Música: "La Bohéme politécnica"

lunes, 19 de noviembre de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Giacomo Puccini (1858-1924) fue sin duda el más grande compositor italiano de óperas de la segunda mitad del siglo XIX, heredero de la tradición de Rossini, Bellini, Donizetti y Verdi, y autor de la ópera más representada de todos los tiempos: La Bohéme (1896). Trabajó con todo cuidado en ella durante cuatro años basado en la novela del francés Henry Murger Scénes de la Vie de Bohéme que originalmente apareció como un folletín por entregas a partir de 1844 en el periódico Le Corsaire, después se convirtió en un best-seller en 1851. El Instituto Politécnico Nacional (IPN) presentó esta ópera en el Auditorio del Centro Cultural “Jaime Torres Bodet” en Zacatenco, los días 10, 13, 15 y 17 de noviembre. Previo al inicio de la obra, vemos sobre el escenario el mural de Diego Rivera Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central reproducido en un gran telón. Poco a poco se colocan delante de las figuras principales del mural las réplicas en persona de dichos personajes con idéntico vestuario, cuadro escénico que resultó inolvidable. Las funciones de La Bohéme estuvieron bajo la dirección musical de Iván López Reynoso quien con tan solo 22 años sacó adelante con absoluto profesionalismo esta difícil partitura. Condujo a la Orquesta Sinfónica del IPN, que ya ha cumplido 46 años de existencia y cuya directora titular es Gabriela Díaz Alatriste. El encomiable objetivo de estas funciones y de la propia orquesta es introducir a los estudiantes politécnicos a la apreciación del arte musical. La elección del elenco de bohemios fue afortunada: la soprano Zaira Soria interpretó una Mimí llena de matices delicados, de emoción y de control vocal, nos sorprendió mucho por su creíble actuación y la plenitud de su canto en este rol que le va como anillo al dedo. Dante Alcalá, tenor, encarnó a Rodolfo, el joven poeta. Emotivo pero controlado en este papel lleno de dificultades donde si se desborda la emoción ya no se puede seguir cantando, pero que sin emoción no tiene sentido. Voz bella, plena de variados colores, su actuación veraz y juvenil gustó mucho y cosechó cálidas ovaciones. Los barítonos Ricardo López y Josué Cerón (Marcello y Schaunard respectivamente), buenos actores-cantantes, además son dueños de hermosas voces que manejan diestramente, ya han iniciado una carrera brillante en los escenarios nacionales. Esta calidad vocal del bajo Alejandro López, quien interpretó al filósofo Coline para quien Puccini escribió el aria “Vecchia Zimarra”, la única para la cuerda de bajo surgida de la pluma del compositor. Los personajes de Benoit el casero y Alcindoro el viejo, amante ocasional de Musetta, suelen interpretarse por el mismo bajo cantante, personajes cómicos que en esta ocasión estuvieron al cargo de Arturo López Castillo con más de veinte años de experiencia en los escenarios operísticos y que sabe combinar un canto adecuado con una actuación creíble, cómica sin exageraciones. Completó el elenco como Musetta la joven mazatleca Rebeca de Rueda, de hermosa presencia, le falta la soltura vocal que indudablemente adquirirá en pocos tiempo. El éxito teatral se lo debemos a Cesar Piña quien se arriesgó con una puesta en escena modernizada, trasladada al México de los años treinta pero que respetó íntegramente el carácter de los personajes y su interacción. Los coristas participantes fueron el grupo Alpha Omega del IPN, Coro Magisterial de Fomento Musical y el Coro de Niños de la escuela Superior de Música del Cenart. Todo un reto conjuntar musical y escénicamente a tres contingentes corales de edades y orígenes diversos, pero se logró con muy buenos resultados. Lo malo: el sonido del auditorio que sin su concha acústica, que fue removida para estas funciones resulta opaca y sin brillo.

Comentarios