Pärt el santo, y últimas cervantinas

martes, 30 de octubre de 2012
GUANAJUATO, GTO. (Proceso).- - Su aspecto, su imagen toda, su voz y manera de hablar, su forma de conducirse, su creación, esa música que envuelve y arroba a tod@s muestran a un místico. Cuando uno tiene posibilidad de acercarse así sea un poquito a él y a su obra, la imagen mística se profundiza y se cae en la cuenta de que Arvo Pärt es lo más parecido a un santo que en la tierra pueda encontrarse. Así lo constaron los privilegiados frente a la dichosa experiencia de asistir a por lo menos uno de los tres conciertos (León, Guanajuato, D.F.) que, con su beatífica presencia y algunas de sus obras, se presentaron en el marco de la edición 40 del Festival Internacional Cervantino que concluyera el recién pasado domingo 21. Viernes 19 de octubre, Teatro Juárez, canastillo de filigranas, escenario donde se efectuó una noche de música, sí, por la presencia material de los instrumentistas, las notas y el sonido, pero también --y fue opinión unánime--, noche de arrobamiento, de interiorización y plenitud espiritual. Allí donde terminan las palabras empieza la música, aseveró alguien alguna vez, y no hubo nunca en el mundo aserto semejante. He aquí pues, la imposibilidad de trasladar la emoción, el sentimiento, la condición espiritual alcanzada la noche en que el hombre santo (¿o será santo-hombre?) descendió no a los infiernos sino al Cuévano convertido, sólo esa noche, tan sólo por dos horas y únicamente para unos cuantos afortunados mortales, en Paraíso Terrenal. Su cómplice (que ante los ojos de todos aparece disfrazado como su director orquestal y coral de cabecera), Tonu Kaljuste, al frente de la Orquesta de Cámara de Tallin y el Coro de Cámara Filarmónico de Estonia, fueron el instrumento para, a través de la música de Pärt que en el Cantus a la memoria de Benjamin Britten llegó a lo sublime, convertir el espacio y el tiempo en una burbuja y en una única noche de paz. Allá afuera, en lontananza, a millones de años luz estaba un planeta llamado Tierra en el que los intereses del capital predominaban y arrasaban todo. Empero, eso era allá, allá, allá. Aquí, adentro, como ha sucedido siempre a lo largo de la historia y seguirá sucediendo por los siglos de los siglos, así sea por un instante, el arte nos había redimido. El 40 Cervantino deja un enorme compromiso para quien venga el próximo año, sí, como lo comprueban nuestras entregas anteriores y la de hoy que, en un rapidísimo vistazo me permite agregar el extraordinario concierto del pianista coreano Kun Woo Paik, fenómeno electrizante que, bendita sea Euterpe, nos dio una versión inolvidable de Brahms y Beethoven de quien, dicho sea de paso, tiene grabadas las 32 sonatas. De la comunidad flamenca de Bélgica nos llegó la Capilla Flamenca que, como su nombre indica, se aplica a la ejecución de música antigua, del siglo XIV al XVI sobre todo, con los instrumentos correspondientes, pero para llegar a la ejecución transitan un largo camino de investigación, análisis y adecuación de su grupo, ya que partiendo de un núcleo central estable la Capilla se amplía o reduce de acuerdo a las necesidades específicas del programa a desarrollar. En nuestro caso, en su concierto presentado en el regio Templo de la Valenciana, el programa se dividió en tres partes geográficas: Su natal Flandes, el obligado paso de transición, España, y la culminación en la Nueva España, México. De aquí escuchamos, entre otras, las bellas Credo de Missa Ego flos campi de Juan Gutierrez de Padilla, y la Ensalada de Navidad de Gaspar Fernández. Doscientos años de música, una delicia. A unas horas de partir, otro espléndido motivo de recordación florida, Musica Fiata Köln de Alemania, grupo especializado en música de los siglos XVI y XVII que interpreta con instrumentos originales de la época o sus reproducciones, y aplicándose lo más posible a la técnica y estilo de aquellos tiempos, lo que lo convierten en un conjunto fuera de serie con un sonido gratísimo, verdaderamente singular. Para que se forme una idea de cómo, estupendamente coordinado, suena el grupo, vea su dotación: Violines, violas, cornetos (cornetas), sacabuches (trombones antiguos), clave, órgano y tiorba. Otra delicia. Y para terminar, nuevo regalo de los dioses, el más allá del elogio Ballet du Grand Teathre de Genève y su Glory, que en verdad lo es, coreografía de Andonis Foniadakis. Gloria, Gloria, George Friedrich Händel hecho danza, el movimiento perpetuo convertido en danza, algo que no puede describirse pero te transforma de tal naturaleza que sólo eres euforia y te obliga a pensar, a decir, a gritar, a gritar ¡Viva la vida!, ¡Viva la vida!

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