"Miss Bala": un engaño al ojo

martes, 24 de enero de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- La nominación de la cinta Miss bala, de Gerardo Naranjo, en la categoría de Mejor Película Iberoamericana en los premios Goya, aunado a una abultada calificación por parte de la revista inglesa Time Out, que coloca al director a nivel de Godart y a varios encontronazos con diversos cinéfilos, motiva una segunda columna sobre el tema. No se trata de una rectificación en cuanto a lo mencionado anteriormente en este espacio, sino a una extensión de mi artículo anterior: Miss bala me sigue pareciendo una película pobre en cuanto a narrativa y argumento se refiere. La cinematografía es efectiva para contar la historia, y la ambientación es adecuada: un ámbito pobre y sucio, lejos de un colorido de ensueño cual película hollywoodense. Miss bala exuda pobreza y sordidez; en ese sentido Naranjo domina el realismo, como Reygadas o Amat Escalante, a la usanza decimonónica. La cuestión es que ya no es el siglo XIX, ya no es un realismo que presenta la realidad como el blanco y el negro; el siglo XXI es una época de complejidad, es la época de la teoría del caos donde los blancos y negros se difuminan a grises. La moralidad de Miss bala es infantil: los narcos son malos, los policías están coludidos y la sociedad es una víctima. Nada diferente, en cuanto a complejidad se refiere, de un discurso de Televisa o TV Azteca sobre drogas. Igual de maniqueo. Lo anterior nos lleva a los personajes: todos son unidimensionales, no cuentan con un arco narrativo, no cambian, actúan de la misma manera de principio a fin. La falta de recursos para la creación de personajes agudiza la sensación de indefensión que padece el personaje principal (que de alguna manera representa a la sociedad): la chica guapa que desea ser reina de belleza. Pero hasta en lo anterior hay inconsistencias: Por ejemplo, la chica no se comporta como cualquier chica guapa, ni se arregla, ni se viste como tal. Y no tiene que ver con dinero, sino con actitud. Naranjo se fue al norte del país para ver los acentos de los lugareños y otras cosas, pero se le olvidó ese pequeño detalle de caracterización del personaje principal. Todas las “guapas de la colonia”, por muy pobres, destacan del resto. Es entendible que la violencia ejercida contra el personaje principal y su indefensión generen horror y al mismo tiempo fascinación estética, pero me parece que sólo es una trompe l'œil (engaño al ojo), en el fondo no aporta nada más al conflicto por el que atraviesa el país, ni nos dice nada más sobre la existencia humana. En esta línea argumental de la cinta, el poder del narco y la complicidad de las autoridades generan indefensión… Entonces hay que preguntarse: ¿Y?, ¿nada más? Eso se ve en las noticias todos los días.

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