es la mitología de los ancestrales dioses mexicas Huehuetéotl, Ehécatl-Quetzalcoatl y Huitzilopochtli, vistos bajo la óptica del hoy y el ayer mezclados. Directora y coreógrafa de la pieza interpretada por Rodrigo Angoitia, Filomarino no pretendía hacer reconstrucción histórica alguna. “La verdad es que no podría contestar por qué hice la obra, creo que es parte de mi educación, de saberes y estudios para rescatar lo esencial del ser humano. Es claro que los arquetipos evolucionan.” Filomarino coincidió con Rodrigo Angoitia, también coreógrafo y ganador del Premio INBA-UAM, cuando él se incorporó a un curso dictado por ella en Xalapa. Encontraron intereses comunes y se lanzaron al vacío de descubrirse uno al otro frente al reto de un tremendo trabajo físico y de interpretación. A pesar de que no posee un cuerpo atlético ni espectacular, a decir de Filomarino, Angoitia va mucho más hacia el interior. “El virtuosismo o los cuerpos atléticos ya no me interesan, ya lo agoté y prefiero a Rodrigo con esa fuerza que tiene para convertirse en un dios creíble.” Lejos de cualquier estereotipo de “lo mexicano”, Rodrigo es un bailarín rubio y de ojos claros que cuando pisa el foro hace cualquier circunstancia verídica. Siempre ha sido un intérprete avezado y no hace alarde de su gran talento Si bien el lenguaje utilizado no es la vanguardia de moda, el espectáculo de Filomarino es una muestra fundamental para mostrar que cuando se tiene algo que decir y se renuncia a todo tipo de efectos y subterfugios, la danza en sí misma es absolutamente contemporánea. Es un lástima que el espectáculo no tenga visos de volverse a ver. Según Filomarino, está muy cansada “de que en el INBA y la UNAM no me acogen. Mi proyecto fue rechazado por el consejo artístico del INBA, pero no pierdo la fe, espero que algo saldrá en el futuro, este es un trabajo importante”.

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