Presupuesto y pintura

lunes, 2 de enero de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Beneficiado con una irresponsable y acrítica asignación presupuestal de 16 mil 663 millones de pesos para 2012, el subsector cultural tiene la obligación de generar, durante todo este año, proyectos que realmente den servicio a los ciudadanos que aportan ese presupuesto. En el contexto de la administración gubernamental de las artes visuales, 2012 debería estar dedicado a la exposición y confrontación de prácticas pictóricas contemporáneas. La numerosa participación de creadores en la XV Bienal de Pintura Rufino Tamayo demostró la importancia que tiene este género entre los mexicanos, y sus lamentables resultados comprobaron la necesidad de generar mayor conocimiento sobre la creación actual (Proceso 1833 y 1834). Para empezar, sería conveniente que los principales museos del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) –como el Museo de Arte Moderno o el Museo Tamayo– dedicaran parte de su presupuesto a la organización de presencias pictóricas internacionales de primer nivel. La pintura se aprende, se crea, se comprende y se disfruta a partir de ejercitar la mirada, y en México la mirada se ha vuelto limitada y elitista. Ni para todos los pintores ni para todos los espectadores es fácil visitar ferias y exposiciones internacionales, y las instituciones gubernamentales tienen la obligación de promover el acceso a la cultura visual contemporánea. Los recursos existen y en lugar de gastarlos en adquisiciones que difícilmente pueden justificarse, en remodelaciones que podrían omitirse o en proyectos internacionales que sólo benefician al artista involucrado (Proceso 1763, 1817, 1831), Teresa Vicencio, directora del INBA, podría promover la gestión de muestras provocativas y enriquecedoras. Por ejemplo, sería muy interesante tener en nuestro país a la alemana Katharina Grosse (1961), quien con sus poéticas abstractas de manchas expandidas en objetos y espacios –incluyendo pisos, techos, paredes– ha transmutado la intimidad de la bidimensión en sorprendentes intervenciones de arte público. En el rubro figurativo, analizar la pictoricidad del neosurrealista Neo Rauch, el expresionismo lumínico de Daniel Richter o la espléndida fusión de lenguajes renacentistas y postgraffiteros de Jonas Burgert sería una sugerente invitación para asistir a los museos. A quienes prefieren los monocromatismos se les podría ofrecer una muestra de Luc Tuymans, y para los que todavía cultivan el retrato, Elizabeth Peyton es esencial. Respecto de la creación nacional, son muchos los temas pictóricos que deben discutirse. Entre ellos, el significado actual de los lenguajes realistas. Numerosos, seductores, muchas veces redundantes y en la actualidad notoriamente propositivos, estos vocabularios sobresalen por su pluralidad. Centrados algunos en la ilusión fotogénica y la alteración de valores estéticos –Rocío Gordillo, Rigel Herrera–, en la expansión conceptual –Gustavo Villegas– o en la reinterpretación de escenarios y circunstancias cotidianas –Quirarte y Ornelas–, los realismos de los jóvenes pintores exigen una reinterpretación. En 2012, en lugar de asignar o etiquetar el presupuesto para gastarlo en infraestructura, adquisiciones o contrataciones curatoriales, debe asignarse para servir a los creadores y espectadores interesados en las actuales prácticas pictóricas. Comentarios: blancagonzalezrosas.blogspot.com

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