"Vivir del teatro", de Vicente Leñero

martes, 2 de octubre de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- “A fin de cuentas el teatro --y eso lo sabemos con absoluta certeza los dramaturgos mexicanos-- no se hace para ganar la inmortalidad o el aplauso del mundo; se escribe apenas, si acaso, para sentir la ilusión de que se captura por unos instantes el fugacísimo presente de la vida que vivimos aquí.” Estas son las palabras con las que el maestro Vicente Leñero concluye su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua como miembro numerario, el 12 de mayo de 2011. Con ellas, de alguna forma resume su visión del teatro que con mucho detalle nos comparte en Vivir del teatro, compilación de ensayos escritos por el propio Leñero entre 1968 y 2004, reunidos en un solo tomo publicado recientemente por el Fondo de Cultura Económica en su colección Letras mexicanas. Como toda buena obra teatral, Vivir del teatro requería de una “tercera llamada” para dar paso a una narrativa completa de lo que ha sido el teatro mexicano en la últimas décadas del siglo XX, visto por Vicente Leñero desde su propia dramaturgia. Las “primera y segunda llamadas” fueron publicadas en 1982 y 1990, respectivamente, y ahora se unen para cerrar un ciclo con una tercera entrega en la que Leñero nos habla de los avatares del teatro mexicano entre 1990 y 2004. La “Tercera Llamada” está dividida en ocho secciones: Hace ya tanto tiempo (1990-2000-2004), El infierno (1990-1999), Dramaturgias, La noche de Hernán Cortés (1992); Todos somos Marcos (1995), Los perdedores (1996), Qué pronto se hace tarde (1996) y Don Juan en Chapultepec (1997). A lo largo de estos ensayos Leñero comparte momentos importantes de su vida y de la dinámica del teatro nacional, como su entrañable relación con don Ignacio Retes, de quien dice: “He vivido agradecido con Retes toda mi carrera sintiendo que a él le debo lo que pude hacer en el teatro…Como generoso y magistral director de teatro, como amigo, lo recordaré siempre”. También nos recuerda su decisión de abandonar la escritura teatral, como quiso hacer constar a través del título de su antología Dramaturgia Terminal, publicada por Sandro Cohen en su recién fundada editorial Colibrí. Nos cuenta también cómo entre ravioles y fetuchini Luis de Tavira les contó a él y a Gabriel Pascal sus planes para el naciente Centro de Experimentación Teatral; el nacimiento del CONACULTA y el consecuente alboroto e inquietud en el medio cultural. “Después de la Fallida gestión de Germán Castillo como director de teatro del INBA, los teatreros nos preguntábamos quién sería el responsable de esa área de nuestra especialidad. El teatro serio necesitaba con urgencia, más que nunca --pensábamos--, un impulso estatal que le permitiera rescatar proyectos básicos y vigorizarlo como una alternativa viable frente al desarrollo creciente del teatro comercial”, comenta Leñero. Habla también del encuentro con el primer presidente del Conaculta, Víctor Flores Olea, en una sesión de la Sogem en la que Leñero habló del desdén oficial para con el teatro y de la falta de visión de las autoridades culturales hacia una actividad que estaba llamada a ser el gran fenómeno de los 90. Esta diatriba derivó en una reunión posterior en la casa de Leñero, en la que estuvieron Flores Olea y su hija Mercedes, Víctor Hugo Rascón Banda, Luis de Tavira, Julieta Egurrola, Raúl Zermeño, Alejando Luna, Tolita Figueroa y Estela Leñero. De Tavira bautizaría a esa reunión como La conspiración de avenida dos. “Fue --afirma Leñero-- una conversación larga, intensa, y yo diría que inteligente porque todos los reunidos teníamos ideas claras de lo que necesitaba, a nuestro juicio, el teatro mexicano. Más que el nombramiento dentro del INBA de una persona compenetrada en las artes escénicas, se requería un enunciado de principios y un programa de trabajo para dar sentido y orientación a las políticas del INBA”. Después de esa ocasión el grupo se reunió dos tres veces más dando como resultado, entre otras cosas, un ensayo de Luis de Tavira titulado Minuta de reflexiones próximas a un proyecto de Compañía Nacional de Teatro (1989-1994) y el nombramiento de Alejandro Luna como Director de Teatro del INBA. Estás son algunas de las muchas historia que Vicente Leñero comparte con los lectores en la “tercera llamada” de Vivir del teatro, en las que abundaremos en la próxima entrega.

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