"La paz perpetua"

martes, 14 de febrero de 2012
MÉXICO D.F. (apro).- La eterna lucha entre el bien y el mal. ¿Pero, quién decide de qué lado están los buenos y de cuál los malos? Esta es una de las múltiples preguntas que nos plantea La paz perpetua, extraordinario texto del dramaturgo español Juan Mayorga, que en una puesta de la Compañía Nacional de Teatro se presenta en el teatro El Granero, dirigida por Mariana Giménez. Un grupo de excelentes actores de la CNT (Enrique Arreola, Marco Antonio García, Israel Islas, Diego Jáuregui y Andrés Weiss), ofrecen un montaje de gran factura en el que destaca, entre otras cosas, el equilibrio entre texto y actuación para, sin más artificio escenográfico que tres bancos y el desempeño histriónico de primer nivel de los integrantes de la CNT, brindar al publico un momento de verdadera teatralidad. Mayorga da a su texto el título de la obra homónima del filósofo alemán Immanuel Kant, en la que habla a cerca de las posibilidades de la vida en paz y armonía entre los seres humanos, a partir de un orden jurídico que vuelva a la guerra ilegal. Los personajes son cuatro perros y un humano: Odin, un Rottweiler impuro, poseedor de un gran olfato, con un historial de supervivencia en las calles, una vida dura que hace de este perro un cínico mercenario que se vende al mejor postor. John-John, resultado del cruce de varias razas caninas, con adiestramiento de alto nivel en actividades antiterroristas, es joven, ágil y fuerte, pero inexperto e ignorante. Emmanuel, un pastor alemán con grandes conocimientos filosóficos, que fue lazarillo de una joven ciega, estudiante de filosofía, asesinada en un acto terrorista. Los tres canes son evaluados por el humano y por Casius, viejo labrador mutilado, sobreviviente de distintas guerra. El objetivo: obtener un collar K7 que significa el ingreso un grupo de elite antiterrorista que contratará sólo a uno de ellos. A partir de estos elementos el autor realiza una serie de cuestionamientos en torno a la ética, la moral, la libertad, la democracia, la violencia, la justicia y la existencia de Dios. Se trata de un texto que mueve a la reflexión y que deja muchas preguntas abiertas en torno a los tópicos antes planteados y, como plantea Guillermo Heras en el texto de presentación de la obra, “hay que leer el texto de Mayorga en su polisemia, e incluso me atrevería a decir en su cierta ambigüedad”. Es, sin duda, un texto inteligente, con gran sentido del humor, en el que Mayorga, Premio Nacional de Literatura Dramática en su natal España, cuestiona también las aparentes diferencias entre los terroristas y sus “antípodas” demócratas. Al respecto el autor comenta: “durante meses me torturé buscando un camino para abordar ese complejísimo tema, que es el tema de nuestro tiempo. Un camino que fuese específicamente teatral y que evitase reproducir lo que hallamos cada día en la televisión y en los periódicos. “…perseguí esa situación y esos personajes hasta componer La paz perpetua, una obra que finalmente no habla tanto del terrorismo como de lo que sus enemigos podemos hacer para combatirlo”.

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