La danza en el 2011 (III y última)

martes, 14 de febrero de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Las nuevas tecnologías, la experimentación del cuerpo a través de minimalismo, espacios virtuales, lo interdisciplinario y lo transdisciplinario parecen las tendencias de ciertos creadores, particularmente los que vienen empujando a las vacas sagradas de los años ochenta y noventa. Las nuevas investigaciones se encuentran ligadas a espacios no convencionales y neutros, que permiten otra forma de concebir la relación con el movimiento y la interacción con el público. En ese sentido un acierto en la UNAM es haber convertido un simple salón de ensayos en una black box donde cualquier experimento es válido. Crossing over, on intersection of all dimensions… de Stephanie García con su compañía Sur Oeste Arte Escénico A.C , Hotel Irina de Andrea Chirinos y el loquísimo experimento perfomático de Evoé Sotelo con trabajadores, luces, maderas, espejos y música sobresalieron por insólitos y novedosos en la UNAM. En el salón experimental del Centro Nacional de las Artes se destacó De hombres y algunos dioses de Rossana Filomarino con el talentoso bailarín Rodrigo Angoitia y en salón de la Escuela Nacional de Danza Folkórica del INBA, Línea en el plano Horizontal. Danza para Garage de Oscar Ruvalcaba. De forma paralela por fin llegó a escena el estreno de las obras creadas para el nuevo elefante blanco del INBA: El Centro de Producción de Danza Contemporánea que dirige el exbailarín y controvertido coreógrafo Raúl Parrao. Proyecto sexenal en turno de inicio tuvo mal parto, su creación llegó justamente después de que El Ballet Teatro del Espacio de Gladiola Orozco y Michel Descombey cerrara por falta de presupuesto. Tiempo después este último falleció a causa de un infarto dejando tras de sí una página fundamental de la historia de la danza contemporánea en México. Pero como sucede al gusto de los funcionarios en turno, el dinero “apareció” y con el un aparato burocrático en el que se buscaba más a un administrador “que hablara inglés” que a un creador que le diera su sello a la nueva compañía. En su consejo quedaron Claudia Lavista, Gabriela Medina, Alberto Dallal, Rossana Filomarino y Eleno Guzmán. El resultado de la primera temporada del Ceprodac fue un fracaso. La noche de su estreno unos cuantos trabajadores pedían afuera del Teatro de la Danza apoyo para uniformes. Su consigna a gritos era “si no hay solución no habrá función”. A Teresa Vicencio, directora del INBA y presidenta de la nueva agrupación, le dio miedo y de plano mejor no se presentó. Semivacío, en el foro se presentó una pieza de Adriana Castaños. En el programa de mano se enfatizó “que por motivos geográficos y de tiempo” la coreógrafa sólo trabajo dos sesiones con los bailarines seleccionados e integrantes de su grupo personal hicieron la mayor parte del trabajo. Ausente de los foros debido a su interés por ser funcionario del INBA, Marco Antonio Silva regresó con una propuesta nada novedosa, poco interesante y llena de lugares comunes. Lo único salvable de la noche fue Retrato de Rolando Beattie que demostró como suele hacerlo, que lo críptico y oscuro es su universo favorito. Por supuesto ni cóctel hubo de inauguración. Al mismo tiempo se produjo una propuesta de la uruguaya Tamara Cubas y la mexicana Haydé Lachino que terminó desastrosamente después de que los bailarines se quejaran de las lastimaduras que la sudamericana les provocó durante el montaje. El proyecto abortó y precariamente tuvo una sola función en el Teatro de la Ciudad coronada por gritos y abucheos de una parte del público asistente. En la parte internacional el Festival Internacional Cervantino brilló con propuestas contemporáneas de los países nórdicos y rompió con todos los prejuicios para llevar a La Cebra Danza Gay de José Rivera que festejo los 15 años de su grupo con un escándalo que armaron “las buenas conciencias” de Guanajuato en su contra. La compañía de Merce Cunningham visitó la Ciudad de México como parte de la última gira de la agrupación, Carolyn Carson fue una verdadera revelación estética en la sala Miguel Covarrubias y el encuentro Corea- México Del Takju al Tequila.

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