¿Culpable?

martes, 11 de diciembre de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Incautos, por sugestionables, humanos: ya me tiene hasta la madr… quiero decir hasta la maceta el que entre ustedes haya emperrados en ponerme como Dios puso al perico… aunque sea cierto, lo admitan o no lo admitan, que son míos y bien míos, por más que se resistan, pues a ello les inclina su naturaleza. Ni modo. Y a eso se debe, más que a otra cosa, el que, desde mi aparición en sus vidas, me haya convertido en una especie de flautista de Hamelín para la voluntad de cientos, de miles, ¿Qué digo?, de millones y millones de ustedes, los humanos, y el que entre ustedes haya quienes, aunque sean pocos, los que me critiquen por verme como a una vampiresa maligna que se ha introducido en sus hogares, curándoles, día tras día, horas y horas de su existir, sin importarme un car…ca…cacahuate si son machos o hembras, adultos, adolescentes o infantes. ¡Ay! ¡car…caramba!, una no tiene la culpa de ser tan seductora, tan atractiva y por eso tan penetrante para ustedes, ya que eso se debe, repito, ante todo y sobre todo a su naturaleza y por ser tan sugestionables. Vean por que he escrito lo anterior: innegable es que su servidora es nada más que un medio al servicio de uno de sus sentidos, ¡pero que sentido!, nada menos que del que desde su aparición como especie sobre la Tierra, esto es, por miles de milenios, ha sido el que les ha proporcionado el más alto número de información sobre el ambiente en que se mueven y respiran; sentido por el que, con toda razón, han tenido y tienen en gran aprecio, al punto tal que eminentes representantes de la humanidad, como Leonardo da Vinci, entre otros, por ejemplo, consideraron que la palabra, tanto la hablada como la escrita, dependía en último termino de la visión, haciendo, por así decirlo, al ojo el supremo artífice para conocer, articular, regular, transformar y aprovechar incluso a las plurales energías que se mueven y mueven al mundo, teoría que mucho tiene que ver y la apuntala, según mi parecer, el método de enseñanza denominado look-say (mirar – decir), puesto en práctica a mediados del pasado siglo en los USA y con la importancia que dan y defensa que hacen de la llamada Cultura de la Imagen los partidarios de la misma… y puede que tengan razón, si nos atenemos al sabio refrán que afirma que “ojos que no ven, corazón que no siente”… pero no menos sabio es el dicho popular que dice: “mucho ojo, que la vista engaña”, pues la verdad es, por los motivos que sean, que hay muchas maneras de ver las cosas, así como las imágenes que de sí mismas nos dan las mismas, también por los motivos que sean, ya que muy bien puede ser las de un espejo plano o las extrañas que nos envían los cóncavos o los convexos. Reacuérdese, para el caso, que por su forma de ver de sus antepasados, por milenios, la vista daba la razón a los que creían que el sol era el que daba vueltas alrededor de la Tierra, que permanecía quieta, creencia que duró hasta que uno de ustedes. Un tal Copérnico, demostró lo contrario… por haber visto las mismas cosas de otro modo. Y desde entonces se inició la controversia entre los partidarios de la supremacía de la imagen y los seguidores de la palabra, la hablada, escrita y leída; controversia que van perdiendo los últimos, al juzgar por sus quejas y reclamos para que se vuelva a la lectura, a que se imponga incluso como obligación. Para ir cerrando la presente, les informo que para nada estoy de acuerdo de que no pocos defensores de la lectura vean a su servidora como a una de las principales causas de la pérdida de valores, de la degradación de la enseñanza, de ser fomentadora de la ramplonería y de la violencia y, en gran medida, responsable de la progresiva estupidez entre ustedes. No estoy de acuerdo… considero que es concederme poderes que no tengo, eso por una parte; por otra, no me siento culpable de nada, pues su servidora, como ya escribí más arriba, no es más que un medio manejado por poderes que no son los míos propios. También tengo que decirles que se me hace difícil de creer que los que entre ustedes me atacan con tanta saña… y también los que me defienden con pasión… ignoren los que otros entre ustedes han dicho de su servidora y que Miguel Ramos, en prólogo al “Tratado de la pintura”, de Da Vinci, expuso con tanta claridad: que la actual imagen del humano, de sus necesidades, deseos e incluso sueños, “están en manos de la publicidad y los medios de comunicación de masas, y que los centros de poder, nacionales, supra, trans o multinacionales, cuidan esmeradamente la dirección que estos pilotos pueden provocar en la nueva aldea global, sofocando sus aspectos críticos y domesticando sus peligros. Experiencias ahora domadas, que en un momento provenían del acercamiento sincero y global, antiespecializado y no reductor de cuanto al hombre pudiera interesarle”. ¿Cómo la ven? Hasta más ver. LA TELEVISIÓN

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