Concursa Villaseñor por un puesto en la UNESCO

miércoles, 11 de enero de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- El promotor cultural Carlos Villaseñor Anaya, director de Interactividad Cultural y Desarrollo, A.C., y exdirector del Instituto Tlaxcalteca de Cultura, podría convertirse en uno de los pocos mexicanos que desempeñan o han ocupado un cargo directivo en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En noviembre pasado presentó su candidatura para ocupar la dirección de la División de Expresiones Culturales y Patrimonio del organismo internacional, dirigido por la búlgara Irina Bokova. La dependencia queda bajo las instrucciones del subdirector general de Cultura, Francesco Bandarin, y es responsable de organizar las reuniones estatutarias de seis convenciones: Convención Universal del Derecho de Autor (1952), Convención para la Protección de Bienes Culturales en Caso de Conflicto Armado y su Segundo Protocolo (1954), Convención para la Prohibición y Prevención de la Importación, Exportación o Transferencia Ilícitas de Propiedad Cultural (1970), Convención para la Protección del Patrimonio Subacuático (2001), Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Inmaterial (2003), y Convención para la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (2005). “Toca organizar y coordinar el desahogo de los acuerdos derivados de estas reuniones que son presididas por cada uno de los Estados miembros. Cada una de las convenciones tiene un secretario técnico responsable directo por parte de la UNESCO. Y en este puesto de director de la División, los cinco directores o los cinco secretarios técnicos serían quienes me reportarán en caso de ser seleccionado.” La convocatoria para ocupar el puesto vacante se hizo pública en octubre pasado y Villaseñor Anaya, designado en 2011 como experto internacional en materia de gobernanza cultural y políticas culturales por la UNESCO y la Unión Europea, decidió postularse a título personal. Tiene ahora el respaldo de la antropóloga Lourdes Arizpe, quien fue subdirectora general de Cultura de la UNESCO de 1994 a 1998, así como de integrantes de la Comisión Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial, la Comisión Nacional de Cooperación con la UNESCO (Conalmex), y de la Secretaría de Relaciones Exteriores que, dice Villaseñor, ha instruido al embajador ante Francia, Carlos de Icaza, también representante permanente de México ante la UNESCO, para que exprese el respaldo del gobierno mexicano a su candidatura. Tras destacar que no es común que este tipo de vacantes salgan a concurso en la UNESCO, Villaseñor Anaya subraya que debió ser él mismo quien presentara toda la documentación, pues no es un proceso que un gobierno pueda iniciar. Un gobierno podría alentar a alguna persona e incluso difundir en su territorio las bases, pero al final los aspirantes tuvieron que hacer los trámites desde su propio correo electrónico. Sin embargo “aprecia” el respaldo gubernamental pues podría ser un factor que consideren al interior de la administración de la propia UNESCO. Desconoce cuántos candidatos más hay y de qué países. En cambio explica que primero se hará una depuración de la lista, y para mediados o finales de este mes se tendrá un grupo más reducido de aspirantes que deberán ir a entrevistas a la sede de la UNESCO en París, Francia. Cabe recordar que han ocupado cargos en la UNESCO, además de Arizpe como subdirectora general de Cultura, Antonio Castro Leal, quien fue director de Patrimonio y Arqueología, y Pilar Álvarez Laso y Rodolfo Stavenhagen en el área de Ciencias Sociales, entre otros. Destacando que la dirección general del organismo fue ocupada por el poeta Jaime Torres Bodet de 1948 a 1952, quien renunció al cargo al estar en desacuerdo con una disminución presupuestal que –consideró– no abonaba en las labores del organismo de construir la paz. Hasta el momento no ha habido un mexicano como director de División. Cuando se le pregunta cuál es su expectativa, indica que fundamentalmente mostrar que México cuenta con personas y grupos interesados en los grandes temas de la política cultural y del patrimonio, y que “tenemos posiciones de vanguardia… también en América Latina”, donde “hemos alcanzado un nivel y una serie de ejemplos exitosos de políticas culturales que pueden ya constituirse en un modelo importante de vinculación de cultura y desarrollo”. –¿Ubica ese pensamiento como independiente? Porque las instituciones públicas mexicanas han sido muy cuestionadas. –Diría que corre más por circuitos independientes e institucionales que son más de lo que en los últimos años hemos reducido al sector cultura. El sector cultura no sólo abarca las instituciones federales enmarcadas en el PEF (Presupuesto de Egresos de la Federación), ni las instituciones estatales de cultura, soy un convencido –por ejemplo– de la importancia de las universidades públicas, cuyas actividades culturales son poco visibles, de los centros de investigación y desde luego de muchas organizaciones de la sociedad civil. Se le pregunta si aunque lleve el respaldo del gobierno mexicano trabajaría para la UNESCO en forma independiente. Dice entonces que se trata, en efecto, de un cargo cuyas instrucciones no dependen de ningún modo de la Cancillería o el Conaculta, sino de la subdirección general de Cultura de la UNESCO. –Pensando en quejas que en ocasiones se presentan como el caso del espectáculo de luz y sonido en Teotihuacán, ¿le daría curso como corresponde aunque pudiera afectar a México y se le viera como un país destructor de su patrimonio? –Yo creo que sin perder la objetividad y las obligaciones que uno deba cumplir como empleado de la UNESCO, siempre buscaría las mejores condiciones para que se tenga una buena imagen y una buena posición de México. Evidentemente, si se cometen errores, se tiene que hacer todo lo necesario para restituirlos de la mejor manera. No se trata de ocultar sino de tener toda la prestancia para que las cosas se hagan de la mejor manera, y en todo caso tener en cuenta que uno forma parte del país y busca en todo momento el bien del Estado entendido como el conjunto que integra población, Estado, territorio, gobierno y leyes, no nada más una posición institucional. Hace un par de años, cuando tras la salida del poeta Homero Aridjis de la Representación Permanente de México ante la UNESCO se anunció que el embajador De Icaza desempeñaría la doble función de ser titular de la Embajada ante Francia y representante ante UNESCO, Villaseñor y otros personajes como el editor Miguel Ángel Porrúa participaron en un foro en el cual se debatió la importancia de que México tuviera un representante para cada misión diplomática. Ahora, al evaluar los dos años de doble función de Icaza, el promotor cultural asegura que se ha desenvuelto con “mucha responsabilidad y profesionalismo”, pero que su preocupación será cuando el embajador emérito se retire o cambie de misión, pues quizá no todos tengan la capacidad de desempeñar los dos encargos.