Maximiliano en la visión del impresionista Jean-Paul Laurens

martes, 13 de noviembre de 2012
ÁMSTERDAM (apro).- Desde el pasado 16 de junio el Museo Hermitage de esta ciudad, dependiente del de San Petersburgo, Rusia, presenta la exposición Impresionismo: Sensación e inspiración, selección de obras maestras de Monet, Cézanne, Pissarro, Renoir, Sisley y Delacroix, entre otros artistas. En una de sus salas sobresale no sólo por su gran formato sino también porque retrata a un caporal mexicano, un cuadro del pintor y escultor francés Jean-Paul Laurens, nacido en Fourquevaux en 1838 y fallecido en su estudio de París en 1921. Se trata de Les derniers moments de Maximilien, emperateur du Mexique (Los últimos momentos de Maximiliano, emperador de México), realizada en 1882. Como el también francés e impresionista, Édouard Manet, autor del óleo L’Exécution de Maximilien (El fusilamiento de Maximiliano) hecho en 1867 y perteneciente a la National Gallery de Londres, Gran Bretaña (en el cual se plasma a Maximiliano en los momentos en que al lado de Tomás Mejía y Miguel Miramón, es ajusticiado por las tropas liberales), Laurens se sintió atraído por el tema de la muerte del emperador austríaco. E igual que Manet, Laurens muestra a un Maximiliano que enfrenta la muerte con dignidad. Vestido como lo plasma también Manet, con su traje negro, su cabellera y barba rubias, el emperador que llegó a México más bien consuela al sacerdote jesuita de origen alemán Agustín Fischer, quien era su confesor y llora desconsolado mientras el Habsburgo, erguido y tranquilo, le pasa el brazo por la espalda para tocarle el hombro derecho. De rodillas, tomándole la mano, un allegado también le implora, mientras el hombre con traje de caporal color marrón aguarda con un documento que se supone la sentencia de muerte. Detrás de éste un soldado espera también a que el emperador invasor termine sus despedidas. El historiador austríaco Konrad Ratz refiere en su libro Tras las huellas de un desconocido. Nuevos datos y aspectos de Maximiliano de Habsburgo, editado por el INAH y Siglo XXI en 2008, y prologado por la también historiadora Patricia Galeana, que Fischer posó personalmente para el creador impresionista: “En 1879 Fisher decidió volver a México. Antes de su partida actuó como modelo para el conocido pintor francés de escenas históricas Jean Paul Laurens (1838-1921) para un lienzo que representa las últimas horas del emperador Maximiliano de México. En la figura del confesor, que está en actitud dolorida al lado del emperador, reconocemos a Fischer, aunque éste nunca estuvo en Querétaro.” La página del Museo d’Orsay, de París, indica que Laurens fue “uno de los últimos representantes de la pintura histórica, tuvo gran renombre bajo la Tercera República. Su obra prolífica y diversa y el papel que desempeñó en las instituciones artísticas de su tiempo hicieron que figurase como el arquetipo del artista oficial”. La obra de Laurens forma parte ahora al acervo del Hermitage de San Petersburgo, al cual pertenecen varias de las obras exhibidas ahora en Ámsterdam. Se explica sin embargo que la monumental pieza fue adquirida originalmente por el Sergey Tretyakov, fundador junto con su hermano Pablo de la Galería Tretyakov de Rusia. Ellos iniciaron su colección en 1856, con el fin de crear un museo nacional de arte. En 1892 su heredero Pavel Tretyakov heredó el rico acervo a la ciudad de Moscú, por lo cual es ya de propiedad estatal. Y seguramente por ello, el cuadro se integró al Hermitage. Decorador del Panthéon, el Capitole de Tolosa y el Ayuntamiento de París, Laurens fue considerado un pintor apasionado de la historia que “expresó en la pintura sus convicciones personales, fustigando, por ejemplo, las desviaciones del poder político hereditario”, se afirma en la cédula del Museo d’Orsay. Aunque es peculiar la dignidad con la cual retrata a Maximiliano frente a la condena de muerte. Aquí mismo el emperador ha despertado simpatías, no sólo entre los conservadores del siglo XIX, sino posteriormente. Vale recordar que antes de la ejecución de Maximiliano en el Cerro de las Campanas, en Querétaro, varios pretendieron interceder ante el presidente Benito Juárez solicitándole el indulto --incluso el escritor francés Víctor Hugo-- argumentando el derecho de gentes y el derecho a la vida. Juárez publicó en un manifiesto las razones jurídicas, históricas, soberanas y nacionales que justificaron el hecho. En una entrevista con el semanario Proceso, el escritor José María Pérez Gay bromeó respecto de Maximiliano que “era un hombre bueno, ¡pero muy pendejo!”. Y recordó la frase con la que Juárez respondió al enviado del papa, quien también le pidió el indulto: “Los pueblos débiles no tienen el derecho de ser generosos.”

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