Actualidades escénicas: Kevin Johansen + The nada + Liniers = Un canto a la felicidad

martes, 30 de octubre de 2012
MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Tras una gira por la República, la fusión perfecta entre música y dibujo llegó al Lunario del Auditorio Nacional, donde los días 26 y 27 de octubre se presentó Kevin Johansen, cantante nacido en Alaska, de padre estadunidense y madre argentina, famoso por su mezcla de estilos y sus letras bilingües, como se advierte en su nuevo disco Bi, que incluye el tema “Baja a la tierra” interpretado con Lila Downs. El loquísimo concierto se complementó con Liniers, caricaturista gaucho creador de la serie Macanudo, de renombre mundial y muy amigo de Johansen. La originalidad del espectáculo radica en que, mientras Kevin y el grupo The nada cantan y tocan, Liniers, sentado con un gran block de hojas blancas, botes de pintura Politec y colores de madera muy gruesos, va ilustrando las letras de las rolas incluso rítmicamente, pues dispone de los materiales según lo sienta necesario animado por el público. Los ya conocidos personajes de sus historietas (Enriqueta, Lorenzo y Teresita, el gato Fellini) son los que representan las escenas. Todo lo que va haciendo se puede observar de forma simultánea en tres pantallas grandes. Kevin se autodescribe, al igual The nada, como “un tanto desgenerados” debido al repertorio de milonga, salsa, rock, y pop donde trata temas como la crítica social postmoderna (“Mc Guevara’s o Ché Donalds”), amor y desamor (“No seas insegura”, “Desde que te perdí”, “La cumbiera intelectual”), y hasta gastronómicos (“Guacamole”). A la mitad de la función, Johansen anuncia que va a ponerse más oscuro. Sale un momento a cambiarse la playera, y regresa con una negra sin mangas, la cual deja ver su tatuaje en el brazo izquierdo donde reproduce la célebre pipa del pintor surrealista Magritte. Luego, en los números más movidos, anima al público a subirse al escenario a bailar, invitación que sólo aceptan mujeres que no pierden la oportunidad de acercarse tanto al intérprete como al caricaturista para abrazarlos y besarlos. Liniers comienza muy tímido, sentado en su escritorio, y conforme transcurre el show se va desinhibiendo, hasta terminar paseando entre el público, bailando con las chavas y utilizando el brassier que le regaló una fan para complementar uno de sus dibujos. Una agradable sorpresa es cuando con éstos se hacen avioncitos de papel que se avientan al público, quien ferozmente se los arrebata para conservar un original. Al final, los papeles se invierten. Kevin se coloca una gorra y se dispone a dibujar, mientras que Liniers toma la guitarra, informa que sólo conoce tres notas, y se cuelga alrededor del cuello una armónica. La interacción con el público, el complemento de música y dibujo y el disfrute de los artistas al estar juntos y sus ganas de compartir su alegría con el público, hicieron de éste un espectáculo único, un canto a la felicidad. ************* (*) Estudiante de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM.

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