J. Edgar Hoover... ¿presidente?

martes, 17 de enero de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Muchos son los aspectos que llaman la atención en la cinta de Clint Eastwood, J. Edgar (J. Edgar, EU-2011), pero resulta especialmente interesante el hecho de que las reflexiones que esta producción trae consigo, caen como anillo al dedo a la situación que vive nuestro país en materia de seguridad pública. La cinta de Eastwood da cuenta de los pasos de J. Edgar Hoover (Leonardo Di Caprio) durante la creación y consolidación del FBI, pero por supuesto sin dejar de lado situaciones personales que marcaron a Hoover: la relación con su madre (Judi Dench), una figura castradora; con su secretaria, Helen Gandy (Naomi Watts), y con su amante y colega de trabajo, el oficial Tolson (Armie Hammer). Laboralmente, la definición del trabajo de Hoover se gesta en medio de diversos atentados comunistas que, según narra el personaje principal, se habían convertido en un riesgo para la nación: si Hoover no hubiera ayudado a detenerlos, Estados Unidos sería un país comunista. Hoover no echa mano de la fuerza, sino de la inteligencia, juega con la ley y hace lo necesario para ayudar con la captura de cientos de comunistas en los años 20. ¿Qué tan cierto es esto? Puede ser discutible, lo cierto es que se forma un sistema de control sumamente efectivo. ¿Ayuda esto a la ciudadanía? Al parecer, las intenciones de Hoover eran buenas al principio, pues era un hombre preocupado por preservar la seguridad del Estado para evitar el colapso de la sociedad, y para eso Hoover hace de todo, lo cual es sumamente cuestionable. Con el tiempo, el poder ciega al director del FBI y todo se va pervirtiendo. Más allá de una gran interpretación de Di Caprio, de una historia profunda y analítica, claustrofóbica, por momentos pesada y no fácilmente digerible, es difícil no desear que ojalá hubiéramos tenido a un Hoover en nuestro país, con la inteligencia y los pantalones para crear una institución fuerte y sólida, dedicada a atrapar a los malos y cuidarnos del crimen organizado. Y si no, al menos la pregunta pasa por nuestra mente, aunque la respuesta sea un rotundo no, puesto que Hoover parece pregonar la filosofía de “el fin justifica los medios”.

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