La violencia en la pintura emergente

lunes, 30 de enero de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Con un interesante conjunto pictórico de la joven artista Lucía Vidales, la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” inicia su Programa de Exposiciones 2012. Organizado a partir de una convocatoria abierta que da prioridad a proyectos generados por alumnos y exalumnos, el programa destaca por el rigor y pertinencia de las categorías de selección. Centrados en la experimentación, la congruencia conceptual y la solidez propositiva, los requisitos fueron cubiertos por 24 propuestas que ocuparán los espacios esmeraldinos en ciclos aproximados de dos semanas. Nacida en 1986, la mexicana Lucía Vidales abrió el año con una exposición que retrata, con poéticas fantásticas, testimonios y consecuencias de la violencia pública y privada. De lenguajes expresionistas y exuberantes en su pictoricidad –materia, cromatismos, tonalidades–, las narrativas destacan por la integración de contradicciones y confrontaciones impuestas por los sistemas artísticos, educativos y económicos. Repletas de dualidades que se diluyen a través de las punzantes y abyectas estéticas de la figuración utilizada, las obras están construidas en el límite entre la tradición y la irreverencia, el humor y el dolor, la indignación y la impotencia. Trabajadas a partir de una evidente asimilación de la violencia con el sufrimiento, las narrativas de cuño realista, además de vincularse con la agresividad característica de la ilustración suburbana, presentan circunstancias que retratan la destrucción, impotencia y desolación que sobrevive a todo acto violento. Indiferente a las fronteras que podrían existir entre el entorno y el ser humano, Vidales diseña alegorías que inciden en la mutilación de la dignididad, el cuerpo y el paisaje. Admiradora de creadores tan independientes, críticos y fantásticos como El Bosco (1450-1516), Brueghel (1525-1569) y Ensor (1860-1949), la joven pintora se encuentra en un proceso de experimentación que incide en la fusión de contrarios: pintura y gráfica, costra y veladura, academia y low-brow, occidente renacentista y gráfica mexicana postrevolucionaria de compromiso político. Reflexiva respecto a la oscilante posibilidad –o imposibilidad– de reproducir –o de combatir– la violencia a partir de la violencia, la artista se suma a un nutrido número de jóvenes que abordan el mismo tema desde diferentes tipos de realismos. Involucrada con el autorretrato fantástico que evoca y exagera el dolor a través de la burla y el desencanto, Lucía Vidales confronta la situación global con protagonistas infantiles que portan cuchillos ensangrentados, carecen de algún miembro o platican cariñosamente con un perro. Acertado en su vocación de apoyar y promover la experimentación artística, el Programa de Exposiciones de la Esmeralda podría convertirse en una exitosa vitrina para el arte emergente de México.

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