Muere la poetisa Wislawa Symborska, Premio Nobel de Literatura

miércoles, 1 de febrero de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- La poetisa polaca Wislawa Szymborska, nacida en 1923 en Poznan y Premio Nobel de Literatura 1996, falleció hoy de cáncer de pulmón en Cracovia, mientras dormía. El 6 de octubre de ese año, cuando la Academia Sueca dio a conocer el galardón, el poeta mexicano José Emilio Pacheco publicó en su columna “Inventario” de la revista Proceso cinco poemas de Szymborska, que se reproduce a continuación: Los designios de la Academia Sueca son inescrutables. Quejarse de ellos equivale a azotar con vigas el océano. Apenas unas horas antes todos esperábamos ver premiados a los nuestros: Fuentes, Saramago, Vargas Llosa. Al amanecer mexicano del jueves 3 llegó la noticia de que la elegida era Wislawa Szymborska, gran representante de la no menos grande poesía polaca, en reconocimiento a una obra que "junta la gracia de Mozart y la furia de Beethoven". Inútil preguntarse por qué ella y no su compatriota Zbigniew Herbert, para muchos el más grande poeta europeo del fin de siglo. Mejor celebrar una obra que merece ser conocida en todo el mundo y añadir un renglón más al encuentro de la poesía mexicana con la poesía de la Europa central. Wislawa Szymborska, nacida en 1923, un año antes de Herbert, es digna de sumarse a los poetas centroeuropeos como Czeslaw Milosz, Vladimir Holan, Vasko Popa y Miroslav Holub que ya tienen un público creciente entre nosotros. Nacer en 1923 significa haber tenido 16 años en 1939 cuando Polonia fue agredida al mismo tiempo por Hitler y Stalin; haber sido contemporánea de Auschwitz y la destrucción de Varsovia y el país entero; sufrir la etapa stalinista que Milosz describe en La mente cautiva; atestiguar el nacimiento de Solidaridad, el golpe militar de 1981 que sin embargo evitó que Polonia fuera una nueva Hungría 25 años después de 1956, el derrumbe de 1989 y la imposición del capitalismo salvaje a los antiguos países del socialismo real. "En ciertos periodos de la historia", escribió Brodsky, "sólo la poesía es capaz de tratar con la realidad gracias a que la condensa en algo asible, algo que de otra manera no podría ser retenido por la mente". Y como el propio Brodsky dijo de Ana Ajmátova, los poemas de Wislawa Szymborska "sobrevivirán gracias a su prosodia, gracias a que están cargados de tiempo. Sobrevivirán porque el lenguaje es más antiguo que el Estado y porque la prosodia siempre sobrevive a la historia". Ella es uno de aquellos poetas que respondieron a la condena de T.W. Adorno: "Después de Auschwitz es imposible escribir poesía". No: después de Auschwitz es más urgente que nunca escribir poesía pero, desde luego, otra poesía que, sin necesidad de ser política ni comprometida, no cierre los ojos ante lo que pasa y dé testimonio a su manera única. En los treinta el joven Milosz perteneció al grupo que llamaron "apocalíptico" (los "apocalípticos" se quedaron cortos ante lo que pasó después). En 1965, en su influyentísima antología Postwar Polish Poetry que dio a conocer, entre tantos otros poetas de primera línea a Herbert y a Szymborska, Milosz manifestó su desconfianza ante una poesía que se permite la negación y la furia estéril contra el mundo. Y añadió estas líneas que de algo nos servirán enmedio del desastre mexicano: "Enfrentado a mecanismos más allá de su control, el hombre es un perdedor a menos que aprenda que cuanto pareció aplastarlo fue, de hecho, un proceso necesario para abrir una nueva dimensión y preparar su mente para darse abasto con circunstancias desconocidas". En la tercera edición, publicada en 1983 por la Universidad de California, Milosz rectifica su juicio de 18 años atrás acerca de Szymborska. Le había objetado entonces "el juego con ideas prestadas a la antropología y la filosofía que con mucha facilidad pueden hacer que la poesía dependa de las modas intelectuales y estimular el preciosismo. Acaso esto es cierto de sus poemas más débiles, pero los mejores no merecen tal reproche, y su evolución subsecuente como poeta la ha situado con toda justicia en un sitio muy alto entre sus contemporáneos. Me gustan muchos de sus versos amargos, escépticos e ingeniosos y su honradez al dar voz a su visión desesperada". Las versiones presentadas en esta página vienen de la antología y traducción de Milosz ("Autonomía" y "Cartas de los muertos") y de Contemporary East European Poetry (Oxford, 1993) de Emery George. Un primer acercamiento a "Autonomía" apareció en "inventario" el 3 de agosto de 1987. Los demás textos fueron hechos especialmente para esta ocasión en que celebramos a Wislawa Szymborska y con ella a la poesía de Polonia. 1. Autonomía La holoturia en peligro se parte en dos: ofrece un ser para que el mundo lo devore y en su segundo ser escapa. Violentamente se divide en perdición y salvación, en recompensa y en castigo, en lo que fue y lo que será. Enmedio del cuerpo de la holoturia se abre un abismo y sus orillas se vuelven de inmediato ajenas una a otra. En una orilla muerte, en la otra vida. Aquí desesperación, allá esperanza. Si hay equilibrio la balanza se queda inmóvil. Si hay justicia aquí está. Morir tanto como sea necesario sin traspasar los límites. Crecer de nuevo a partir de un despojo rescatado. También nosotros sabemos cómo partirnos en dos pero sólo en la carne y un bigote roto. En la carne y en la poesía. A un lado la garganta, a otro la risa ligera, rápidamente sofocada. Aquí un corazón denso, allá non omnis moriar, sólo tres palabritas como tres plumas en ascenso. El abismo no nos divide. Un abismo nos cerca. 2. Cartas de los muertos Leemos cartas de los muertos y somos como dioses desamparados pero dioses después de todo, porque sabemos qué sucedió más tarde. Sabemos que nunca fue devuelto el dinero. Cuán pronto y con quiénes se casaron las viudas. Los pobres muertos, los altivos muertos, engañados, errantes, torpes y circunspectos. Vemos muecas y señas hechas a sus espaldas. Nuestros oídos captan el roce de testamentos despedazados. Se sientan frente a nosotros, ridículos, como en sándwiches abiertos, o corren tras sombreros arrebatados por el viento. Su mal gusto, Napoleón, vapor y electricidad, sus curas letales para enfermedades curables, su estúpido Apocalipsis según San Juan, su falso paraíso según Rousseau... En silencio observamos a sus peones en el tablero de ajedrez, sólo que sus peones fueron movidos tres casillas adelante. Cada cosa que previeron ocurrió de modo enteramente distinto o un poco distinto, lo que equivale a enteramente distinto. Los muertos más celosos miran con esperanza a nuestros ojos porque en ellos deben ver la perfección según sus cálculos. 3. Al preparar un curriculum vitae ¿Qué se necesita? Llenar la solicitud y añadir un curriculum vitae. Corta o larga la vida, su compendio debe ser breve. Concisión y selectividad resultan obligatorias. Sustitución de paisajes por direcciones, de trémulos recuerdos por fechas firmes. De todos los amores sólo los conyugales y de todos los hijos nada más los que realmente nacieron. Quién te conoce es más importante que a quién conoces. Menciona viajes sólo si a otros países. Membresía en qué pero sin para qué. Premio y distinciones pero sin los porqués. Escribe como si nunca hubieras hablado contigo mismo y siempre te esquivaras a ti mismo. No digas nada acerca de tus perros, gatos y pájaros, recuerdos invaluables, amigos, sueños. El precio antes que el valor, el título más que el contenido. El número que calza antes que adónde va la persona que ellos suponen eres. Añade una foto de credencial con una oreja expuesta. Lo que importa es su forma, no lo que escucha. ¿Y qué escucha? Estruendo de aparatos que reducen todo el papel a pulpa. 4. Paisaje con un grano de arena Nosotros lo llamamos grano de arena. Pero él a sí mismo no se llama grano ni arena. Se la pasa sin un nombre que es general, particular, efímero, permanente, erróneo o propio. No necesita nuestra mirada ni nuestro tacto. No se siente a sí mismo ni percibido ni tocado. El hecho de que cayera en el alféizar es meramente nuestro, no su experiencia. Le da lo mismo caer sobre cualquier cosa sin certidumbre de que ya ha caído o aún sigue cayendo. Desde la ventana hay una espléndida vista del lago, pero la vista es incapaz de verse a sí misma. Incolora e informe, sin sonido, sin olor ni dolor está en el mundo. Para sí mismo el fondo del lago no tiene fondo y carecen de orillas sus orillas. Sus ondas no se sienten solas ni colectivas. Ese murmullo es sordo a su propio murmullo en torno de las piedras ni grandes ni pequeñas. Y todo esto bajo un cielo por naturaleza sin cielo, en que se pone el sol sin ponerse para nada y se oculta sin ocultarse tras una nube involuntaria. El viento la impulsa por la única razón de que el viento sopla. Pasa un segundo, otro y un tercero. Son nada más nuestros tres segundos. El tiempo vuela como un mensajero con noticias urgentes. El símil es sólo nuestro. A fuerza de palabras apresuramos a un personaje inventado y las noticias son inhumanas. 5. Torturas Nada ha cambiado. El cuerpo es susceptible al dolor, debe comer, respirar aire y dormir, tiene delgada piel, bajo ella sangre, un surtido adecuado de uñas y dientes, sus huesos son rompibles, sus articulaciones estirables. La tortura tiene presente esto. Nada ha cambiado. El cuerpo se estremece como se estremecía antes de la fundación de Roma y después, en el siglo veinte antes y después de Cristo. Las torturas son como eran, es sólo que la tierra se ha reducido y lo que sucede parece ocurrir aquí mismo. Nada ha cambiado. Es sólo que hay más gente, al lado de las viejas ofensas han aparecido otras nuevas, reales, imaginarias, temporales o ningunas; pero el aullido con que el cuerpo responde a ellas fue, es y será siempre un aullido de inocencia de acuerdo con la escala y la tonalidad tradicionales. Nada a cambiado. Quizá sólo los modales, las ceremonias, las danzas. Sin embargo es idéntico el movimiento de las manos al proteger la cabeza. El cuerpo se retuerce, se sacude y trata de librarse, sus piernas ceden, cae, las rodillas se separan, se amorata, se inflama, echa saliva y sangre. Nada ha cambiado. Excepto el curso de las fronteras, la línea de los bosques, costas, desiertos y glaciares. En medio de esos paisajes vaga el alma, desaparece, vuelve, se aproxima, se aleja, extraña ante sí misma, esquiva, segura a veces, en ocasiones insegura de su propia existencia mientras el cuerpo es y es y es y carece de un sitio que pueda llamar propio.  

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