Música: Homenaje a Ramón Vargas en Bellas Artes

miércoles, 7 de noviembre de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Conocí a Ramón Arturo Vargas en el año 82 porque cantábamos en los tenores primeros del Coro de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM). Un día nos invitó a la final de la tercera edición del Concurso Carlo Morelli, lo ganó y a partir de entonces se comienza a escribir la historia. Ese año canta su debut absoluto en Monterrey; un personaje de la ópera Lo Speziale de F. J. Haydn, y al año siguiente, ya en Bellas Artes, en Il Tabarro de Puccini y Falstaff de Verdi, esta última bajo la batuta del legendario Eduardo Mata, quien lo invitó en el 83 a Don Giovanni de Mozart. En el año 86 Vargas gana el concurso Enrico Caruso en Milán, se establece en Austria y firma un contrato con la compañía del Teatro de Lucerna. En 1990 se convierte en cantante independiente y comienza a presentarse con regularidad en los más afamados escenarios del mundo. Debuta en el Met de N.Y. en 92 y desde entonces no ha dejado de cantar cada año en sus temporadas regulares de la meca de la ópera actual. Varios grandes tenores mexicanos se encuentran hoy día poniendo muy por lo alto el nombre de nuestro país en el universo operístico internacional; uno de los más consistentes ha sido Ramón Vargas, quien por cierto acaba de integrar un nuevo personaje a su ya copioso repertorio, el Manrico de El Trovador de Verdi, que acaba de estrenar en Toronto, Canadá, hace unos días. El pasado 30 de octubre se presentó en un homenaje que el INBA le organizó en el Palacio de las Bellas Artes, donde se cantaron, bajo la acertada batuta de José Areán, el primer acto de La Bohemia de Puccini y de Elixir de Amor de Donizetti y una gala de ópera. Boletos agotados, caos vial, el Metro se detuvo y hubo quienes tuvieron que caminar desde la Avenida Chapultepec para llegar, tarde, a la cita. No obstante, en Bellas Artes no cabía un alfiler, todo era expectación y una excelente disposición del público. Ramón cantó admirablemente bien en La Bohemia, ópera que no habíamos podido escucharle en vivo y que interpreta como si no fuera difícil, con esa aparente facilidad con la que cantan los verdaderamente grandes: relajado, dueño de la escena y de sí mismo, controlaba la situación. Hubo muy agradables sorpresas, para empezar la presencia de Ricardo Gálvez, quien estupendamente interpretó el Benoit y lo actuó de maravilla, no obstante su avanzada edad. Este decano de la ópera compartió el escenario de Bellas Artes con María Callas y estudió con Mario del Mónaco y Cesare Siepi. Un acierto fue invitar a la soprano española Ainhoa Arteta, quien interpretó a Mimí, muy elegante, demostrando que es una artista de talla internacional. Los demás integrantes de La Bohemia: el bajo Rosendo Flores, y los barítonos Jorge Lagunes y Oscar Sámano, conformaron un estupendo elenco donde se apreció una muy buena “química”, pues todos son amigos de Ramón Vargas y han compartido los escenarios operísticos en diversas ocasiones. Destacó también la presencia de la joven soprano María Alejandres, quien cantó la Adina de Elixir de Amor; nos hemos ocupado ampliamente de ella en esta columna, triunfadora en la actualidad de varios de los principales teatros operísticos del mundo. Al final del evento se le entregó a Vargas un diploma por parte del INBA por sus 30 años de carrera, y concluyó todo muy a la mexicana; cantando las mañanitas por todos los asistentes, solistas, orquesta y los coros del Teatro de Bellas Artes.

Comentarios