Arte: Los retos museísticos de Maraki

lunes, 17 de diciembre de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Lejos de mantener la continuidad con la gestión cultural promovida por el presidente saliente, Felipe Calderón (Proceso 1875, 1876), la recientemente nombrada directora del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), María Cristina García Cepeda (Maraki), tiene el reto de ordenar la gestión de los museos con acervo propio –o colección permanente– adscritos al instituto. En concreto me refiero a los museos Nacional de Arte (Munal), Nacional de San Carlos, Rufino Tamayo Arte Contemporáneo y Carrillo Gil, dirigidos respectivamente por Miguel Fernández Felix, Carmen Gaitán, Carmen Cuenca y Vania Rojas. Invadidos tanto por exposiciones ajenas a la vocación de sus acervos como por absurdos diálogos entre el patrimonio artístico y creaciones banales de arte contemporáneo (Proceso, 1882), estos museos manifiestan no sólo un uso inadecuado del patrimonio que resguardan sino, también, una complicidad irresponsable con el negocio del arte. Convertidos en aparadores para galeristas y otros agentes vinculados con el mercado, los recintos mencionados requieren una reestructura que abarque: el reencuentro con su acervo y vocación; el ordenamiento, profesionalización y transparencia de las contrataciones; y la abolición del control y uso de los bienes nacionales que ejercen las asociaciones civiles de los museos. Lo primero que se debe atender y definir es la identidad de cada museo, un aspecto esencial que permite construir valor simbólico para el acervo, establecer programas curatoriales que interpreten la colección, generar servicios coherentes para el público y diseñar estrategias de posicionamiento internacional y nacional. Este último punto de gran relevancia ya que, en general, los museos del INBA cuentan con un público demasiado escaso. La vocación museística delimita también el perfil del personal especializado limitando el derroche del presupuesto. Aún cuando San Carlos y el Munal poseen equipos curatoriales en su personal regular, sus directores contratan comisarios externos para las muestras de arte contemporáneo que no coinciden con su vocación. Carentes de los conocimientos indispensables, Fernández Félix y Gaitán han promovido exposiciones lamentables que, al mismo tiempo que disminuyen el valor simbólico de las colecciones patrimoniales, fortalecen la legitimación y precio de las firmas contemporáneas. Actualmente, en paralelo con la Galería Hilario Galguera (D.F.), Gaitán expone una muestra de Gottfried Helnwein (Austria, 1948). Retinal, escandolosa y simplista, su pintura y fotografía ocupan no sólo toda la planta baja del museo sino que, también, es lo único que se anuncia en la fachada del inmueble. ¿Por qué apoya tanto Gaitán al mercado? La pertinencia de las exposiciones es otro aspecto que debe ordenarse. Los museos públicos tienen la obligación de exponer creaciones de alto valor artístico, y mucho de lo que se presenta en los museos del INBA se percibe como arbitrariedad curatorial. ¿Cuáles son los criterios que sustentan la exhibición de una instalación-procesual de Luis Carrera-Maul (México, 1972) en el patio central de San Carlos? Y por último, un punto muy importante. Si bien es común que en los museos del INBA se contraten profesionales extranjeros –Julieta González en el Tamayo y James Oles por el Palacio de Bellas Artes–, es necesario restringir esta práctica con el objetivo de generar empleos para mexicanos.

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