Creation 2012, ejercicio de resistencia, en la bienal de la danza

miércoles, 3 de octubre de 2012 · 22:43
LYON, FRANCIA (apro).- Cecilia Bengolea y Francois Chaignaud abiertamente se declararon admiradores de los antros neoyorquinos y de los llamados vogueros (bailadores que utilizan códigos dancísticos semejantes a los del video Vogue de la cantante popera Madonna. Asexuada ella y él transformado en una despampanante rubia, llegaron a la conferencia de prensa realizada en esta ciudad, previa a su temporada dentro de la Biennale de la Danse que concluyó este 2 de octubre. Creation 2012, presentada en el teatro Terziezieff de esta ciudad, fue un ejercicio tenaz de poner a prueba al público en el sentido de resistencia, porque lo único que hicieron al lado de otros tres o cuatro bailarines fue dar vueltas hacia la derecha. Sus casi giros en relevé –a veces–, mal hechos, confirmaron lo que ya habían dicho previamente a la prensa: su interés está en la investigación de ciertas formas de baile que encontraron en Brooklin mientras ensayaban su obra (M)imosa. “Nos confrontamos con formas de danza que no necesariamente tenían un propósito, pero que consistían en formas narrativas diversas. Hasta me puse un poco celoso de su capacidad discursiva sin la necesidad de tener un propósito específico”, señaló Francois Chaignaud mientras se revisaba el perfecto manicure rojo con puntitos y rayitas. Para él, lo importante de su propuesta reside en el preguntarse cómo hacer danzas “abstractas”, en el sentido de que no comuniquen absolutamente nada. “Danzas en las que te puedas disolver y que son como piedras o flores y que tienen su propia existencia”. Y en el foro eso fue lo que sucedió: nada. Sólo daban vueltas a la derecha, no rápido, no lento, sino de manera cómoda. El vestuario era también un tanto como encontrar lo que sea de tu clóset y ponértelo. La música sostenida en un tum-tum y algunos problemas de una misma bailarina que varias veces vio su peluca salir rodando y que trató de disimularlo. En la platea el público no se quejó. Y fue entonces que se desarrolló un sistema de relación obra-espectador interesante. A los bailarines no les importaba la presencia de la gente y a la gente no le importaba no ser tomada en cuenta. Al contrario, hubo incluso una enorme tolerancia, como aceptando que eventualmente aquello de los giros cambiaría hacia algo. Y lo hizo: Cada bailarín con los glúteos hacia el público introdujo su cabeza entre las piernas de otro. Y así, formando una especie de figura de una víbora gigante, sacudían su trasero –la mayoría lo tenía flácido. Finalmente, se incorporaron, corrieron a una esquina y desaparecieron. Todos se veían muy convencidos de su falta de interés por la platea, por lo cual resultó extrañó que salieran y más aún que les aplaudieran. Extraños y un tanto bizarros, Cecilia Bengolea y Francois Chaignaud son contestatarios, les gusta la vida nocturna y son exitosos con lo que hacen. Habrá que darles tiempo para ver si son simplemente ocurrentes y logran hacer algo no sólo con la danza, sino con su vida.  

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