Cirko De Mente, por una escuela de expresión artística

jueves, 27 de diciembre de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Andrea Peláez estudiaba coreografía cuando se dio cuenta de que muy en su interior lo que deseaba en verdad era suspenderse en el aire, hacer contorsiones y hasta payasear. Su vocación era ser cirquera. Muchos años después, orgullosa y feliz se vanagloria de haber creado en 2003, al lado de Leonardo Constantini, el Cirko De Mente; pero no sólo eso: Además fundó la Karpa De Mente y está egresando la primera generación de su diplomado en circo contemporáneo. En entrevista con Proceso, Peláez explica las razones por las que el circo no es reconocido en México como forma de expresión escénica fundamental, las diferencias entre el circo tradicional y el contemporáneo, y el empuje que está teniendo el arte circense a nivel latinoamericano. En el aire El circo ya no es necesariamente como lo pintan en las películas. Los niños y los jóvenes no huyen de sus casas para incorporarse a ese mundo, los payasos no sufren todo el tiempo ni son seres siniestros. Vivir del circo no implica abandonar el hogar para vivir en forma errante y recorrer el mundo de pueblo en pueblo como lo hacía Melquiades, el personaje de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Porque según explica Andrea Peláez, en convivencia con ese circo de antaño que pervive en el sólo afán de divertir a través del asombro, existe otro más relacionado con la investigación del fenómeno escénico y que involucra a coreógrafos, directores de teatro, diseñadores de vestuario, músicos, escenógrafos y videoartistas, entre otros profesionales. Egresada de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA, Peláez también hizo la licenciatura de coreografía ahí mismo y se fascinó por la danza aérea. “Se me daba fácil, me gustaba el vértigo, las alturas, la acrobacia, el riesgo”, dice Andrea. Hizo algunos de los talleres de danza vertical impartidos por el creador y bailarín Juan Manuel Ramos, y posteriormente empezó a investigar por su cuenta haciendo trabajo en arnés y en escalera vertical; luego fue invitada a talleres en Canadá y países de América Latina como Brasil, Argentina y Cuba, así como en Europa, donde encontró por primera vez eventos, convenciones, encuentros de circo contemporáneo y se abrió ante ella un nuevo mundo. “Leonardo Constantini, malabarista y antropólogo social, y yo decidimos crear un proyecto de circo social, queríamos incorporar a poblaciones de alto riesgo a la sociedad, viajamos a Latinoamérica y encontramos un universo enorme de posibilidades dentro del circo y el arte.” Circo, maroma y teatro –¿Cuál es la diferencia entre el circo tradicional y el circo contemporáneo? –Circos tradicionales hay muchos, los contemporáneos son menos pero van en aumento. La diferencia consiste en que en el tradicional encuentras a varias familias que llevan varias generaciones dedicadas al circo, son grupos cerrados, tienen carpas itinerantes, remolques donde viven y su pretensión es ser más parte de la industria del entretenimiento que el desarrollarse dentro de las artes escénicas. “Los circos contemporáneos se integran por cirqueros que se formaron en centros profesionales y con un sistema escolarizado. Su estructura involucra espectáculos que tienen una intención artística. “El circo tradicional y los grandes monopolios del circo se comparan con el cine de Hollywood, que es una gran industria del espectáculo, y el contemporáneo tiene un paralelismo con el cine de autor, por eso es que las compañías contemporáneas son muy pocas.” –¿En qué consiste el diplomado creado por ustedes? –El primer diplomado de artes circenses de Cirko De Mente es un proyecto de formación profesional al que le hemos puesto todo el corazón, junto con una treintena de profesores, y que a lo largo de cuatro módulos y durante 16 meses hemos impartido materias de artes del circo y escénicas a un total de 30 alumnos. Ahora están egresando 15 de ellos con la puesta en escena del espectáculo Son Sus ¿Sesos?, dirigido por Gerardo Trejoluna, a partir de los números logrados al término del diplomado. “Además estamos abriendo la convocatoria para la nueva generación, pues queremos mantenerlo por mucho tiempo como un espacio abierto de formación profesional para todos los jóvenes interesados en dedicarse al circo en nuestro país.” –¿Qué materias se imparten en su diplomado? –Enseñamos acrobacia aérea, acrobacia de piso, equilibrismo aéreo y de piso, contorsionismo, malabarismo, payaso o clown, trapecio a vuelo sencillo, cuerda floja en cable, actuación, danza contemporánea. En fin, todo lo circense. En nuestra experiencia de las escuelas circenses europeas tenemos claro que se requiere de una formación muy amplia que incluye la música, el teatro, la filosofía. “En fin, se busca una manera sistemática de aprender donde haya una disciplina que te permita una constancia. Es difícil porque el circo incluye una infraestructura, es decir que hay que tener el equipo adecuado, además de un capital de saber. Así que nuestra intención es crear un primer paso en el camino de la profesionalización y poner el ejemplo de que se puede tener una buena escuela de circo en el país, la cual hasta ahora no existe.” –¿Hay muchos prejuicios en México sobre la profesión circense? –La imagen que tenemos del circo en México se refiere más hacia el circo tradicional. Los circos tradicionales tienen un aspecto de decadencia, creo que el público tiene ya necesidad de ver otras cosas. “Hay países como Francia o Canadá donde el estigma del artista circense que es pobre y trabaja en la calle no tiene nada que ver con un arte que está a la vanguardia e incluso hacia la élite. “Pero además México tiene un amplio reconocimiento en el circo mundial, por ejemplo los artistas de circo tradicional y en particular los de trapecio de gran volante son muy famosos.” –¿Qué es un “gran volante”? –Son grandes vuelos de trapecio donde tienes a un catcher haciendo péndulo, a un flyer que salta de un lado a otro y en ocasiones dos o tres o cuatro trapecios volando al mismo tiempo. Algo dificilísimo. Incluso el cuádruple mortal fue inventado por un mexicano. “Nosotros estamos haciendo trapecio a vuelo sencillo apenas, el gran volante requiere una carpa de cuatro mástiles y nosotros tenemos sólo dos. Es algo que se está perdiendo, porque implica muchísimo riesgo, el flyer va suelto y una mala caída, aunque sea sobre la red, puede ser fatal, lleva un gran peligro. Es un arte que te pone al borde de la cornisa todo el tiempo.” –¿Por qué no se ha creado una escuela oficial de circo en México? –Hay en Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador y Venezuela. En México no y creo que tiene que ver con la política. Aquí de alguna manera se han olvidado del circo como han olvidado a la educación, al deporte y a la cultura. Es un olvido grande y creo que tenemos que caminar mucho para repararlo.

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