Música: "Muerte en Venecia" en Bellas Artes

jueves, 16 de febrero de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Thomas Mann (1875-1955), escritor alemán nacionalizado estadunidense, escribió en 1912 la novela corta Der Tod in Venedig (Muerte en Venecia), una de sus mejores obras, llevada a la pantalla en 1971 por el cineasta italiano Luchino Visconti conde de Lonate Pozzolo (1906-1976) como Morte a Venizia, resultó mucho más melodramática que la novela, en virtud de algunos cambios introducidos por Visconti: el protagonista Gustav von Aschenbach interpretado por Dirk Bogarde no es escritor sino un compositor, inspirado en Gustav Mahler, cuya música se escucha a lo largo del filme, en especial el hermoso Adagietto de la Quinta Sinfonía. La película gana una inmensa popularidad y con ella la música de Mahler. La novela relata los últimos días de Von Aschenbach en Venecia, infectada de cólera y rodeada de canales hediondos y putrefactos; enfermo y creativamente estéril, se encamina resignado a su ocaso, pero se topa con Tadzio, un bello adolescente quien simboliza todo lo que él ha perdido: juventud, belleza, fuerza, vida. El joven se convierte en objeto de la silenciosa adoración del escritor, cuya moralidad convencional cede bajo el empuje de una pasión prohibida. El compositor inglés Benjamin Britten (1913-1976) comenzó a bosquejar su última ópera, Muerte en Venecia, en 1965, no quiso ver el filme de Visconti hasta tiempo después del estreno de su ópera y no le gustó pues sus recreaciones son diametralmente opuestas. Tanto Visconti como Britten, íconos de la comunidad gay, abordan esta obra en el ocaso de sus vidas, como Aschenbach. La ópera tal vez sea la única de la década de los setenta que, sin ser fácilmente asequible, sí se le puede escuchar con relativa facilidad. Britten la escribió para su compañero de vida, el tenor Peter Pears (1910-1986), voz muy ligera, quien la estrenó. Los demás cantantes son un barítono, un contratenor, coro y pequeños personajes interpretados por los propios coristas. En 2009 la ópera del INBA la estrenó en México; la mejor puesta en escena operística de que tengamos memoria se repone ahora en Bellas Artes con el mismo elenco y evidentes mejoras. Demuestra que sí se pueden hacer las cosas a primer nivel. En el escenario: agua, canales, góndolas, actuación, coreografía y un movimiento incesante de los elementos escenográficos, producto del enorme talento del escenógrafo y director Jorge Ballina, quien nos comentó que trabajó año y medio en el diseño de esta puesta. Para el estreno ensayaron siete semanas y los resultados ahí están. El tenor estadunidense Ted Schmitz, uno de los pocos en el mundo experto en el personaje de Aschenbach, impecable. Armando Gama, barítono mexicano: encarna siete personajes de manera sorprendente; mejor aún que hace dos años, canta y actúa de maravilla, y sin ser el protagónico quizá sea quien se lleve la función. Ignacio Pereda (Tadzio) hace un trabajo limpio y profesional, y junto con sus compañeros de ballet resulta memorable. Bien el contratenor mexicano Santiago Cumplido: La Voz de Apolo. El director orquestal estadunidense Christopher Franklin, excelente, especialista también en esta obra; mejoró la orquesta del teatro de Bellas Artes sin duda por ser una reposición. Los partiquinos y comparsas, excelentes también. La estrella de la noche: Jorge Ballina; acrisola música, teatro y danza. Cuando hay un buen director escénico y equipo, si se trabaja duro y bien así son los resultados.

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