Arte: México en la Bienal de Venecia 2013

lunes, 10 de diciembre de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Abatir los actos simulados, detener la legalización de la discrecionalidad y sancionar el gasto irresponsable del presupuesto en la administración de las artes visuales son urgencias que debe atender el presidente Enrique Peña Nieto a la brevedad. La publicación de los Lineamientos generales de participación y presentación para la 55º edición de la Bienal de Venecia 2013, el pasado viernes 30, confirma el dispendio y la arbitrariedad que caracterizaron las gestiones de Teresa Vicencio y Consuelo Sáizar, al frente del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), respectivamente. Para empezar, la pertinencia y beneficio social de participar en la Bienal de Venecia es cuestionable. En lo que respecta a las artes visuales, después de tres representaciones en 2007, 2009 y 2011, todavía no se ha publicado alguna evaluación que justifique el gasto público o que informe de beneficios que excedan a los curadores, artistas y galeristas vinculados. En 2011, la erogación aproximada fue de 10 millones 500 mil pesos, de los cuales el curador José Luis Barrios obtuvo honorarios por 330 mil 137 pesos y la artista que representó a México, Melanie Smith (Inglaterra, 1965), 271 mil 320 pesos, más el beneficio de la comercialización de su obra. A partir de 2012, la justificación es aún más apremiante debido a que Sáizar estableció un contrato de comodato para ocupar la Antigua Iglesia de San Lorenzo en Venecia por nueve años, con un costo inicial de 1 millón 500 mil euros para restaurar el inmueble (aproximadamente 16 millones 722 mil 972 pesos). A diferencia de varios países que ya han boletinado el nombre del artista que los representará en mayo de 2013 –Lara Almarcegui por España, Alfredo Jaar por Chile, Líbano con Akram Zaatari–, en México apenas se anuncian algunas acciones para diseñar y operar el proceso de elección de curador y artista. Repletos de imprecisiones y sin mencionar la instancia responsable del instituto, los lineamientos señalan que se conformará un Comité Interno integrado por directores de museos del INBA, el cual entre diciembre y enero –no se dan fechas concretas– “invitará a 10 curadores para que presenten proyectos”. Sin definir ni las bases ni la fecha de entrega de éstos, se informa que un jurado seleccionador hará público el nombre del beneficiado el 8 de febrero. ¿Es razonable que en el tiempo señalado el comité analice candidatos y seleccione a los invitados, los elegidos preparen un proyecto de representación nacional, y el jurado analice 10 proyectos? La constitución e intervención del jurado seleccionador también genera desconfianza. Sin definir nombres ni justificar procedencias, el documento señala que estará integrado por tres funcionarios del INBA, un representante de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), un representante del Patronato de Arte Contemporáneo, A.C. (PAC), y un protagonista del ámbito cultural. ¿Por qué participan la UNAM y el PAC? ¿Será acaso que ya se tiene a los elegidos y sólo es un acto simulado que legaliza la discrecionalidad? Por lo pronto, es indispensable establecer un código de ética, para que ningún miembro del comité y del jurado seleccione curadores o artistas con quienes esté relacionado, profesional o personalmente. Y también sería conveniente sustituir la invitación por una convocatoria abierta dirigida a curadores y artistas de toda la República Mexicana.

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