Recordando... comparando

martes, 31 de enero de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Seguro que considerará, estimado lector de la presente, como servidor lo hace, que hay que ser un nostálgico sin memoria o un ignorante para creer, decir y defender la idea de que hubo un tiempo mejor que este que nos ha tocado vivir; que decir y sostener que hubo una Edad de Oro en el pasado de nuestra especie, es decir y sostener una solemne estupidez. Para reconocer lo anteriormente expuesto, es suficiente recordar y tener en cuenta la vida de sobresalto, angustia y terror de nuestros desnudos antepasados ante los animales que eran más fuertes, estaban mejor armados con garras y colmillos y eran más veloces que ellos; recordar su miedo ante los fenómenos naturales, cuyos motivos ignoraban, ignorancia que los llevó a divinizarlos y rendirles culto; ignorante culto que los llevó, para apaciguarlos, para que les fueran propicios al sacrificio brutal y sangriento hasta de seres de su propia especie. Demostración que la actualidad tiene más conocimientos en todos los saberes de nuestras actividades, está en lo que nos informan los que manejan las estadísticas: que hoy viven entre nosotros más de 90% de todos los sabios que en el mundo han vivido hasta la fecha. Conocimientos que han permitido y permiten los más asombrosos avances en las más diversas disciplinas, como por ejemplo en la medicina que, con esos conocimientos en su saber, es capaz de prevenir, controlar y combatir enfermedades que en tiempos pasados se llevaban al otro mundo a buena parte de la población y facilitan el realizar los más delicados trasplantes de órganos, prolongando con todo ello la vida de los de nuestra especie. Otro ejemplo: hasta anteayer, la velocidad máxima que por siglos tuvo a su disposición el hombre, fue la que podía alcanzar el caballo. Esa dependencia se acabó cuando, apenas ayer, se inventaron los motores, que hicieron posibles el ferrocarril, el automóvil, los aviones y las naves espaciales, todos ellos devoradores de distancias que han hecho más pequeño a nuestro planeta, y las últimas no sólo nos han liberado de la fuerza de la gravedad ya que, al devorar distancias, dilatarán el tiempo a los astronautas según lo previsto por la teoría de la relatividad relativa. Estimado lector: convendrá con servidor que, si recordamos y reflexionamos sobre cualquier forma de mundo pasado, sea el grecorromano con su esclavitud, el del despotismo asiático, el medieval o el musulmán, ambos aquejados de acentuado dogmatismo religioso, o cualquier otro, como puede ser el del comunismo a la rusa, con su equivocada dogmática rigidez política, económica o cualquier otro que guste y mande y se le compare con el que usted y servidor vivimos en la actualidad, se puede ver y comprobar que nuestro mundo conformado y regido de manera global por el sistema capitalista y la iniciativa privada, por saber ésta hacer más cosas y hacerlas mejor que nadie, ha sabido y sabe, como ninguno anteriormente, crear más riqueza y eso sin que los trabajadores tengan que sudar la gota gorda e incluso morir por agotamiento, como le sucedía no pocas veces a los esclavos, ni tener que trabajar 12, 14 o 16 horas diarias, como ocurría por necesidad a los trabajadores en las primeas fábricas apenas hace poco menos de doscientos años. Y lo mejor de todo esto es que estas realidades que vivimos hoy en día están abiertas a mejorar y aumentar en el porvenir. Ante estos hechos irrebatibles, usted, estimado lector, dirá si el género humano tiene o no motivos para regocijarse, para ser optimista y para pensar y sostener que la Edad de Oro de su especie no existió en su pasado, sino que está en el futuro de la misma. Ante esta situación de hecho, es de esperar que los más de los humanos nos empeñemos y nos entreguemos con entusiasmo en proseguir en ese camino de obtener más y más conocimientos en todos los saberes de nuestras variadas actividades, haciendo caso omiso de los que no tienen en cuenta y se empeñan en no reconocer que para hacer una tortilla, antes es imprescindible romper algunos huevos. Para terminar y como despedida, usted, estimado lector, dígame si estoy en lo cierto o no al pensar que, por lo expuesto en la presente, puedo decir y sostener lo que uno de nuestros más célebres antepasados, contra viento y marea, dijo y sostuvo: que el hombre siempre vive en el mejor de los mundos posibles. Amable lector que me ha seguido hasta aquí: ¿podría darme su opinión al respecto? Con sincero afecto y a sus órdenes. UN HIJO PUTATIVO DEL DOCTOR PANGLOS

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