Cine: "Post tenebras lux"

viernes, 14 de diciembre de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Lleno de perfidia y confiado de su genio, James Joyce se frotaba las manos cuando comentaba que a los críticos literarios les llevaría siglos descifrar las metáforas de su novela Ulysses; es un poco la misma sensación de tarea imposible impuesta por el autor la que queda con Post tenebras lux (México-Francia; 2012), de Carlos Reygadas, una cinta que combina naturalismo con efectos digitales, poesía elegíaca con partidos de rugby en Inglaterra o clubes de swingers en Francia, lucha de clases a la mexicana, paisaje deformado por la lente de la cámara, y entre el cielo y la tierra, la experiencia humana que transita de las tinieblas a la luz. La diferencia con la pretensión de Joyce, independientemente de la magnitud de la obra, es que el cine de Reygadas es hostil a cualquier forma de hermenéutica; lo prueba, en esta su cuarta cinta, la dislocación total de códigos narrativos, la yuxtaposición de imágenes y secuencias, la falta de motivación de sus personajes; léase, la aparente gratuidad de sus acciones. Este realizador mexicano admirado, premiado y abucheado en Cannes aspira a liberar a su espectador de las convenciones del cine que manipula con historias, emociones y conceptos previsibles. La recompensa sería una experiencia estética total, equivalente a lo que ocurre en la pintura expresionista. El problema es que, a diferencia de la pintura, el cine transcurre y no puede escapar de la acción; cualquier imagen, por fija que sea, sucede en el tiempo de la pantalla. Un autor como Tarkovsky sabe que el cine no puede escapar del tiempo y de la secuencia, por más que pueda manipularlos. Post tenebras lux es consciente de ello, y por supuesto que cuenta una historia, la de una pareja acomodada con dos hijos pequeños que decide vivir en una casa de campo; hay conflicto entre la pareja, entre las clases sociales y en el mundo interno de Juan (Adolfo Jiménez Castro), el esposo; también hay pugna, a nivel cósmico, entre la luz y la sombra. O será que estos opuestos son complementarios y el enfrentamiento es mera expresión, o posibilidad, de alcanzar la armonía? Tal parece ser la obsesión del cine de Reygadas, vida y muerte, ciudad y campo, naturaleza y civilización, México y Europa; nada del otro mundo, en principio, pero ocurre que en la obra del director los opuestos son de verdad extremos, descubren posibilidades insospechadas. He ahí la trasgresión de este artista; una anciana puede mostrarse desnuda y hacer el amor con un hombre joven (Japón), una muchacha rica y bella puede aplicar una felación al chofer gordo (Batalla en el cielo), o la agonía y el éxtasis de Luz silenciosa son inseparables; la posibilidad de amor y redención surge en cada caso. Tampoco es cierto que Post tenebras lux pueda verse como a uno le plazca; las escenas en exteriores imponen verse desde el interior de una esfera de cristal, el ojo del diablo que acecha o del artista que mira. En todo caso, no puede pasar inadvertida una película mexicana de este calibre, con título de obra medieval en un latín transparente en castellano, y que se estrena en medio de la turbulencia política del país.

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