Óscar "Ringo" Bonavena: 70 años no es nada

martes, 2 de octubre de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- De haber sobrevivido al escopetazo que le partió el corazón aquella madrugada del sábado 22 de mayo de 1976 en un prostíbulo de Reno, Nevada, el boxeador argentino de peso completo, Óscar Ringo Bonavena, quizá muy bien hubiese celebrado el pasado 25 de septiembre su cumpleaños número 70, cantando con voz aflautada la balada infantil compuesta para él por Palito Ortega en 1965, “Pío pío pa”: Veo en los parques muchachas, muchachos tomados de la mano y hablando de amor. Es la primavera que trae nueva vida y hace que la gente se quiera mejor. El cielo tiene un azul más brillante, los árboles se visten de nuevo verdor, los pajaritos trinan cantando su alegría: Pío pío pío, pío pío pa, esta primavera hay felicidad… Ringo Bonavena grabó aquella pieza de apenas dos minutos de duración que sería su único jit disquero en Sudamérica, un tema del que el pugilista del barrio porteño La Quema revelaría, ufano: “No tengo nada de voz, pero me gusta cantar… Canto en la radio y trabajo en el teatro porque soy Ringo Bonavena; si no, cantaría en el baño de mi casa. A Ringo Bonavena lo hice yo. Estoy abriendo un camino. Ya no es como antes. A los boxeadores los miraban como a locos, tarados, borrachos. Ya no somos más gladiadores. Somos artistas.” Cierto que estaba afiliado a la Asociación Argentina de Actores, gremio del que se dice no le cobró inscripción “más por carisma que por su talento artístico”, como demuestran los dos churros fílmicos donde actuó ya bajo el apodo de Ringo que se ganó por su melena, similar a la del baterista de Los Beatles, Ringo Starr: primero, en la revista musical Muchachos impacientes, de 1965, junto con los mexicanos Marco Antonio Muñiz, Emily Cranz y Chucho Salinas, y diez años después en Los Chantas, de 1975, sin pena ni gloria. Al preguntarle un periodista gaucho si prefería ser artista que boxeador, Ringo Bonavena largó el jab noqueador de su guapa estirpe: “Bueno, yo soy boxeador...” Cuentan que desde muy chamaco, aquel niño gigantón de pies planos bautizado Óscar Natalio Bonavena en Parque Patricios “tuvo una pasión desmedida por irse a las trompadas apenas la situación lo ameritaba”. Había nacido para alcanzar las cumbres de la fama en el rudo oficio del boxeo como sucesor del también célebre peso completo Luis Ángel Firpo, El toro salvaje de las Pampas (1894-1960), y su impresionante carrera como pugilista profesional sumó 58 peleas ganadas, 44 por nocaut, una decisión dividida y nueve reveses. En el recuerdo de muchos hinchas del Club Atlético Huracán, donde una tribuna lleva su nombre, aún resuena el melodioso coro fiel de: Somos del barrio, el barrio de La Quema. Somos del barrio de Ringo Bonavena. Sin duda, el más memorable de todos los 68 combates de su meteórico historial sucedió el martes 7 de diciembre de 1970 en el ring del Madison Square Garden de Nueva York ante el invicto Cassius Clay, mejor conocido como Mohammed Alí, quien iba perdiendo feo pleito tras ser derribado en el noveno round de un gancho al hígado; pero en el minuto dos del quinceavo asalto final, Alí tendió en la lona los sueños de Ringo por el sendero claro del nocaut técnico. Cuando el 1 de marzo de 1971, el cronista deportivo Ramón Márquez fue a Miami (con el fotógrafo Nacho Castillo del periódico Excélsior, cuyo director entonces era Julio Scherer García) para entrevistar a Mohammed Alí durante los entrenamientos previos a su contienda por el cetro mundial con Joe Frazier, le comentó: --Después de su pelea con Bonavena, se habló mucho de que a usted quizá la edad no le haya hecho muy bien… Alí, quien como Cassius Clay grabó en 1964 el disco sencillo Stand By Me, contestó a Ramón Márquez: “…La pelea de Bonavena pudo haber sido una mala lección para mí porque fue mi peor pelea, pero nadie se ha fijado que la gané por nocaut, y que Frazier no lo pudo hacer en (dos peleas con Bonavena) 25 rounds y que en cambio, estuvo dos veces en la lona… He tenido mejores rivales que Frazier…” --¿Y Bonavena? --Él fue fuerte, puedo decirlo, pero pude noquearlo. Ésa fue mi peor noche. Me dio duro en el noveno round, especialmente con un gancho izquierdo que Frazier jamás dispara. Todo se me nubló en aquel instante, sentí vibraciones hasta en los dientes… “Sí, Bonavena es mucho más fuerte que Frazier.” (Fragmento de “La entrevista con Alí”, por Ramón Márquez, tomado del libro Historias del ring. Una antología del boxeo, de Alejandro Toledo y Mary Carmen Ambriz, Ediciones Cal y Arena, México 2012, 441 pp.) Notable referente musical sobre Ringo Bonavena es la singular foto donde el pugilista aparece con su puño izquierdo cerrado amenazando a un sudoroso Elvis Presley, éste luciendo uniforme blanco de karateca, y aferrando su mano derecha al brazo del Rey del rock’n’roll. La imagen fue tomada probablemente en febrero de 1973, luego de una presentación de Elvis en Las Vegas. Su popularidad como ídolo de los cuadriláteros y estrella del espectáculo creció en Argentina. Allá tuvo su propio programa de televisión y fue admirado en un teatro de revista por la calle Corrientes de Buenos Aires con el montaje de Muchachos impacientes, al lado de la famosa vedette y actriz Zulma Faiad; pero ya casi no sostenía combates y por alguna extraña razón, decidió volver a EU el 21 de enero de 1976 para radicarse en Reno, Nevada, y supuestamente retomar los entrenamientos con miras a otras peleas buscando alcanzar el codiciado título de campeón mundial de los pesos pesados o la revancha con Mohammed Alí. Sin embargo, se vinculó al mafioso siciliano Joe Conforte, dueño del primer prostíbulo legal en EU, el Mustang Ranch, y a su esposa la sexagenaria Sally con quien mantuvo relaciones bastante estrechas. Generosa ella, le obsequiaría 50 mil dólares en cash una velada cálida de Reno y como Ringo presumía noche tras noche a las rameras del Mustang Ranch que aquel antro pronto sería de su propiedad, el capo Joe le advirtió: --No me importa si andas acostándote con mi mujer, ni tampoco que a ella le gustes o que hasta te regale 50 mil dólares; pero no voy a tolerar que te metas en mis negocios, así que más te vale dejar de fanfarronear con el cuento de que vas a comprarme mi club. Su matón de confianza, Willard Ross Brymer, a quien Ringo solía darle buenas felpas pues era su sparring en el gimnasio que le armó Sally Conforte en Mustang Ranch, se encargaría de emboscar y asesinar al boxeador de un balazo apenas amanecía el sábado 22 de mayo de 1976, en circunstancias jamás esclarecidas. El crimen tal vez ocurrió dentro del propio burdel. En 2010, el cineasta Taylor Hackford llevó la tragedia al cine en su tristemente criticado filme Love Ranch, con su mujer la actriz Helen Mirren en el papel de Sally y el español Sergio Peris-Mencheta como su amante, o sea, Ringo Bonavena. Para agosto del año pasado, el conjunto argentino pionero de skate rock Massacre (que visitó México en 2009), liderado por el cantautor y guitarrista Guillermo Cidade Walas, presentó las once canciones de su octavo álbum Ringo, producción de Alejandro Vázquez dedicada al ilustre boxeador del barrio La Quema (http://www.massacre.com.ar/main.htm). “Pío pío pa” no fue la única pieza que grabó en los sesentas Ringo Bonavena con el grupo Los Shakers, pues también cantó “Se fue”, “Sha la lá son són” y, además, existe el registro de “Señor López”, un tema por demás intrascendente, al grado que el sitio oficial de esta banda uruguaya por Internet no lo incluye como parte de su discografía. Wop, señor López, wop, perdone usted, vengo a solicitarle la mano de su hija, la chica que más quiero, ella, la señorita Rosario López… Se le considera como lo sonoramente más mediocre que podemos escuchar por el escatológico sitio web http://lopior-delared.blogspot.mx/2012/06/ringo-bonavena-pio-pio-pa.html. Al morir, Bonavena tenía 33 años de edad. Está enterrado en el cementerio bonaerense de La Chacarita, panteón en el cual reposa también Carlitos Gardel, El mudo, aquel que cada día canta mejor ese tango de él y Alfredo Le Pera “que 20 años no es nada”: “Volver”. Pero si viviera, el eterno niñote Ringo apagaría ahora sus 70 velitas del pastel, cantando con voz aflautada la cursilería pegajosa de Palito Ortega “Pío pío pa” hasta el cansancio… de nuestros oídos.

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