¿Mal inevitable?

martes, 16 de octubre de 2012 · 13:58
MÉXICO, D.F. (apro).- Pues sí, ilusos humanos, lo quieran o no, les guste o les disguste, ustedes y servidora sostenemos un mal indisoluble matrimonio; no pueden vivir sin mí y con servidora su vida se convierte en un infierno, es como si se hubieran casado con el mal, por lo que, volteando el dicho, bien pueden decir: “No hay bien que por mal no venga”. Usada siempre por ustedes, en principio, con las mejores intenciones para conseguir lo preferible y más conforme para satisfacer y dar cumplimiento a lo que necesitan o desean, tanto en lo material como en lo espiritual para sus sociedades y personas, acabo por ser elemento siniestramente corruptor de sus buenas intenciones y de sus mismas personas, por lo que la mayoría de ustedes están condenados a la trágica necesidad de someterse al dominio de una minoría, a una condición de dependencia, de tutela e incluso sometimiento de una minoría y ser al mismo tiempo el soporte que la sustenta y la hace posible; es decir, que soy la creadora de un círculo vicioso férreo y continuo, ya que de otra manera no sería hacedero, viable el progreso, por todos ustedes tan deseado y amado, mamíferos razonantes; deseado y amado progreso que, al menos hasta la fecha, sólo ha servido y sigue sirviendo para hacerme más grande, más poderosa… y más destructora de sus sueños e ideales, sean lo mismo individuales o colectivos. Y cada nueva revolución social que han llevado a cabo los más para destruir minorías por estar cansados de servirles de base, de sustento, en lugar de destruirme, igualmente han servido para alimentarme, para hacerme más robusta, avispada, es decir, astuta, o lo que es lo mismo, más hábil para el engaño. En fin, como alguien ha dicho, servidora ha sido y sigue siendo el cáncer terminal de sus sociedades así de las desaparecidas como de las existentes. ¡Ah!, con razón uno de ustedes, escritor él, Franz Kafka, escribió lo siguiente: “Toda revolución se evapora y deja atrás sólo el cierre de una nueva burocracia”. Desafortunadamente, muchos y dolorosos son los ejemplos que muestran y confirman lo dicho por Kafka sobre esta servidora de ustedes, la burocracia: la revolución Francesa de 1789, la Mexicana de 1910, la Bolchevique de 1917 en Rusia y, sin ir tan lejos, las democracias de hoy, a las que las minorías que las dirigen parecen empeñadas en convertirlas acá, acullá y allá, sobre todo para las mayorías que las sustentan con sus votos, en un acrítico y resignado “demosgracias” por tenerla. Mas tal vez el ejemplo más patético sea el de la revolución iniciada hace más de dos mil años por el cristianismo, y que las iglesias emanadas de la misma, en no pocos de sus tiempos, en el mejor de los casos fueron caricaturas risibles de sus principios y, en el peor, bárbaras y brutales negaciones de lo que decían encarnar y representar. Por primeras de cambio, la clerecía, desde las más altas jerarquías hasta el más humilde cura, o séase la burocracia religiosa, en su inmensa mayoría, por siglos consideró a la mitad de su feligresía, a las mujeres, como seres inferiores, como menores de edad, incapaces de conducirse por sí mismas y encima las veían como agentes de Satanás e introductoras del pecado y la muerte en el mundo. Luego, con el surgimiento de las diversas iglesias cristianas, el clero de las mismas, su burocracia, por diferencias de creer o no creer en el libre albedrío; de si era suficiente o no la fe para salvarse del infierno; o si María continuó o no siendo virgen después del nacimiento de Cristo, su hijo; o si eran necesarias o no las buenas obras en la Tierra para poder ir al cielo, la clerecía, repito, la burocracia religiosa de las diversas iglesias cristianas, en su afán por defender, extender e incluso imponer sus correspondientes idearios, no desanimaron y más bien azuzaron a sus respectivos seguidores a necias e infernales guerras religiosas, en las que esos creyentes, con estúpido entusiasmo y fe se dedicaron a degollarse entre sí en nombre de su Dios común. Aquí termino esta somerísima relación de hechos de los que fue protagonista la clerecía, es decir, la burocracia religiosa, pues de continuar con ellos la presente se convertiría en un grueso libro, que material hay de sobra para ello… y lo mismo pasa con las burocracias del sector público, sindicatos, instituciones culturales y las burocracias privadas, las de las grandes empresas. Si les interesa saber más sobre esta servidora de ustedes, permítanme que les recomiende la lectura del libro Economía y sociedad, del alemán Max Weber. De ustedes como siempre. LA BUROCRACIA

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